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Por Eduardo J. Padial Sanchez

        Según los restos hallados en Orce y Atapuerca, los territorios de al-Andalus, estuvieron ocupados desde los primeros tiempos de la especie humana, unos 3.000.000 de años, lo que confirma su papel de puente entre la cuna africana, Olduvai y Turkana, de la especie y, al menos Europa, compartiendo esta función con Egipto y la zona caucásica.

         Por al-Andalus, en sentido amplio, debemos de entender la mayoría de la Península Ibérica, ya que hasta la edad media no hay una división clara de los territorios, al menos en el sentido que hoy tiene, carácter que no adquiere hasta el siglo XVIII, aunque su formación se inicie ya en el siglo XVI.

         Remontémonos solamente hasta el final de la ultima glaciación, entre 10.000 y 7.000 años antes de la era cristiana, al retirarse los hielos, la población llamada beréber, característica del norte de África, se desplaza siguiendo la retrocesión de los hielos, formando el substrato humano básico de la población de la Península, conocida desde entonces, aunque no permanentemente como I-ber-ria, esto es, país de los ber-ber, I es el articulo en tammassir.

         A partir de este momento entramos en un periodo cuasi histórico, cuyo final, histórico, es la proclamación oficial del descubrimiento de América, durante este periodo la península desempeña el papel de fin del mundo conocido hacia el extremo de la puesta del sol, las columnas de Hercules de los griegos, ó el “Non plus ultra” de los romanos, el Magreb de los musulmanes.

         La situación geográfica de la península juega pues un papel fundamental, como “fondo de saco” opuesto al extremo oriental o de la salida del sol en el Mediterráneo, que es la “Internet” de la protohistoria, efectivamente a través de esta vía de comunicación se intercambian los avances que se producen en ambos extremos de una forma relativamente rápida, en menos de un par de años toda la información conocida en un extremo lo era también en el otro.

         Otro aspecto importante a considerar como característica propiciadora de la península es la riqueza de su suelo, tanto en contenido de minerales, como su adecuación para las labores agrícolas, la primera genera una incipiente cultura industrial de extracción, elaboración, y exportación de productos metálicos, y la segunda igualmente a la crianza y exportación de productos agrícolas. Esta potencialidad da lugar a una riqueza y por tanto una sociedad con excedentes, elemento básico para que se produzca una cultura, elemento social resultante de la actividad intelectual de una parte de la población que es nutrida por la parte productora de bienes materiales.

         La primera gran cultura de la que tenemos noticias es la tartésica, cada vez mejor conocida, sobre todo a partir de la interpretación de la escritura correspondiente, emparentada con la posterior ibérica y con la etrusca de la península italiana, todas ellas relacionadas con el tronco berber de las zonas norte saharianas, que solo muy recientemente ha podido ser trascrito, una reliquia que aún nos queda en la península de Al-Andalus es el euskera, con una enorme cantidad de raíces procedentes del tammassir, el mismo nombre And-alus, procede de la raiz berber “And” que significa río, y que se encuentra en la toponimia de la península en forma abundante, And-ujar, And-arax, And-oain, etc. Esta cultura tartésica es citada en la Biblia como origen del oro importado y de otros metales, es estudiada inicialmente por Schulten, y posteriormente por muchos otros, se sitúa principalmente en la mitad sur de la península Ibérica.

         Coincidiendo en la ubicación geográfica y anteriores al milenio precedente a la era cristiana, tenemos al menos tres culturas que originándose en el sur de la península se expandirán por todo el continente hoy llamado europeo, lógicamente siguiendo las corrientes de poblamiento hacia el norte tras el borde de deshielo. La primera de ellas es la de los megalitos, representada principalmente por los enterramientos en cámaras formadas por grandes piedras. La segunda es la argárica representada sobre todo por el vaso campaniforme, cuya influencia llega hasta escandinavia siguiendo la ruta del ámbar. Y la tercera es la de los millares, representada por la metalurgia del bronce, y los excedentes de grano que se almacenaban en los silos aun hoy existentes, que se conecta con las colonizaciones del milenio precedente a la era cristiana.

         Con el establecimiento de estaciones permanentes para el comercio por parte de otros pueblos mediterráneos, principalmente del extremo oriental se inicia un periodo de sincretismo cultural, solo interrumpido por la integración del área en el imperio romano, hoy estadounidense, con su capitalidad en Roma, hoy Washington.

