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Por Xavier Villar

Deshumanización selectiva: Narrativa occidental sobre la masacre en Gaza

Más de 200 palestinos fueron asesinados y al menos 400 resultaron heridos durante una incursión sionista en el centro de Gaza, según datos de la Oficina de Medios del Gobierno gazatí.

Los ataques militares, algunos de los más mortales desde octubre, afectaron el campo de refugiados de Nuseirat y Deir el-Balah en el centro de Gaza. Los médicos describen las escenas dentro del Hospital Al-Aqsa como una «masacre total».

En una breve declaración, el ejército de ocupación sionista dijo que sus fuerzas estaban «apuntando a la infraestructura terrorista en el área de Nuseirat». Posteriormente, anunciaron que sus fuerzas habían rescatado a cuatro cautivos durante la operación en Nuseirat. Según el ejército colonial de ocupación, los cuatro, quienes fueron llevados a Gaza después del ataque liderado por Hamas en el sur de Israel el 7 de octubre, estaban en «buen estado de salud».

A estas alturas, sabemos a través de los medios occidentales el nombre, la edad, las fotos y la historia de cada uno de los 4 israelíes que fueron rescatados de Gaza, pero nadie conoce el nombre, y mucho menos la historia, de alguno de los más de 200 palestinos que Israel masacró en el proceso. Es parte del proceso de deshumanización que los palestinos han estado sufriendo desde la fundación del estado de Israel en 1948.

Esta deshumanización está construida mediante un discurso selectivo dirigido a presentar a los palestinos como “daños colaterales”, utilizando en muchos casos un lenguaje abiertamente colonial que facilita la justificación de la violencia contra aquellos que son retratados como “menos humanos”.

Un ejemplo de este lenguaje fue el titular del New York Times (NYT) que se hacía eco del ataque sionista y del rescate de los 4 prisioneros.

El titular es un ejemplo perfecto del papel de los medios occidentales en lo que se conoce como la fabricación de consentimiento para el genocidio. Esto implica la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda por parte de los principales medios de comunicación occidentales. El lenguaje mediático alimenta la propaganda islamofóbica y pro-sionista en su cobertura de los acontecimientos en Gaza. Una de las tácticas más comunes para lograr esto es mediante la indignación moral selectiva, que oculta el dolor y el sufrimiento del pueblo palestino, así como las injusticias estructurales, como la ocupación sionista de Palestina, que explican el origen de la respuesta de Hamas el pasado 7 de octubre.

En el titular del NYT se puede ver con claridad cómo se utiliza la voz activa cada vez que se habla de Israel: por ejemplo, “el ejército israelí rescata a 4 rehenes”. Por su parte, los palestinos son siempre representados utilizando la voz pasiva, “han muerto”. Este uso de la voz pasiva por parte del periódico de referencia estadounidense sirve para ignorar el principio de autoría de esas muertes. Es decir, la voz pasiva intenta presentar la realidad sin poner el foco en el “quién” hizo eso a los palestinos. Sin tener en cuenta esta autoría la información no puede ser completa. Según este uso lingüístico se podría decir que los palestinos murieron de manera espontánea, sin que nadie tuviese responsabilidad al respecto. La voz pasiva a menudo se centra en el receptor del evento, no en el que lo realiza.

Además, en el titular se puede observar cómo los hechos presentados por las autoridades de Gaza, los más de 200 asesinados por culpa del ataque israelí, se presentan no como un hecho incontestable, sino como una opinión (“Las autoridades de Gaza dicen que cientos han fallecido”). Esta manera de redactar no es, por supuesto, neutral, sino que forma parte de todo ese complejo lingüístico-ideológico cuyo objetivo es mantener la humanidad de los israelíes (“4 israelíes rescatados), frente a la deshumanización de los palestinos (cientos).

Esto es lo que implica la fabricación del consentimiento del genocidio: no solo una distorsión de la realidad o una mala fe, sino la voluntad de deshumanizar a un grupo de personas en comparación con otro, con el objetivo de hacer que su muerte sea considerada aceptable.

Los signos de la aniquilación aparecen primero en el lenguaje. Por lo tanto, estados civilizados y organizaciones internacionales, liberales y conservadores, así como presidentes universitarios y donantes de los Estados Unidos, todos han hecho fila para participar en este discurso. Su orden colonial es claro: no contiene una sola referencia dignificante a los palestinos. Esto no es una coincidencia. Antes de que puedan ser aniquilados, los palestinos deben ser transformados discursivamente en monstruos bárbaros.

Este orden del discurso, que Occidente (entendido no como un conjunto de estados o un lugar, sino más bien como un proyecto moral que continúa universalizándose violentamente) ya ha elaborado sobre otros pueblos colonizados y esclavizados, presenta a los palestinos como inherentemente culpables. Este orden del discurso los modela como enemigos de todos, un enemigo que debe ser aplastado.

Por último, es importante señalar que, según informaciones periodísticas cercanas a la Casa Blanca, la unidad de rehenes estadounidense desplegada en Israel habría participado en el ataque sionista del sábado 9 de junio. Las imágenes publicadas por un soldado de ocupación israelí confirman el uso por parte de Israel del muelle temporal estadounidense en el centro de Gaza durante sus operaciones ofensivas en el campo de refugiados de Al-Nuseirat. Informes de Gaza indicaban, además, que la unidad se infiltró en el campamento dentro de un camión que transportaba ayuda humanitaria proveniente del muelle flotante.

Un comunicado emitido por el Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) pretendía negar su participación en la operación israelí, afirmando que «las instalaciones del muelle humanitario, incluyendo su equipo, personal y activos, no fueron utilizadas en la operación para rescatar rehenes hoy en Gaza. Un área al sur de la instalación fue utilizada por los israelíes para devolver con seguridad a los rehenes a Israel». Sin embargo, las imágenes publicadas por soldados de ocupación sionistas mostraban claramente que el helicóptero se encontraba dentro del muelle y no en la zona sur.

Por lo tanto, la participación directa de los Estados Unidos en el genocidio en Gaza pone de relieve la idea de que tanto los Estados Unidos como Israel comparten el mismo objetivo racista de colonización y expulsión o aniquilación de la población nativa de Palestina. La única diferencia radica en la forma en que comunican este objetivo a sus respectivos públicos.

Xavier Villar es Ph.D. en Estudios Islámicos e investigador que reparte su tiempo entre España e Irán.

Fuente: Hispan TV

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