Por Alí Manzano.

Para conocer Al-Andalus, hay que comenzar por desaprender todo lo que nos han enseñado, y para eso, hay que desprenderse de toda la mitología, la falsificaciones, las manipulaciones y las mentiras que nos han contado en escuelas, institutos, universidades, medios de comunicación, etc. Hay que empezar por lo que NO es Al-Andalus.

Por eso, vamos a hablar de los motivos de la falsificación de la historia y de los intereses ocultos tras esa falsificación.

El Estado español, como todos los Estados surgidos tras las revoluciones burguesas en Europa, es un Estado artificial, forjado por la expansión militar de Castilla y la unificación de los Reinos peninsulares que de facto ya estaban unificados bajo el gobierno de la misma monarquía en todos ellos, pero que no se constituye en Estado-nación hasta principios del S.XIX

El sociologo y politólogo Juan José Linz, a fiinales del franquismo, decía que “España habrá triunfado en la construcción de un Estado, pero ha tenido menos éxito en la construcción de una nación”.

La necesidad de construir una nación que sostuviera el Estado, es una constante desde el inicio del proto Estado español tras la conquista de Granada en el 1942.

Esa nación que las élites castellanas necesitan crear para mantener su dominio sobre el resto peninsular y perpetuar la explotación de los territorios y de sus poblaciones para el servicio de las burguesías y las élites de poder castellanas, se basa en la unidad de todo el territorio conquistado: unidad política bajo la monarquía castellana, unidad religiosa en torno al catolicismo, unidad territorial, unidad cultural y unidad lingüística.

Y en este marco político de UNIDAD, Al-Andalus no encaja por dos motivos:

El primero es por su ubicación cultural en el mudo oriental e islámico, como lo demuestra su lengua, cultura, arquitectura, urbanismo, historia, etc.

En el S. XIX, el poeta granadino Angel Ganivet, refiriéndose a las diferencias culturales entre Andalucía y el resto peninsular, decía: “En España hay dos naciones, una al norte, España y otra al Sur, Andalucía”

Y esa distancia entre una Andalucía heredera de Al-Andalus y el resto penínsular se mantiene hasta nuestros días:

Otro escritor granadino del S.XIX, Pedro Antonio de Alarcón, en su obra “La Alpujarra, sesenta leguas a caballo precedidas de seis en diligencia” nos describe paisajes urbanos, expresiones, personajes y otros marcadores culturales que nada tienen que ver con la cultura castellana. Incluso nos habla de la distancia física entre Andalucía y Castilla. Para ir desde la parte oriental de Andalucía a Madrid, se iba en barco hasta Valencia y desde allí por tierra hasta Madrid. Andalucía estaba más cerca del norte de África que de España, tanto físicamente como por cultura y espiritualidad.

Blas Infante, Padre de la patria andaluza, en numerosos escritos, hace referencia al carácter Oriental de Andalucía: «Nosotros no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos. Pero jamás hemos dejado de ser lo que somos de verdad: esto es, andaluces, euro-africanos, euro-orientales, hombres universalistas, síntesis armónicas de hombres”

El segundo motivo es la “Unidad” peninsular en torno al catolicismo y a la cosmovisión greco-latina, que provoca que ese UNIDAD se realice contra el “moro”, contra el Islam. No en vano, y por muchos otros motivos, la guerra contra Al-Andalus es una guerra de cruzadas: en 1212 el Papa Inocencio III convocó la “Guerra Santa”, la CRUZADA contra Al-Andalus, donde participaron ejércitos de toda Europa. La derrota en la batalla de las Navas de Tolosa, cerca de Despeñaperros, abrió el camino hacia Córdoba y Sevilla a los ejércitos católicos.

Muhammad Asad en su libro “El Islam en la encrucijada” analiza de forma magistral la “Unidad civilizatoria” europea, formada en la lucha contra el Islam, en la ideología de cruzada; una lucha que hoy en día continua contra los musulmanes que residen en Europa, con una islamofobia en alza y contra los pueblos de mayoría musulmana que continúan sufriendo las agresiones coloniales por parte de occidente.

La necesidad de construir una nación hace que “España” se proyecte hacia el pasado para construir una historia que justifique una nación ficticia, inventada a partir de los prejuicios contra el Islam y hacia el periodo de mayor esplendor de este: un esplendor espiritual, científico, económico, cultural y político. La nación española no se podía construir con la presencia de Al-Andalus por la imposibilidad de dotar al Estado surgido de la “Nación española” de la unidad cultural, religiosa y lingüística necesaria para su perpetuación.

