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Los musulmanes nos reunimos especialmente los viernes para dar al Islam un alcance comunitario. El Islam es una actitud personal, un sentido de la trascendencia íntimo, una sensibilidad espiritual que hunde sus raíces en el corazón de cada uno de nosotros. Esto, sólo para empezar. Pero el Islam es, sobre todo, Tawhîd, sentido de la Unidad, y al igual que buscamos experimentar la reunificación en lo más personal, ésta no tiene ningún valor y no es verdadera si no nos unifica con toda la existencia, y, para empezar, con lo que tenemos más cercano. El Islam lo abraza todo, es un vínculo hacia adentro y hacia afuera, incluye en sí todo lo que es cada ser humano y, a la vez, lo reúne con los demás. Este es el sentido de la fraternidad en el Islam, del que el viernes -el Yúmu‘a, Día de la Reunión y la Asamblea- es una manifestación evidente.

El Islam es un Dîn. No es una religión, no es algo personal, no es una relación con Dios. El Islam es la claudicación entera de la existencia ante su Señor, el Rey que gobierna la existencia, el Uno que todo lo unifica. Es algo mucho más que una vocación espiritual. El Islam es Dîn, es un Camino en la Realidad, es una Senda trazada en la existencia en toda su grandeza, en toda su integridad, es una Sensibilidad reintegradora, es Conciencia de lo que supone vivir, y es Acción en conformidad con ese sentir. Esto es lo que significa la palabra Dîn, y debe ser objeto de una atenta meditación.

No debemos ser ingenuos. Los profetas, todos los profetas, vinieron a enseñarnos el Dîn, y no los sucedáneos de espiritualidad que se venden en los grandes supermercados. Los profetas vinieron con una gran exigencia, propusieron a la humanidad un gran reto. Y ese desafío recibe el nombre de Islam, de rendición a la Verdad. Dice el Corán: “Ante Allah, el Dîn es el Islam (ínna d-dîna ‘índa llâhi l-islâm)”, no hay otro Dîn. ¿Quiere decir esto que los musulmanes somos exclusivistas, que el Islam es mejor que las demás religiones? No; queremos decir que el Islam es el único Dîn. No es una religión, no es un hecho personal, no es una convicción íntima, no es una vocación espiritual, no es algo dado a la fe, no es una institución. Buscar la religión verdadera es perder el tiempo. El Islam es la raíz del ser humano, la raíz de la existencia, es la Realidad. El Corán nos invita a sumergirnos en esa fecunda fuente de nuestro ser. Tenemos que salir de la discusión tramposa entre religiones si queremos conocer sinceramente el Islam, si queremos saborear lo que hay de más profundo en el ser humano y a lo que lo asoma.

El Corán enseña que Noé dijo: “Se me ha ordenado ser de los musulmanes”. Abraham e Ismael dijeron: “Señor, haznos ser musulmanes”, Jacob dijo a sus hijos: “Allah ha escogido para vosotros vuestro Dîn, morid siendo musulmanes”. Y Jesús dijo a sus discípulos: “Apoyáos en Allah, si ciertamente sois musulmanes”. Las palabras de Jesús en el Corán resumen magistralmente lo que es el Islam: apoyarse en Allah sin miedo y dejar atrás a los dioses, rendirse a Allah para librarse de los ídolos.

El Islam es recuperar la frescura de la sensibilidad espiritual del ser humano, una sensibilidad con la que crear un mundo. Para hacerlo es necesario matar primero lo que nos agobia, que son nuestros dioses: sólo así saldremos hacia los horizontes infinitos de Allah. Para matar a los dioses, debemos conocer a Allah, debemos saber que Él es nuestro Único Señor, nuestro rey, del que dependemos en la raíz de nuestro ser, que Él nos hace ser, y ninguna otra cosa lo sustituye. Debemos conocer las dimensiones eternas que hay en la palabra Allah, intuir su Majestad y también su Belleza. Es así cómo nacerá nosotros la confianza, el Tawákkul, la actitud de depositar todo nuestro ser en Manos de quien realmente lo gobierna. Ése es el Dîn, la Senda sobre esa certeza.

No busquéis el crecimiento personal, no os agotéis vuestra vida en perfeccionaros. Buscad a Allah: salid de vuestras estrecheces, olvidáos por un momento de vosotros mismos, y entonces veréis lo que nadie ve y oiréis lo que nadie oye. Cumplid con el Islam para acercaros a Allah, no para ser mejores. Sed mejores para Allah, no para vosotros. Ahí está la clave. Dejad de adoraros, dejad de prestar atención a vuestro dios para encontrar al Verdadero, a la razón de vuestro ser, a vuestro Señor. No busquéis la paz, que en el fondo es atontamiento, sino más bien sumergíos en la Paz, en as-Salâm, en Allah. No os encerréis en la verdad: dejaos poseer por la Verdad, por al-Haqq, por Allah, al que nadie posee. Los musulmanes conquistaron el mundo diciendo: “Se nos ha ordenado eliminar las tinieblas de la estrechez para abrir los horizontes”. Y vosotros queréis encerraros en vosotros mismos, en vuestros egos, perdidos en laberintos infecundos. La verdadera espiritualidad es crecer en la inmensidad. Por todo esto, el Yúmu‘a, el Viernes, es muy importante.

Fuente: musulmanesandaluces.org

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