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La sede de la Academia de Ciencias de Rusia, en Moscú.

Por Thierry Meyssan

La teoría que atribuye el calentamiento climático a la actividad humana va a convertirse en eje del enfrentamiento entre Occidente y Rusia. Si bien nadie duda que la temperatura aumenta en ciertas partes del mundo, la realidad es que no hay, por ahora, ninguna explicación alternativa para ese fenómeno. Sin embargo, científicos de renombre van a presentar una en la COP28 de Dubai. Esos científicos son miembros de la Academia de Ciencias de Rusia.

La teoría según la cual el calentamiento climático ya sería visible en todo el planeta y tendría la actividad humana como causa fue popularizada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC), una comisión de las Naciones Unidas.

No tengo ningún conocimiento sobre el estudio del clima y no me atrevo a opinar en cuanto a si esa teoría es cierta o falsa. Pero como experto en política internacional, sí puedo evaluar el trabajo de esa comisión de la ONU.

Hace ya una decena de años escribí que, como indica su nombre, el GIEC no es una academia de sabios sino un grupo intergubernamental [1]. Por consiguiente, las conclusiones del GIEC no son resultado de un trabajo científico sino de un debate político.

El GIEC fue creado en 1988 por iniciativa de la entonces jefa del gobierno británico Margareth Thatcher, para respaldar su lucha contra los sindicatos de mineros. Así que no es sorprendente que el GIEC llegara a la conclusión de que el carbón era malo para el medioambiente mientras que la energía nuclear era un desarrollo positivo. No se trata de una conclusión científica sino de una posición política.

Además, en aquel momento señalé que la creación de “derechos” de emisión de gases de efecto invernadero no fue una iniciativa intergubernamental sino una idea de la Joyce Foundation puesta en práctica por la Climate Exchange Ldt. [2]. Cada Estado redacta su propia legislación al respecto, se le otorga cierta cantidad de derechos de emisión, que el Estado reparte entre las empresas como mejor le parece. Las empresas que no utilizan todos sus “derechos de emisión” pueden revender la parte no utilizada en una bolsa especializada, cuya sede está en Chicago.

Los estatutos de esa bolsa fueron redactados por un jurista de la Joyce Foundation –un tal Barack Obama–, un desconocido que acabaría convirtiéndose en presidente de Estados Unidos. El llamado a los inversionistas para el lanzamiento de esa bolsa fue organizado por Al Gore –el futuro vicepresidente de Estados Unidos– y por David Blood, ex director de Goldman Sachs. ¿Debemos considerar a esos personajes como militantes ecologistas llenos de buena fe o como estafadores de cuello blanco? Eso es una cuestión de punto de vista.

Con el tiempo, el dispositivo político comenzó a cubrirse con un maquillaje de ciencia mezclada con buenas intenciones, lo cual hizo que fuese cada vez más difícil cuestionarlo.

Pero hay una teoría científica alternativa que explica el calentamiento climático. Esa teoría está lejos de ser nueva ya que fue enunciada por el geofísico croata Milutin Milankovic durante el breve intermedio de paz entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Milankovic explicaba que la órbita de la Tierra varía en función de 3 ciclos naturales: su excentricidad, su inclinación axial (oblicuidad) y la precesión de los equinoccios. Cada una de esas variaciones sigue un ciclo, entre 20 000 y 100 000 años, perfectamente calculable. Esas tres variaciones combinadas influyen sobre la exposición de la Tierra a los rayos solares y, naturalmente, influyen sobre el clima. La teoría de Milutin Milankovic se vio confirmada, en 1976, por el estudio de muestras de hielo, los llamados “testigos de hielo”, obtenidas en la Antártida mediante perforaciones del sustrato a diferentes profundidades. Sin embargo, la teoría de Milancovic no explica todo.

La Academia de Ciencias de Rusia acaba de enunciar una tercera teoría, igualmente basada en la observación de la naturaleza. Según esta tercera teoría, «la principal causa de las catástrofes climáticas locales es la emisión creciente de hidrógeno natural ocasionada por las fuerzas gravitacionales alternas de la Luna y del Sol, que provocan huecos en la capa de ozono. La elevación de las temperaturas resultante y la mezcla de ozono y de hidrógeno son las principales causas de los incendios en bosques y estepas» [3].

La Academia de Ciencias de Rusia no se limita a cuestionar el dogma del GIEC. También pone en tela de juicio el dispositivo que supuestamente debería reducir el hueco de la capa de ozono, o sea la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal «cuya aplicación ha arrasado subindustrias enteras de la industria química sin reducir el hueco de la capa de ozono, que no ha cesado de aumentar».

La teoría de la Academia de Ciencias de Rusia se basa en la idea de que el calentamiento climático no se manifiesta de la misma manera en las diferentes regiones del mundo. De hecho, en contradicción con el famoso cliché del calentamiento climático, se acaba de comprobar que el Pacífico está enfriándose [4].

Los trabajos de la Academia de Ciencias de Rusia serán presentados en la 28ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de Dubai (COP28), que comenzará a finales de noviembre. Pero ya ha comenzado una batalla política cuyo verdadero objetivo es silenciar a los científicos.

Esa batalla es la designación de la persona encargada de presidir la conferencia, quien tendrá la posibilidad de permitir que los “inoportunos” digan lo que quieren decir o de evitar que hablen. Por supuesto, la designación del presidente de la COP28 está en manos de Mohamed ben Zayed, el presidente de Emiratos Árabes Unidos y emir de Abu Dabi, quien escogió a su ministro de Industria, Sultan al-Jaber. Inmediatamente, congresistas estadounidenses y parlamentarios de la Unión Europea escribieron al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, para exigirle que se oponga a la designación del ministro emiratí. Como siempre, el argumento que esgrimen no tiene nada que ver con su objetivo: señalan que Sultan al-Jaber es también el presidente de la Abu Dhabi National Oil Company (Adnoc), afirman que al-Jaber sería por ende “juez y parte” y que habría que designar en su lugar a un defensor de las energías no provenientes de combustibles fósiles… quien sería igualmente “juez y parte” pero a favor del bando contrario.

Si finalmente los científicos rusos logran hacerse escuchar en la COP28 es muy probable que los participantes se dividan en dos bandos, pero no en función de criterios científicos sino por razones políticas. Así que es posible que la COP28 se convierta en un enfrentamiento entre los aliados de los anglosajones y los defensores de Rusia, que representan a la enorme mayoría de la población mundial.

A fin de cuentas, lo más probable es que el dogma del GIEC no tarde en convertirse en la obsesión de las potencias occidentales y en el hazmerreír de la mayor parte del mundo.

Fuente: voltairenet.org

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