         La cultura Ibérica es una cultura emergente de la prehistoria, basada en el dominio territorial de las tribus y sin ningún poder central, que ocupaba todo el territorio de al-Andalus, la mayoría de la población ocupaba las zonas costeras donde realizaban intercambios con las colonias de otros pueblos mediterráneos, la meseta central era una zona con una densidad de población mucho más baja por la escasez de recursos, con solo algunos enclaves estratégicos, bien en los ríos, bien por las rutas de cruce del territorio.

         En esta pluralidad de relaciones, y tras diversas guerras para controlar en exclusiva el territorio, el imperio romano domina la totalidad de la península, produciéndose una nueva época de esplendor, aun bajo dominación extranjera, de esta época en la que Hispania llega a tener tanto peso como la península itálica, en el contexto del imperio, a través de emperadores y filósofos, y productos de esta tierra, desde bailarinas y garum, a metales y tintes. Toda la geografía peninsular esta salpicada de construcciones que muestran aun la presencia del “imperio”, desde una compleja red de calzadas pavimentadas, hasta ciudades enteras con sus redes de distribución y drenaje, templos de todos los dioses imaginables y edificios públicos, una agricultura planificada, y un modelo de casa, en torno a un patio central que perdura hasta nuestros días, consagrando el modelo de vida alegre e intima, tan característica de al-Andalus.

         Al-Andalus vive un surgir ideológico, científico y filosófico que le haría gozar de esa posición destacada en el “imperio”, pero este desarrollo intelectual es frenado cuando la cultura se encierra en los monasterios bajo el control eclesial, y el pueblo no puede disfrutar mas de compartir el conocimiento. El pavor a caer en herejía, y ser perseguido por ello, frena la elucubración, aunque no de todo el mundo, Prisciliano, obispo, seria condenado por hereje, pero ello no ha privado a su cuerpo de ser adorado en Santiago de Compostela.

Cuando por las luchas internas por el poder del “sacro imperio” el romano se descompone, se concierta con los visigodos la cesión a estos de Hispania a cambio del sometimiento al poder de Roma, desplazándose estos, desde su reino de Toulouse, hacia el Sur para ocupar la península.

         Llegados a este punto, es preciso analizar, por las consecuencias posteriores, el estado de las ideologías en la península ibérica, la gran mayoría de la población seguía costumbres tribales, en su mayoría politeísta, era la población autóctona, los fenicios, prácticamente desaparecidos como pueblo también lo eran, los romanos eran en su mayoría también politeístas, aunque algunos se habían convertido al cristianismo monista, solo algunas familias senatoriales, aun ligadas al poder oficial, cada vez menos poder, que constituye el origen de la nobleza de titulo, se adhieren al cristianismo trinitario, oficial desde Constantino. Una buena parte del Sudeste peninsular perteneció la mayoría del periodo visigodo, a los bizantinos, que también eran unitarios. Los visigodos eran claramente arrianos, es decir unitarios, hasta Recaredo. Por cierto que en el “memorial” de la conversión de un sucesor suyo, Recesvinto, S.Juan de la Peña,  del 661, podemos contemplar el primer arco de herradura de al-Andalus. Alguno de los sucesores de Recaredo, por matrimonio con mujeres francas y la “presión del lecho”, se convierten oficialmente al trinitarismo. Pero al final de su reinado su sucesor vuelve de nuevo al unitarismo. El pueblo era en su totalidad unitario, o animista, y solo una parte de los obispos junto con algunas familias senatoriales residuales eran permanentemente trinitarias. Todo el periodo visigodo esta dominado por las luchas entre el pueblo y la monarquía visigoda, hereditaria; y la nobleza y los obispos por controlar el poder mediante monarcas electos en los Concilios. Precisamente al final del periodo la iglesia católica al no lograr forzar la elección de Roderico para suceder a Witiza, en el XVIII Concilio de Toledo, cuyas actas son curiosamente las únicas desaparecidas, dieron un golpe de estado contra el hijo de Witiza en Istbillia, que fue deshecho en la batalla de Guadalete, entre los partidarios de uno y otro bando, al lado del sucesor de Witiza figuraron muchos godos defensores de su causa procedentes de la Tingitania y al mando de Tarico. En esta batalla desaparece Roderico, no se sabe si muerto ó huido, y marca el inicio de una guerra civil que no terminaría hasta la entronización de Abderrahmán I, en 756, como cabeza del poder político unitario, ya que no musulmán, pues según testimonio escrito por S.Eulogio, obispo de Córdoba, mártir cristiano del año 854, condenado por un tribunal cordobés a la pena de muerte por incitar al suicidio a numerosos jóvenes cordobeses, el Islam no era conocido en al-Andalus en el año  847 de la era cristiana, testimonio corroborado por sendos escritos de Juan Hispalensis, obispo de Istbillia, y Hostegesis, obispo de Málaga. Es decir en el 711 no hubo una invasión violenta, sino una lenta y progresiva transformación de las ideas unitarias originarias en las islámicas. Una prueba de ello es que Madinat Ilbira, donde había cuatro iglesias cristianas, se inició la construcción de una mezquita en el año 714 que no se acabaría hasta el 864, debido a los pocos musulmanes que vivían en la localidad.

