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En la Península Ibérica se han conservado algunos alminares, merced a su conversión en campanarios en templos cristianos. La mayoría de los de las mezquitas levantadas en la Península srían pequeñas torres de pobre construcción y escasa solidez, sobrada para soportar el peso del almuédano, que subía a su terraza a llamar al salât, pero no el de las campañas de bronce ni las vibraciones producidas por su volteo.

A medida que las tierras pobladas por los musulmanes, tras su conquista militar, pasaban a manos de los cristianos, las mezquitas, consagradas, se convertían en iglesias y en torres-campanarios sus alminares. Pero, al sustituir la voz metálica de las campanas  a la humana de los almuédanos para convocar y llamar a los fieles al salât, hubo que hacer en los alminares obras de adaptación. Se desmontó el pequeño pabellón de refugio que casi todos tenían sobre la terraza, en su centro, y, prolongando los muros exteriores de la torre, se añadió un cuerpo en lo alto, abierto por huecos o ventanas para colocar las campanas. No subsiste, pues, ninguno de esos pabellones cuadrados que remataban los alminares en el Occidente islámico, reemplazado en las torres-campanarios por una cruz y una veleta y con ellos desaparecieron las cupulillas o tejados que los cubrían y el remate metálico de su coronación, llamado yâmûr (según el árabe dialectal marroquí, yâmûr significa «extremo del mástil de la nave», expresión por otra parte reprobada por los arabistas que para tal significación encuentran como acertada la palabra al-qabb). Yâmûr era en Occidente la barra con que terminaban las torres de las mezquitas, en las que se ensartaban bolas o manzanas doradas (si bien en el Egipto del siglo XV, los alminares de las mezquitas remataban en una media luna, erguida sobre un mástil, según un viajero de ese país que visitó Granada en el año 870/ 1465-6, el alminar de la mezquita mayor de Granada tenía por remate un gallo con las alas abiertas, llamado por las gentes farrûÿ al-ruwâh, gallo de viento) 

Para saber como era el yamûr de las mezquitas hispánicas, había que acudir hasta hace poco a reproducciones medievales, a descripciones de geógrafos e historiadores y, sobre todo, a los alminares africanos, que en éste, como en muchos otros aspectos, eran réplica de los de al-Ándalus.

En el museo arqueológico de Córdoba, podemos encontrar un pequeño yâmûr, tal vez el único en la Península Ibérica y que podría proceder de la mezquita de Alcolea del Rio (Córdoba).

El yâmûr se componía de una barra vertical de hierro, bien sujeta en la cúpula que cubría el pabellón o edículo levantado sobre la terraza del alminar, en la que se ensartaban una, dos, tres o cuatro esferas de cobre, bronce o latón, de tamaño decreciente de abajo hacia arriba, doradas y plateadas. Entre ellas se colocaban manguitos del mismo metal, la barra o mástil solía terminar en otro ornamento metálico.

La existencia del ÿâmûr respondía no solo a razones de índole espiritual, ya que con las diferentes esferas que ascendían hacia el cielo y según su tamaño en sentido decreciente, se quería representar los diferentes mundos en los que Allah se da a conocer (dunia, mulk, yabarut). También, en ocasiones se les utilizaba como talismanes: así se decía que el existente en la mezquita al-Qarawiyyin de Fez, era de cobre amarillo, en el que había manzanas, y del que se decía que impedía entrar a las serpientes. León el Africano alude al ambiente mágico que existía en torno a las bolas del yâmûr, al describir el del alminar de la mezquita de la alcazaba de Marrakesh, que el pueblo no consintió quitar, por estimar su supresión de mal agüero.