Había que eliminar Al-Andalus y el Islam del ideario colectivo, de la memoria del pueblo andaluz para poder asimilarlo a la cultura castellana impuesta y de esta forma arrebatarle todos los instrumentos de lucha y liberación: la memoria, la historia, la lengua, las costumbres… y sobre todo y principalmente el ISLAM.

Ya lo dijo Fernando el Católico: “estos no serán buenos cristianos, pero sus hijos y nietos sí”, en referencia a las políticas de asimilación de la población andaluza, consistente en pragmáticas de conversión forzosa al cristianismo, leyes de pureza de sangre que marginaban a la población andaluza obligada a la conversión, prohibición del idioma árabe y de sus dialectos, quema de libros escritos en árabe, con penas por posesión que llegaban hasta la tortura y la muerte, prohibición de vestimentas andalusies, prohibición de baños, obligación de tener las puertas de las casas abiertas los viernes para la inspección de cualquier cristiano, que inspeccionaba hasta la preparación de la comida para asegurarse de la utilización del cerdo, etc.

Por estos motivos, por la justificación ideológica del nacional-catolicismo español, para justificar el Estado impuesto a sangre y fuego, se ha manipulado la historia de Al-Andalus y la de Andalucía, negando al pueblo andaluz el protagonismo de su propia historia, silenciando sus voces, negando su existencia… inventando una historia que ha conseguido que los andaluces de hoy piensen que son descendientes de sus propios conquistadores y colonizadores.

No nos vamos a extender en la demostración de las mentiras justificativas de los Mitos fundacionales del Estado español, pues eso nos llevaría mucho más tiempo del que disponemos en esta charla; simplemente los vamos a reseñar:

La historia de Al-Andalus la empiezan con la “invasión de los árabes”, es decir, atribuyen el inicio de Al-Andalus a un hecho ajeno al pueblo andaluz, y por tanto, ajeno al Estado que se constituye tras la conquista.

Tras la “invasión de los árabes” hay una “reconquista” y los cristianos recuperan lo que los árabes les habían robado.

El año 1610 se decreta la expulsión de los moriscos, es decir, de aquellos musulmanes que no habiendo aceptado las pragmáticas de conversión, se mantenían en sus ritos islámicos.

Tras la expulsión hay una “repoblación” de Andalucía con castellanos y gallegos, con lo cual se ha borrado la presencia “árabe” en la península Ibérica.

La invasión de los árabes se ha demostrado sobradamente y es reconocido por todos los investigadores que es una falacia que nunca se produjo. El historiador Ignacio Olague en su libro “Los árabes jamás invadieron España”, lo demuestra de una forma incontestable, desde el análisis de las fuentes tanto en árabe como cristianas, el análisis de las operaciones militares, las cuestiones climáticas, las tácticas y estrategias militares, el estudio de la numismática, etc.

La “Reconquista” es otro de los Mitos empleados para justificar la unidad “cristiana”. Los Reyes Católicos cuando conquistan Granada, no hablaron nunca de reconquista; sus descendientes tampoco utilizaron este término: eran conscientes que las tierras de Al-Andalus nunca habían pertenecido a la corona de Castilla ni a ninguno de los reinos cristianos peninsulares. Este término se empieza a utilizar en el S.XIX para dar forma al nacionalismo de Estado español.

La expulsión de los moriscos fue un absoluto fracaso. Según los historiadores Bernard Vincent y Antonio Dominguez en su obra “Historia de los moriscos” hablan de un número de expulsados en torno a los 30,000, de los cuales muchos volvieron a sus antiguos hogares con nombre cristiano. Si tenemos en cuenta que Andalucía tenía una población en torno a los 4 millones de habitantes, el porcentaje de expulsados fue mínimo. El encargado de la expulsión, el Conde de Salazar, en carta al monarca Felipe III, reconocía el fracaso de la expulsión por la oposición de la nobleza a perder la mano de obra de las zonas agrícolas. Casos como el del Marques de los Velez, fueron frecuentes en toda Andalucía. Cuentan los inspectores reales en una carta al Rey y que nunca llegó a su destino, que al anochecer salieron los moriscos del Marques de los Velez en barco hacia Argelia desde el puerto de Garrucha. Ya de noche, giraron hacia Alicante donde desembarcaron y… según la carta de los inspectores reales, volvieron los mismos a las mismas casas que habitaban con anterioridad, pero ya con nombre cristiano, como si fuera una “repoblación”.