         Bajo la civilización musulmana se produce una nueva época de esplendor que durante el mandato de Abderrahman III llega a su zenit con la capital cordobesa como la mayor ciudad del mundo de entonces, con un millón de habitantes, y la construcción de la ciudad palatina de Madinah al-Zahra, y Almiriyya, sede de la flota califal, la mas poderosa del Mediterráneo, y segunda ciudad de al-Andalus. La ciencia y el conocimiento se expanden desde al-Andalus, incluso el Islam llega en torno al año ochocientos a Fez, la fundación de cuya ciudad y sultanato es una acción conjunta de desterrados cordobeses y emigrados kairauanies. Desde esta ciudad el Islam se expande por todo el norte de África.

         Precisamente en esta época se produce un movimiento intelectual interesante, el masarrí, cuyo origen lo encontramos en la Córdoba de principios del siglo X, su alma es Muhammad Ibn Masarra (883-931), que junto con su padre fueron los introductores de las doctrinas mu’tazilies y grandes impulsores del sufismo en su estado mas extremo, llegando uno de sus discípulos, Ibn Ujt ‘Abdun ( -986), junto con Ismail Ibn Abdallah al-Ruayní (960-1040), a establecer una república comunista en Pechina, que a pesar de desaparecer, posiblemente a causa de su extremismo, dio lugar a la expansión y pervivencia del sufismo en Almeria. Cuyos mas altos exponentes fueron Ibn al-Arif (1088-1141) de Almeria y Ibn Tufail (1107-1185) de Guadix, maestros que fueron de Ibn al-Arabi y Ibn Rushd, respectivamente.

         La fragmentación del califato en emiratos, produce un postrero esplendor en las cortes locales, que poco a poco van cayendo en manos de los cruzados occidentales y sometidos ó destruidos por la disciplina de la iglesia trinitaria. La toma de Almiriyya en 1145. El desconcierto producido en el mosaico de pequeños sultanatos andalusíes por el cada vez mayor avance de los Cruzados occidentales, intenta ser corregidos por dos oleadas de exaltados que nos llegan del joven Islam magrebí, la de los morabitún (1087), y la de los mohabitún (1147), periodo durante el cual al-Andalus pertenece a los reinos africanos con su capital en Marrakech. Este intento inicia su fin en las Navas de Tolosa, 1212, donde un potente ejercito europeo y católico derrota a los musulmanes de la península, consolidando así la invasión europea iniciada, por los francos contra los visigodos, en Poitiers, en el 731. La toma de Cortuba en 1236, ó la de Istbilla en 1248, hacen que buena parte de los conocimientos, tanto artesanales, como científicos, pasen a otras zonas de la península ó de Europa y produzcan nuevos desarrollos industriales como el tejido en Barcelona y Génova, o científico-culturales como el renacimiento italiano. El único emirato que queda en pié es el de Garnata, básicamente la kora de Elvira, con la recién recuperada (1155) Almiriyya, y la Asharkia.

         La guinda del pastel hacia la creación del “imperio hispano” es el “Descubrimiento de América” un territorio con el que en periodos tan tempranos como el siglo IX, ya tenia relaciones la Umma y por ello al-Andalus, con el control del comercio marítimo establecido en Palos de la Frontera, según prueban los registros de pago de alcábalas existentes en los archivos de la Casa de Medina Sidonia. Incluso en una reciente tesis doctoral se prueba la existencia de comunidades de musulmanes en países Suramericanos en fechas muy tempranas, puede que esto explicase el enorme interés de la corona de Castilla en “evangelizar” las comunidades del “Nuevo mundo”, e incluso  el hecho de que trajumanes (traductores) del árabe acompañasen las expediciones.

         Con el paso a la clandestinidad, o la marcha de los últimos moriscos públicos a principio del siglo XVII, “el siglo de oro” cerrará la publicación del conocimiento en al-Andalus. Dando paso a una sociedad sin brillo intelectual que en los últimos tres siglos ha ido siempre a remolque de otros países en estos aspectos, pese a haber existido individualidades importantes. Pero los últimos tres siglos se han caracterizado precisamente por la lucha entre los librepensadores ilustrados, y el conservadurismo eclesiástico. Hasta nuestros días en que la Santa Inquisición sigue actuando bajo el nombre de Comisión para la Doctrina de la Fe. Siendo el Inquisidor-Presidente Monseñor Ratzinguer.

