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Cuando hablamos de la Andalucía morisca, inevitablemente nos retrotraemos al S.XVI, a Aben Humeya y a los moriscos de la Alpujarra y otras serranías andaluzas que tuvieron en jaque durante tres años a los ejércitos del Imperio castellano. Nos retrotraemos de igual manera a Al-Andalus, a aquella civilización andaluza e islámica que fue el faro de Oriente y Occidente durante varios siglos, hasta que su tierra fue conquistada y colonizada, su civilización y su legado arquitectónico, científico, cultural y espiritual, destruido, quemado por la inquisición católica, prohibido y perseguido hasta borrarlo de la memoria colectiva del pueblo andaluz.

La denominación de morisco se le aplicó a aquellos musulmanes, que tras el decreto de conversión forzosa al catolicismo en el año 1502, continuaron con sus costumbres, lengua y religión a pesar de la persecución inquisitorial y de los duros castigos que en muchos casos llegaban hasta la tortura y la muerte.

El término morisco se contrapone al término mudejar, referido a los musulmanes que vivían en los reinos hispanos medievales. La palabra mudéjar proviene del árabe mudayyan, que significa domesticado, sometido, al que se le ha permitido quedarse. En el siglo XV, también se les obligó a llevar distintivos externos para ser diferenciados: una señal de media luna azul sobre el hombro derecho.

Tras el decreto de conversión forzosa al cristianismo, a los mudéjares y al resto de musulmanes convertidos y que no mostraron reticencias a las imposiciones, se les comenzó a llamar «cristianos nuevos», frente a la población rebelde que no aceptó las imposiciones y que en secreto mantenía sus ibadas islámicas, sus ritos, tradiciones y lengua, que fueron estigmatizados con la denominación de moriscos.

Los moriscos no eran una minoría religiosa, ni una minoría étnica: eran la resistencia andaluza frente al invasor castellano. La defensa de la libertad religiosa frente a la imposición católica, la convivencia en términos de igualdad frente al sometimiento al invasor.

Pero nosotros, desde estas páginas digitales, sin renunciar al significado histórico del término morisco, más allá de las definiciones históricas y lingüísticas, ponemos el acento en la actitud. Hoy, ser morisco, al igual que hace 500 años, es ser rebelde, no aceptar las imposiciones impuestas por la fuerza de las armas, ni aceptar dogmas históricos que justifican nuestra situación de pueblo sin conciencia, explotado y empobrecido por el accionar colonial.

La ininterrumpida guerra psicológica y cultural que llevamos padeciendo desde hace siglos ha conformado un pueblo andaluz sin conciencia de sí mismo, creyente en ser descendiente del colono español y asimilado a la visión del mundo occidental donde los valores inducidos de individualismo, egoísmo, consumismo, materialismo… han producido individuos incapaces de reconocer su propia situación de explotados y de vislumbrar una alternativa al capitalismo y al imperialismo occidental.

Blas Infante decía que «Nosotros no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos«. Por este motivo, nuestra principal tarea para liberarnos de las cadenas psicológicas y culturales que hemos interiorizado por la acción asimiladora de siglos de imposiciones, es «desaprender», rechazar los valores de la civilización occidental y volvernos hacia nuestro pasado, hacia los valores que construyeron la gran civilización andaluza de Al-Andalus, basados en la integración de culturas y conocimientos llegados de todo el mundo, en la convivencia de gentes y de lenguas, en la aceptación de la diferencia y en el predominio de lo colectivo sobre lo individual. Fiel a esa idea de integración y convivencia, Blas Infante decía que «en Andalucía no hay extranjeros».

El rechazo a la civilización occidental, tan necesario para empezar a construir un futuro de solidaridad y colaboración entre los pueblos, tiene que empezar por producir cambios culturales, estéticos, lingüísticos y espirituales que debemos empezar a introducir en nuestra vida cotidiana y en los actos reivindicativos en los que participamos.

Nada de esto va a ser fácil. La decadente civilización occidental, con una crisis económica que ya está afectando a millones de personas de forma grave, va a seguir intentando mantener la hegemonía mundial aunque para ello tenga que asesinar a millones de personas y pueblos completos, como estamos viendo en Palestina. Las sublevaciones de los pueblos centroafricanos, con la salida de la órbita del colonialismo francés, la derrota del imperialismo norteamericano en Siria, a pesar de que siguen teniendo bases militares que posibilitan el robo del petroleo, la derrota militar y moral del sionismo en Palestina, a pesar del apoyo financiero y militar de EE.UU. y Europa, la derrota de la OTAN en Ucrania, etc., son pasos que nos indican que la hegemonía militar y económica de occidente ha terminado, a pesar del poder destructivo que aún mantienen y que sin duda van a seguir utilizando para retrasar los más posible la caída ante un mundo emergente que ya no está dispuesto a continuar siendo saqueado por el capitalismo occidental.

Ante esta situación, Andalucía, los andaluces y andaluzas no podemos mantenernos al margen ni ser neutrales. El apoyo decidido al mundo que está naciendo debe tener en Andalucía un batallón de muyahidines que haga efectiva la solidaridad con todos los pueblos agredidos por el imperialismo norteamericano y por sus títeres europeos. Y la mayor solidaridad que podemos ofrecer es nuestra lucha y esfuerzo para que los arrogantes no puedan utilizar nuestra tierra para agredir a pueblos hermanos como Palestina, Siria, Líbano, Yemen, Irán, etc. El desmantelamiento de las bases militares yanquis, británicas y españolas en Andalucía es la principal lucha que debemos afrontar si queremos ayudar a terminar con el genocidio sobre el pueblo palestino y colaborar para que se haga realidad la necesidad de un Estado palestino desde el río hasta el mar.

La lucha por una Andalucía Libre fuera de la órbita española y occidental, es la mayor aportación que los andaluces y andaluzas podemos hacer a este nuevo mundo que estamos viendo nacer.

Desde estas páginas digitales, pretendemos recuperar nuestra historia, nuestra cultura, el espíritu que inspiró la civilización andalusí, y ambicionamos hacerlo desde lo morisco, desde la lucha cultural e informativa, desde el combate identitario que nos devuelva el orgullo de lo que fuimos y de lo que queremos volver a ser «hombres de luz que a los hombres alma de hombres les dimos», como dice ese himno morisco que compuso Blas Infante para ser cantado por andaluces rebeldes y conscientes.

Wa-lā gālib illà Allāh.

Viva Andalucía Libre¡¡

2 comentarios en «Andalucía morisca»

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