Por Fernando Gargano
Diez años de Francisco I: Ninguna proyecto libertario, dicho en el cabal sentido revolucionario y emancipador del término, puede dejar de lado la crítica a la religión

Hace diez años el Vaticano elegía a Jorge Bergoglio como papa. Si no era tocar el cielo con las manos –cielo del que nunca tendremos una sola prueba empírica- seguramente era el triunfo argentino más encumbrado si no contamos los campeonatos mundiales del 78 y el 86. Argentina en el centro de la escena en el momento que la derechización galopante del mundo político parecía no tener freno ante nada.

Bergoglio había sido cuestionado por el arco izquierdista, obviamente, y por todo el arco del progresismo. La Revista Barcelona, cuando Bergoglio había quedado relegado al segundo lugar en la elección anterior, había escrito algo así como “es difícil competir con un nazi, yo solo denuncié a dos curas durante el proceso” (la memoria puede fallarme pero la idea es clara, Bergoglio era enemigo del pueblo comprometido, y sus discursos de inclusión fueron parte de un viraje táctico en la línea de aceptar males menores ante la fuerza de ciertas movilizaciones, por ejemplo la ley de matrimonio igualitario).

Para quienes están en el progresismo reformista deben estar frescas en sus memorias las peleas de Bergoglio con Néstor Kirchner y Cristina Fernández, que en términos esquemáticos ya es hablar de estar a la derecha de un centro nunca demasiado volcado hacia cambios radicalizados. En suma, Bergoglio era la reacción y desde ese lugar asumió su cargo actual.

Hoy, su historia ha sido blanqueada por las nuevas plataformas de la reescritura política en clave del poder: la serie ‘Los dos papas’ es un ejemplo de perversión histórica, pero con los acercamientos del progresismo argentino, claudicantes y oportunistas han hecho lo suyo en materia de tergiversación de los hechos.

Vivimos tiempos en donde lo simbólico parece reemplazar a lo real, sabiendo que lo simbólico también es real y que hay una relación entre esas entidades. Llevado a la política más llana, al ámbito de la gestión, eso se traduce en generar gestos desde el mando de carácter progresista pero actuar con políticas claras de reacción. Soy consciente de lo esquemático de este último párrafo pero el mensaje es claro.

Los gestos y guiños a un papa erigido en representante de los pobres y subalternos confunden en el orden de la organización ya que guardan una lógica perversa y dualista. Se fomenta la idea de dar como elemento la adquisición de derechos pero negando las luchas subyacentes -¿quién menos que la iglesia católica apostólica (como el peronismo) en ese terreno?- mientras que se generan falsas expectativas en el terreno de la organización.

Que haya sectores del partido gobernante que lo tienen como símbolo y guía es un problema de las izquierdas y no es de los temas menores. Es señal de una derrota antes de comenzar el juego, señal de la poca importancia e influencia del pensamiento crítico, del pensamiento de las izquierdas independientes no mesiánicas en el sentido común más llano de las clases trabajadoras.

Hoy Argentina tiene campeones del mundo en lo futbolístico, y papa argentino. Una realidad local con una pobreza inusitada, un saqueo de sus riquezas naturales y sociales que parece no tener límite y una perspectiva en el orden gubernamental que deja pasmado y perplejo al más optimista. La derecha gobierna en lo económico con el manto de un partido dividido en dos bandos, uno que se autopercibe oposición y se agobia en su impotencia, y otro que pragmáticamente ejecuta sin frenos el mando del capital para los tiempos que corren.

Las perspectivas son pobres para los sectores de la izquierda independiente, aquella que apuesta a generar algo distinto, autogestivo y emancipador, pero esa situación temporal –así lo deseamos y esperamos revertir- no debe frenar todo intento de desenmascaramiento de los símbolos ideológicos que hoy esgrime el poder opresor.

Ninguna proyecto libertario, dicho en el cabal sentido revolucionario y emancipador del término, puede dejar de lado la crítica a la religión, a sus activistas y a sus políticas alienantes. Sus aniversarios nunca serán los nuestros.

Contrahegemoniaweb


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/campeones-y-con-papa-propio

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