         Sin duda todos los acontecimientos han ido configurando una sociedad bipolar con los extremos entre la parte absolutamente reaccionaria y la libertaria.

         El enfrentamiento de estas dos partes ha ido produciendo continuas luchas internas por el control del poder que cada cierto tiempo han desencadenado guerras civiles que han impedido sistemáticamente el desarrollo de una sociedad puramente “civil” y el progreso filosófico, que es lo que verdaderamente produce “valor añadido” a un pueblo. La guerra civil del final del periodo visigótico, aunque falseada su historia, termina finalmente con la victoria de los librepensantes y produce esplendor. La guerra civil desencadenada y apoyada otra vez por intereses extraños, de mas allá de los Pirineos, que acaba con la ocupación de Garnata, intenta la castración intelectual de al-Andalus que no se consigue hasta el siglo XVII con la esterilización de la creatividad andaluza, y aún para esto fue necesario sufrir varias guerras civiles, desde las guerras civiles de Garnata, hasta el “bandolerismo” de los siglos XIX Y XX, que al igual que el fenómeno de los monfíes, en el XVII, no es sino una guerra civil encubierta. Episodio trascendental en esta línea es la fallida revolución independentista del año 1.641, organizada conjuntamente con Portugal, que si tuvo éxito. Esta revolución estuvo encabezada por el IX duque de Medina Sidonia, cuya hermana era, a la sazón, reina de Portugal. Las informaciones obtenidas de la revolución Portuguesa permitieron sofocar la andaluza, que se saldó con el ajusticiamiento, ejemplarizante para Aragón, del Marqués de Ayamonte, cabeza militar de la rebelión, y el expolio de la casa de Medina Sidonia, aunque el Duque hubo de ser puesto en libertad para evitar otro levantamiento, ya que el de Medina Sidonia era seguido y respetado por la mayoría de los andaluces, al igual que en la actualidad la casa de Medina Sidonia encabeza los referentes intelectuales contra el montaje y la ocultación de la verdadera historia de nuestra tierra. Quizás es una secuela de aquello la placa de mármol que aun hoy podemos ver en uno de los laterales de la iglesia del salvador en Istbillia, colocada en 1714, castigando con severidad a los “moros”(sic) que no reverenciasen públicamente al santísimo sacramento.

         Todas estas luchas, claramente reflejadas en el edicto de Soul, mariscal del ejercito imperial, dado en Baza el 1º de Marzo de 1810, por el que se conmina a los habitantes a entregar las armas y volver a sus casas, para evitar una nueva matanza “como la de la rebelión del Alcalde de Válor”(sic), desembocan en una nueva reacción librepensante, iniciada con la publicación de “La Pepa” en 1812, y a nivel popular con la afloramiento del cante jondo o flamenco, y que no acabaría, a decir de G. Brenan, hasta la guerra civil de 1936.Seguida también de episodios de “makis” muy similares a monfíes y bandoleros, es evidente que un sector de la población, ante situaciones de violencia social, huye a los montes; al igual que recientemente lo han hecho los inmigrantes en El Ejido. Ahora después de otro medio siglo vano se inicia un nuevo afloramiento de la capacidad imaginativa de al-Andalus, naturalmente amenazada por las fuerzas reaccionarias internas, representadas por los nacionalismos, falacia ideológica absolutamente fascista, como la de euskadi, o la catalana, extrañamente relacionadas, al menos en sus orígenes, con la iglesia, no olvidemos Javier y Monserrat, ni la negativa de la iglesia católica a firmar el pacto antiterrorista (nadie tira piedras a su propio tejado), ni el confinamiento a que se ve sometido por la propia autoridad católica algún s.j. en euskalerria, quizás por eso el nacionalismo andaluz es tan peculiar, no independentista (idea de Umma) y anticlerical (la trinidad no se acepta, y el poder estructurado que genera, menos), y las externas del imperio extranjero de inmenso poder en el campo económico, relacionado con los grandes empresarios de la derecha, y con un casi absoluto control mental de la población a través de los medios de comunicación de masas.

         Actualmente nuestro gobierno autónomo promueve la investigación con células madre, pese a la prohibición del gobierno católico de Madrid. Al mismo tiempo que financia la preservación de documentación andalusí en Tumbuctú.

         Por estas cosas, la esperanza, en que los andalusíes volvamos a ser lo que fuimos, hombres de luz que a los hombres, almas de hombres le dimos, sigue en pié.  

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