El yâmûr del alminar de la mezquita mayor de Córdoba

El monumental alminar de la mezquita mayor de Córdoba, construído por ‘Abd ar-Rahmân III en el año 340-341/951-952, sirvió de modelo a los posteriores del Islam Occidental (magrebí), entre otros a los tres almohades, no menos monumentales, de la mezquita mayor de Sevilla, de la Kutubiyya de Marrakesh y de la torre de Hasan en Rabat. Es probable que el yâmûr del alminar cordobés fuera a su vez modelo de muchos otros. La descripción más antigua de el procede del historiador al-Idrisi (s. XII). Dice del mismo que por encima de la cúpula que cubría el pabellón alto del alminar, había tres manzanas o bolas de oro y dos de plata, y hojas de lirio. La mayor pesaba sesenta libras. Al-Hinyarî también se refiere a las mismas cinco manzanas, tres de oro y dos de plata, y a una serie de hojas metálicas lanceoladas. Al-Maqqarî dice de éste, que estaba compuesto de tres famosas manzanas, las dos extremas de oro y de plata la intermedia, y las rodeaba una doble fila de seis hojas de lirio, en forma muy elegante, además remataba el vástago en que estaban ensartadas las manzanas en una pequeña granada de oro puro, cuya altura era de unos 47 centímetros (un codo), poco más o menos. Ibn ‘Idarî afirma que en la punta del mástil figuraba la fecha escrita en oro. Según Ibn Bashkuwâl, se ténía a este yâmûr por una obra portentosa.

En sellos de cera de Córdoba de los siglos XIV y XV -uno de ellos cuelga de un documento del año 1360-, en los que se reproduce la vista de la ciudad desde la orilla izquierda del río Guadalquivir, se representó el alminar con tres bolas coronando la cúpula de su pabellón de refugio sobre la terraza.

Probablemente el yâmûr cordobés debió de caer a consecuencia de un terrible huracán y terremoto ocurrido en el año 1589, si antes no se desmontó para adaptar la parte superior del alminar a las necesidades cristianas. De 1593 a1653 fue demolida por ruinosa esa parte alta del alminar cordobés.

El yâmûr del alminar de la mezquita mayor almohade de Sevilla

Construida la mezquita mayor de Sevilla, se procedió a levantar su alminar (la Giralda). Al regreso de la victoria de Alarcos (591/1195), el monarca Ya’qub al-Mansûr mandó fabricar, durante su estancia en Sevilla, las manzanas de coronación del alminar recién terminado. Fueron construías y elevadas hasta lo alto por el maestro Abû l-Layz as-Siqillî (el siciliano). Empotrada en una gran barra de hierro de 120 arrobas de peso en la linterna, se ensartaron tres grandes bolas y otra mas pequeña, fabricadas en presencia del tesorero real, en cuyo dorado se emplearon 7000 mizcales grandes ya’qûbíes. La mayor estaba formada por doce gajos, de cinco palmos de altura cada uno. La mediana, la del centro, según el Qirtâs, no pudo entrar por la puerta del almuédano, por lo que hubo que quitar parte de su batiente de mármol para darle paso. La ceremonia de la colocación de las bolas, a la que asistieron el monarca, rodeado de la corte, y gran concurrencia del pueblo sevillano, tuvo lugar entre grandes muestras de alborozo, a fines del mes de rabî’ az-zani del año 594/10 de marzo de 1198. Al quitar, una vez colocadas las manzanas, las fundas de lino que las protegían, el brillo del oro puro casi deslumbraba la vista; resplandecían tanto que semejaban las estrellas del zodíaco (Ibn Sâhib as-Salâ). Se las veía «de más lejos de una jornada». Las brillantes bolas del yâmûr causaban la admiración de musulmanes y cristianos, dejando estos últimos constancia de ello en la Primera Crónica General.

En el año 1356 rota, a consecuencia de un terremoto, la barra que sostenía las cuatro bolas, cayeron ésta a tierra con enorme estrépito, perdiendo para siempre su brillante remate. El rey don Pedro dejó en su testamento de 1362, tres mil doblas de oro castellanas para reparas la desmochada torre.

Fuente: musulmanesandaluces.org

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