Lo de la “repoblación” con castellanos y gallegos es otra de las infamias del discurso del nacional-catolicismo: existe una imposibilidad matemática, pues la población en Al-Andalus triplicaba la de los reinos cristianos, y si tenemos en cuenta que en las mismas fechas de la supuesta repoblación, mucha población de los reinos cristianos emigró a América, la idea resulta descabellada. Y tan descabellada es como la justificación de la “repoblación” de la Alpujarra: Dicen los historiadores “españoles” que la Alpujarra fue repoblada con gallegos, basándose en la toponimia “gallega” de algunas poblaciones alpujarreñas como Capileira, Pampaneira, etc., pero sin tener en cuenta que estos topónimos son de origen pre-romano, seguramente bereber. La historia de la repoblación es una historia para ingenuos… por no llamarlos de alguna otra manera.

Estos son los hechos de una historia acomodada a los intereses de la justificación de un Estado surgido 300 años después. Pero la falsedad y la manipulación continúan en el día a día cuando la “intelectualidad” progresista española define a Al-Andalus como la España musulmana, o habla de las “tres culturas”, confundiendo intencionadamente religiones con culturas y pretendiendo igualarlas, lo que supone una minusvalorización del Islam. En Al-Andalus solo había una cultura y muy diversas formas religiosas y espirituales que compartían esa cultura, la lengua, y resto de formas culturales. Esto no ocurre por casualidad, sino como una forma más de que el pueblo andaluz no se reconozca en su pasado: Una nación requiere una uniformidad cultural y linguistica que se le niega a Al-Andalus mediante la manipulación y la falsedad de distintas lenguas (completamente falso), distintas religiones, distintas etnias y distintas procedencias de su población. Desde el fin de la conquista se intenta que el pueblo andaluz no se reconozca en su pasado, y su pasado más glorioso y más reconocido es Al-Andalus.

Sobre la España musulmana, se justifica sobre otra falsedad, la de que Al-Andalus ocupó toda la Península Ibérica. Si nos ceñimos al concepto político, los límites de Al-Andalus son los territorios gobernados directamente por el Califato cordobés, es decir, la actual comunidad autónoma andaluza, la provincia de Murcia y parte de Alicante, la provincia de Badajoz y el algarbe portugués. El resto de territorios eran “marcas”, es decir, reinos que tenían sus propios reyes y sus propias instituciones, aunque tenían relaciones clientelares con el Califato cordobés. Y si utilizamos el concepto cultural, Al-Andalus no era solamente la península Iberica, sino también el norte de África, parte del Mediterraneo francés, casi toda Iitalia, y parte del Mediterraneo oriental. Pero en ningún caso se puede asimilar al territorio del Estado español ni identificar Al-Andalus como parte de la historia española como pretende la pseudo izquierda cómplice con el Estado surgido de la conquista. Ni Al-Andalus es un hecho cultural, civilizatorio y político traido a Andalucía desde lejanos desiertos, y tampoco es parte de la historia de España.

Y esta es la historia que nos han contado, una historia con un final sin musulmanes, y una historia sin Andaluces, desde el principio hasta el final.

Pero la realidad es otra muy distinta, sin invasiones, sin repoblaciones, sin expulsiones y sin reconquistas, sino por el triunfo de una “idea-fuerza” que transformó Andalucía, que creó una civilización brillante y única; una revolución que transformó la vida material y espiritual de millones de personas, EL ISLAM. Y la victoria del Islam en el campo de las ideas es lo que no pueden reconocer los historiadores y las instituciones españolas porque si fuera así, todo su relato histórico se derrumbaría, la idea de España se desplomaría y su justificación quedaría tocada y hundida. Aquí nos topamos con la imposibilidad de España dentro de la realidad histórica.

Y una vez más o menos aclarado lo que no es Al-Andalus, vamos con ese Al-Andalus que nadie nos ha contado, que hemos tenido que ir descubriendo poco a poco con mucho esfuerzo, con muchas trampas y con muchas zancadillas.

