Por Muhammad Asad

Casi una cuarta parte de los suras del Qur’án vienen precedidos de letras misteriosas denominadas muqattaat (“letras inconexas”) o, algunas veces, fawatih (“aperturas”) porque aparecen al principio de esos suras. De las veintiocho letras del alfabeto árabe, exactamente la mitad aparecen en esta posición, bien solas o en diferentes combinaciones de dos, tres, cuatro o cinco letras. Se pronuncian siempre aisladamente, por sus nombres y no como simples sonidos –así: alif lam mim, o ha mim, etc.

La significación de estas letras ha dejado perplejos a los comentaristas desde los primeros tiempos. No existe indicación alguna de que el Profeta se refiriera a ellas en ninguno de los dichos que han sido transmitidos, ni de que ninguno de sus Compañeros le preguntase acerca de ellas. No obstante, es un hecho incuestionable que todos los Compañeros –siguiendo obviamente el ejemplo del Profeta—consideraban a las muqattaat como parte integral de los suras a los que dan comienzo, y así los recitaban: un hecho que refuta inapelablemente la sugerencia propuesta por algunos orientalistas occidentales de que estas letras pudieran ser simplemente las iniciales de los escribanos que escribieron las revelaciones parciales al dictado del Profeta, o de los Compañeros que las recogieron en el tiempo de la codificación final del Qur’án durante el gobierno de los tres primeros califas.

Algunos de los Compañeros y también algunos de sus sucesores inmediatos y comentaristas posteriores del Qur’án estaban convencidos de que estas letras son abreviaturas de ciertas palabras, o bien frases, relativas a Allah y a Sus atributos, e intentaron “reconstruirlas” con gran ingenio: pero dado que las combinaciones posibles son prácticamente ilimitadas, todas esas interpretaciones resultan excesivamente arbitrarias y carecen, por tanto, de utilidad real. Otros han intentado vincular a las muqattaat con los valores numerológicos de las letras del alfabeto árabe, y han “extraído” de ese modo toda clase de profecías e indicaciones esotéricas.

A lo largo de los siglos, sin embargo, algunos de los más destacados eruditos islámicos han propuesto otra interpretación, quizás más verosímil, basada en dos series de datos:

Primero, todas las palabras del idioma árabe están formadas, sin excepción, por una letra o una combinación de dos, tres, cuatro o cinco letras, y nunca más de cinco: y, como ya hemos mencionado, estas son las combinaciones en las que aparecen las muqattaat.

Segundo, todos los suras que vienen precedidos por estas letras comienzan, directa o indirectamente, con una referencia a la revelación, bien sea en sentido general o en su manifestación específica, el Qur’án. A primera vista podría parecer que tres de esos suras (29, 30 y 68) son excepciones a esa regla; pero tal suposición es engañosa. En el versículo inicial del sura 29 (Al-Aankabut), existe una referencia a la revelación claramente implícita en las palabras: “Hemos llegado a creer” (amanna), e.d., en Dios y en Sus mensajes. En el sura 30 (Ar-Rum), la revelación divina está claramente enfatizada en la predicción de la victoria bizantina en los versículos 2-4. En el primer versículo del sura 68 (Al-Qalam) se alude obviamente al fenómeno de la revelación con la mención evocativa de “la pluma” (véase la nota 2 al primer versículo de ese sura). Así pues, no hay “excepciones” en los suras precedidos de una o más de las muqattaat: todos ellos comienzan haciendo referencia a la revelación divina.

Esto, unido al hecho de que las muqattaat reflejan, por así decirlo, todas las formas verbales de la lengua árabe, ha llevado a sabios y pensadores como Al-Mubarrad, Ibn Hasm, Samajshari, Rasi, Baidawi, Ibn Taimiya, Ibn Kazir—por mencionar sólo a unos pocos—a la conclusión de que las muqattaat son una ilustración del carácter inimitable y prodigioso de la revelación coránica, la cual, aunque se origina en una esfera que está fuera del alcance de la percepción humana (al-gaib), puede ser y es transmitida al hombre mediante los sonidos (representados por letras) del habla humana ordinaria.

Sin embargo, ni siquiera esta atractiva interpretación resulta del todo satisfactoria, pues existen muchos suras que comienzan con una referencia específica a la revelación divina y no vienen precedidos de ninguna letra inconexa. En segundo lugar –y esta es la objeción de más peso—la anterior explicación está basada, también, en simple conjetura: por consiguiente, en última instancia, debemos conformarnos con el hecho de que la solución a este problema sigue aún fuera de nuestro alcance. Esta era evidentemente la opinión de los cuatro califas rectamente guiados, resumida en las palabras de Abu Bakr: “En toda escritura divina (kitab) hay [elementos de] misterio –y el misterio del Qur’án está [indicado] en el inicio de [algunos de] los suras.”

Fuente: musulmanesandaluces.org

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