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Por Augusto Zamora Rodríguez

Las bombas llamadas de racimo están prohibidas en más de un centenar de países, por cuando son bombas de bombitas, que se dispersan en un espacio enorme matando e hiriendo indiscriminadamente a todos los seres vivos que encuentran. Un porcentaje no estalla y se convierte en una amenazar por décadas para las poblaciones donde son usadas. Por esa razón su uso se considera violatorio del derecho fundamental a la vida y no hay nadie que defienda los derechos humanos que apruebe su empleo… salvo EEUU y sus peleles de la OTAN.

Su entrega a los ukronazis se convierte en prueba directa de que, a EEUU, los ucranianos le importan un carajo, pues ellos serán las principales víctimas de las bombas de racimo. Es política de tierra arrasada, que puede causar más víctimas que una bomba nuclear. No es exageración. Desde el fin de la guerra, más de 100.000 vietnamitas han sido muertos o heridos por artefactos que no explotaron, un alto porcentaje de los cuales son minas o bombas de racimo. Otro tema es el enorme daño económico que causan. Buena parte de las zonas afectadas eran tierras agrícolas, esenciales para las poblaciones indochinas. Por tal motivo, el gobierno vietnamita hizo «prioridad número uno la descontaminación de la superficie» agrícola del país, lo mismo que hubo que hacer en Camboya y Laos. Centenares de millones de dólares se gastaron y siguen gastando para limpiar los territorios.

Durante la referida guerra de Vietnam, entre 1964 y 1973, EEUU lanzó más de dos millones de toneladas de bombas sobre Laos, de ellas 270 millones eran de bombas de racimo. Es hoy y esas bombas siguen causando muertos y heridos civiles, la mayoría con pies o manos amputadas. Las ‘bombitas’ que no estallan tienen el tamaño de una bola de pingpong y, por eso, son muy difíciles de detectar. Es una causa principal del daño que causan.

La devastación producida por EEUU en Indochina llevó a NNUU a promover un tratado que prohibiera el uso de ese tipo de municiones. El tratado fue aprobado en 2008, con el nombre de Convención sobre Municiones de Racimo, que EEUU no firmó (Rusia tampoco, no seamos hipócritas). 123 Estados han aprobado la Convención, que está en vigor desde 2010.

Que el gobierno ukronazi quiera usarlas masivamente es una doble inmoralidad. Las bombas de racimo que no exploten quedarían esparcidas en miles de kilómetros cuadrados. Dado que entre el 10% y el 40% no explotan, quedarán allí, dispersas y ocultas, matando a inocentes durante años y décadas. Matando y amputando a su propia gente. Ejemplo de la catadura moral de los peleles de Kiev.

Si alguien duda sobre lo que es la clase dirigente de EEUU, aquí tiene una vara de medir. No olviden que, en el siglo XIX, durante la mal llamada «conquista del Oeste», los blancos regalaban a los indígenas mantas contaminadas de viruela, para matarlos. Los militares ganaban galones asaltando poblados indios indefensos, matando a todos sus habitantes, niños, ancianos, inválidos, embarazadas. Eso eran ellos y eso siguen siendo. La ‘moda’ de arrancar cabelleras a los muertos la inventaron los blancos, que, luego, los indígenas replicaron en venganza. Hollywood, para variar, invirtió la historia. Por eso y por muchas razones más, Rusia debe ganar, tiene la obligación de ganar. Por Rusia, por Ucrania y por todos nosotros. La perversidad no puede triunfar.

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