Antecedentes históricos y culturales

La civilización andalusí no surge de la noche a la mañana ni es producto de la acción conquistadora de ejércitos provenientes de desiertos lejanos, básicamente porque en la época en la que el “españolismo” data el comienzo de Al-Andalus, año 711, la cultura de Arabia era muy diferente a la que desarrolló Al-Andalus; ni agricultura, ni arquitectura, ni arte tenían nexos con la cultura árabe. Como cualquier hecho civilizatorio, la cultura andalusí es producto de la evolución de culturas anteriores asentadas sobre el mismo marco geográfico y desarrolladas por el mismo pueblo.

Desde épocas prehistóricas, Andalucía ha contado con poblaciones que han ido desarrollando modelos culturales avanzados para su época. Los primeros pobladores de Europa se han encontrado en Orce (Granada); la cultura de los sepulcros cupuliformes como la de Los Millares en Almería, la Cueva de la Pastora en Sevilla, la Cueva de Menga en Málaga o la Cueva de los Murciélagos en Granada son hechos civilizatorios en territorio andaluz en épocas muy tempranas, demostrando que desde épocas prehistóricas Andalucía ha creado culturas propias que han ido evolucionando hasta llegar a las culturas más cercanas en el tiempo como la del Argar en el levante andaluz, basada en la metalurgia del cobre y antecesora de la gran civilización andaluza de la Edad Antigua: Tartessos, la gran ausente en nuestros libros de historia a pesar de las citas históricas en documentos griegos y romanos y los hallazgos arqueológicos encontrados en diversas zonas de la geografía andaluza.

El españolismo ideológico ignora toda la historia prehistórica y antigua de Andalucía, asignando toda la evolución producida en territorio andaluz a invasiones de fenicios, griegos y romanos. Pero ni fenicios ni griegos conquistaron Andalucía; no existen fuentes históricas que nos inviten a pensar en una invasión de estos pueblos y mucho menos a la sustitución de la población autóctona, ni al control territorial, por lo que solo podemos pensar en intercambios comerciales entre pueblos mediterráneos que compartían similitudes culturales y técnicas. Ni griegos, ni fenicios ni romanos se encontraron un pueblo inculto ni subdesarrollado. Tanto Tartessos como Turdetanos, herederos de Tartessos, eran pueblos que habían desarrollado la agricultura, la pesca, la navegación y la minería, por lo que las relaciones comerciales con ellos o las guerras de rapiña contra ellos eran muy apetecibles por las riquezas que almacenaban.

Roma se encuentra en Andalucía con un territorio enormemente rico y con un pueblo culto y desarrollado técnicamente. La expansión del Imperio Romano pasa por la conquista de Andalucía debido a la riqueza de esta. Tres siglos tardan las Legiones romanas en conquistar y apaciguar Andalucía.

Así lo relata Blas Infante: “Roma, la propagadora de la cultura griega, encuentra en Andalucía la vieja solera de esta cultura, y trata con ella de potencia a potencia cultural. Andalucía depende del Senado. La Meseta y el Norte del Emperador, o lo que es igual, del ejército. Andalucía es libre para desarrollar su cultura…”

La decadencia del Imperio Romano provoca que las tribus bárbaras provenientes de Europa ocupen el territorio controlado por Roma, imponiendo una organización administrativa y económica contraria a los intereses de la población andaluza. Las grandes posesiones de tierra de la nobleza visigoda, así como los impuestos que recaían sobre la población autóctona, fueron empobreciendo a sectores de la sociedad cada vez más numerosos. Esto y las luchas internas por cuestiones dinásticas debilitaron a las monarquías visigodas posibilitando que ideas-fuerza procedentes de Oriente calaran paulatinamente en la sociedad andaluza posibilitando un cambio “revolucionario” en las estructuras políticas y económicas del Estado.

El Islam, como idea-fuerza “revolucionaria” de la época se introduce por el levante andaluz, zona de influencia Bizantina y fuera del control del Estado Visigodo. Paulatinamente se va extendiendo hacia el occidente andaluz, produciéndose un “sincronismo” religioso con el cristianismo unitario, mayoritario en Andalucía, por la coincidencia de algunas de sus creencias como un único Dios, rechazo de la Trinidad y Jesús como profeta, no como hijo de Dios. Hacia la mitad del S. IX, ya podemos decir que Andalucía es de mayoría islámica, habiéndose producido un cambio radical en las estructuras políticas, económicas y principalmente en la posesión de la tierra, lo que origina un crecimiento económico que permite a Al-Andalus colocarse a la cabeza del mundo occidental.

La influencia del mundo oriental a través de los intercambios comerciales y culturales, unida al amplio bagaje cultural existente en Andalucía, dieron lugar al desarrollo de una cultura autóctona que se colocó a la cabeza del mundo, desarrollando todas ramas de la ciencia y el arte: Astrología, Astronomía, Filosofía, Esoterismo, Matemáticas, Óptica, Alquimia, Medicina, Física, Instrumental astronómico, Náutica, Geología, Botánica, Zoología, Arte, Arquitectura…

La cultura andalusí

La “explosión” cultural de Al-Andalus se produce precisamente por la fusión de una cultura “unitaria” existente y las aportaciones llegadas desde otros lugares del mundo. Al-Andalus fue el lugar de encuentro y confluencia de las ideas que circulaban por todo el planeta, especialmente las que se movían a través del Mediterráneo, auténtica autopista cultural y comercial de la época.

¿Por qué se da este desarrollo cultural en Andalucía y no en otro sitio?

En Andalucía se respiraba una cultura de convivencia, donde se producían intercambios culturales y comerciales con todo el Mediterráneo, lo que facilitó que se fuera desarrollando un proceso cultural que se va configurando a lo largo de los siglos, con una característica fundamental: es un proceso que se desarrolla desde abajo, desde la base de la sociedad, sin imposiciones desde el poder, lo que facilitó que la población andaluza fuera interiorizando las aportaciones que llegaban desde el exterior para posteriormente desplegar una cultura genuina y propia por asimilación y fusión.

La eclosión cultural de Al-Andalus se pudo producir por la irrupción de las ideas revolucionarias que llegaban de Oriente. El Islam le dio a las andaluzas un marco de convivencia, de tolerancia, de desarrollo comercial y tecnológico posibilitado al destruir las estructuras feudales impuestas por los monarcas visigodos, sustituyéndolas por un marco legal que impulsaba la producción agrícola y el comercio, bases económicas de la sociedad andalusí.

La lenta conversión de la población andalusí al Islam demuestra la imposibilidad de una invasión musulmana, así como la interiorización de los nuevos valores respecto a una sociedad más igualitaria que las antecesoras. La menor presión impositiva unidas a unas nuevas formas de propiedad de la tierra, así como el desarrollo científico y tecnológico de las sociedades islámicas, provocaron una progresiva conversión desde el cristianismo hacia el Islam.

Richard Bulliet, profesor de historia de la Universidad de Columbia, niega las conversiones forzosas al Islam, así como las conversiones en masa, dando datos de la progresiva islamización de la península y más concretamente de Andalucía, donde el Islam no sería la religión mayoritaria hasta mediados o finales del S.XI.

Tomas Glick, profesor de historia medieval e hispanista de la Universidad de Boston lo contaba de esta forma: “los musulmanes, como es sabido, acogían con gusto la conversión, pero no ejercían presiones directas para obtenerla”. Otros autores también descartan las conversiones masivas al Islam: “progresiva y creciente conversión de los habitantes de Hispania al Islam”, argumentaba otro especialista en la materia, Xabier Ballestín. Joan Vernet, autor entre otros libros de “Lo que Europa debe al Islam de España”, opinaba que “Teniendo en cuenta que los árabes portadores del Islam original no tenían fuerza militar suficiente, no pudieron introducir el Islam mediante la acción castrense, sino como una idea-fuerza que va calando lentamente. El cristianismo no había arraigado todavía en España, y una parte importante de la población eran practicantes de otras religiones”.

El Islam funcionó como un elemento vertebrador posibilitando la mezcolanza de ideas, religiones, etnias y culturas, incorporando todas ellas a la cultura andaluza, predominante por constituir la base poblacional de Al-Andalus, a pesar de los intercambios humanos entre las dos orillas del Medite rráneo. De hecho, la presencia árabe y bereber en Al-Andalus siempre fue muy exigua, como lo dice Manuela Marín en su libro Al-Andalus y los Andalusies: “en Al-Andalus, los grupos de origen árabe nunca dejaron de ser una minoría”, o la profesora de investigación del Instituto de Lenguas y culturas del Mediterráneo Maribel Fierro: “a la pregunta de ¿quiénes eran los andalusíes? , hay que responder que, en su mayoría, procedían de una masa de población local que se incorporó, arabizándose e islamizándose, a una nueva sociedad, compuesta de elementos de origen étnico muy diverso”. Y para terminar, otra información en el mismo sentido recogida por Maria Teresa Ferrer i Mallol, que cita un informe elaborado por la corte catalana de Jaume II en el año 1309, según el cual “en la ciudad de Granada, de los 200,000 habitantes sólo unos 500 eran de origen árabe”.

3 comentarios en «Al-Andalus»
  1. Ni Al-Andalus ni Andalucía caben en España. Por eso intentar tergiversar y manipular nuestra historia. La historia real pone contra las cuerdas todo el entramado justificativo de España y toda la ideología del nacionalismo de Estado español.

  2. España es la expansión militar de Castilla, y la necesidad política y económica les hace crear una nación, para lo cual desarrollan y difunden unos mitos y leyendas sobre los que construyen la “nación”. Esos Mitos son la Unidad de España, España como nación desde la prehistoria hasta hoy, la nonarquía castellana convertida en “española”, la lengua castellana como única lengua de la nación y la Iglesia Católica como representante de la unidad religiosa. Por estos motivos hay que manipular la historia de Andalucía, para que Al-Andalus aparezca como algo que trajeron unos extranjeros y que desapareció tras la expulsión de estos.
    Y si tenemos en cuenta que en Al-Andalus el idioma era el árabe y sus dialectos y el Din de la mayoría de andaluces era el Islam, podremos comprender que Al-Andalus no puede encajar en “España” y por ello tiene que ser “expulsada” del ideario colectivo, y especialmente del andaluz.

  3. https://www.youtube.com/watch?v=lY5WYmaxztM
    “Armanzôh, calienta que çalê…”
    F.R.A.C. & Peka_Prod
    Música y Mezcla: Peka_Prod
    Master: Juan José Calderón
    Letra: Karim Chef
    Voces grabadas en Emergentes (Cádiz)
    Edición video: Pareja DS
    Imágenes cedidas por “Glorious Andalusían Emirate Memes”

    Letra:
    Un çeteçientô onçe
    a êtto l’açe farta
    hay musho biçigodo
    pa dahle tragantâ
    ar gueno d’Armanzôh
    lo bamô a cloná..
    y er Gran Mahlâcca
    çe ba queda’n ná
    bamo reimbadîh
    territoriô que çon nuêttro
    bamo con lo puêtto
    bamo a Íh to puêtto
    no reconoçemô
    lô reinô de Câttiya
    d’aragón, nabarra
    ni al obîppo de Çebiya
    er Pelayo eçe,
    pareçe mu çeguro
    lo bamo a tirâh
    der câttiyo de Çagunto
    y cuando êtte tienno
    lo bamo haçé ar punto
    pero antê vamô
    a dahle la der purpo..
    Er cîh campeadôh
    ¿eçe nota quienê?
    como lo cohamô
    ¿de tiburón? Diêh
    bamo a jugá
    un “bote pâh’tô
    con’er coco de Fennando
    y tambien er de Içabêh..

    Lebántate Armanzôh
    que calientâ y çalê
    dale que tenemô
    q’ocupâh catedralê

    que buerba la poeçía
    y menô cofradíâ
    y en’ahedrêh bamo
    a ganá’r mundiâh
    benga Alandalu
    que çomô mushô Mâh
    mâh que lo fasha
    de la toma de Graná
    No ê nada relihioço
    mâh bien ê curturâh
    a mi me la pela
    er día der Pilâh
    prefiero un palé
    de coçâ pa fumâh
    er día der Palé
    lo bamô a celebrâh
    que corra l’agua frêcca
    gahpasho pâh tôh
    bamo a çacá
    la Raîh cuadrá a tó
    aquí de momento
    çe puede bebé arcó
    aqui a lô del Isîh
    le deçimo: Cabrooon!

    Lebántate Armanzôh
    que calientâ y çalê
    dale que tenemô
    q’ocupâh catedralê

    Shaguarmâ gueno
    de mi amigo’r libanê
    lo mîmmo aprobeshamo
    y tomamô ihrraêh
    bamo a organiçá
    mâh eventô pa comêh
    y bamo a êccribí
    mehón al revêh..

    çale y calienta c’armanzôh lebántate
    catedralê ocupa que tenemô venga que…

    Lebántate Armanzôh…

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