La sociedad capitalista occidental ha superado con creces a la sociedad esclavista de la edad media y moderna. La esclavitud aprovechaba la fuerza de trabajo para beneficiar a la clase esclavista. En la sociedad de consumo occidental, no solo se explota la fuerza de trabajo de las clases empobrecidas, también se apropian de los cuerpos de los pobres para tareas que las mujeres burguesas no pueden o no quieren realizar: la gestación subrogada y el tráfico de órganos.

A esto hay que añadir una nueva modalidad de gestación: la gestación a término con muerte cerebral. A la legislación cada vez más benevolente con el negocio médico, se le quiere añadir la posibilidad de disponer de los cuerpos con muerte cerebral o ya fallecidos para disponer de sus vientres y del resto de órganos para la gestación a término o para el trasplante de órganos.

A esto prodríamos llamar la apropiación de los cuerpos de los pobres para solucionar los problemas de salud de los ricos; un nuevo negocio con enormes posibilidades de beneficios. Si a esto añadimos la posibilidad de eutanasia para personas empobrecidas, en paro, o con problemas mentales, como ya sucede en la legislación de Canadá, nos encontramos con que los pobres seremos granjas humanas para alargar la vida de los ricos.

Hay quien podría creer que es una “fake news” aunque la noticia sea desgraciadamente cierta. La hizo pública el diario El colombiano. Posteriormente, se hicieron eco las redes sociales y fue recogida por El País. Después fueron las Tv “serias” de varios países. El debate está abierto. A algunas personas les podría parecer el guión de una película de terror, a otras les recordará los primeros capítulos de Un Mundo Feliz. Nada de eso. Ha sido el Colegio de Médicos de Colombia quien en un artículo en su revista oficial Epicrisis.org ha planteado la cuestión: “Sabemos que las mujeres con muerte cerebral pueden llevar embarazos a término; ¿por qué no deberían iniciarse embarazos para ayudar a las parejas sin hijos?”. “Los úteros de mujeres con muerte cerebral no deberían desperdiciarse”. El texto habla de aprovechar los cadáveres de mujeres con tallo cerebral seccionado y cuyos úteros aún son válidos para gestar a favor de mujeres que no puedan tener hijos o padecer embarazos de riesgo. Es la llamada “donación gestacional de cuerpo entero” o (Wbgd en inglés).

La propuesta es técnicamente viable pero entraña importantes debates éticos. A nadie debería escapársele el enorme negocio que representa. Tras las buenas palabras, como el celofán que envuelve el caramelo, percibimos sólo intereses espurios. Una parte de la casta médica ve en las nuevas regulaciones una fuente de ingresos enorme.

La gestación subrogada ya es un negocio. Las empresas privadas lo comercializan como un producto más (en Ucrania se ofrecen incluso con precios rebajados para el Black Fryday[1]). Está incorporado en la oferta de servicios al mismo nivel que los trasplantes de órganos. En EEUU algunos estados como el de California tienen reconocido los “vientres de alquiler”, el proceso viene a costar unos 165.000$. Evidentemente son las mujeres pobres, muchas de ellas inmigrantes legales o ilegales la diana objetivo. La perspectiva del cuerpo de la mujer utilizada como recipiente, como en el caso de la Wbgd, es una vívida ilustración de la explotación del ser humano más allá de la propia muerte. Es aquello contra lo que las feministas han luchado durante muchos años.

El artículo del Colegio de Médicos de Colombia se sustenta sobre la necesidad de una regulación de la gestación subrogada pero va un paso más allá. En el texto se mencionan las reflexiones de Anna Smajor de la universidad de Oslo que aboga claramente por la utilización del cuerpo de mujeres como recipientes para múltiples embarazos. Las reflexiones de esta investigadora tomaron forma en la revista Theoretical Medicine and Bioethics. La autora plantea que los pacientes con muerte de tronco encefálico puedan también con o sin consentimiento previo, donar órganos para trasplantes. Considerar entonces que el útero y el cuerpo que lo mantiene vivo es un órgano “donable” es una de las consecuencias lógicas. Hasta ahora las donaciones se suponían que eran para “salvar vidas” o mejorar la “calidad de vida de los pacientes”. La propuesta rompe esta lógica y ahonda en la mercantilización del ser humano a niveles nunca imaginados.

La bióloga noruega intenta adornar sus argumentos al comparar la morbilidad producida por el sarampión con la mortalidad asociada a la gestación. Es un argumento falaz. Olvida que el sarampión afecta a pocos miles de personas al año, mientras son cerca de 3.811 millones de mujeres (datos del Banco Mundial) las que forman la cohorte de la población femenina en el mundo. La lógica más elemental indicaría que el número de fallecidos por problemas en la gestación será muy superior al de la enfermedad vírica, sencillamente porque son cientos de millones más los posibles casos. Concluye la investigadora que el embarazo representa ciertos riesgos y que sería lógico erradicarlos en un futuro como si fuera una enfermedad más. La propuesta sería transferir ese riesgo a aquellas mujeres que no puedan verse afectadas por estos problemas. Tanto la investigadora noruega como el colegio médico coinciden. Como medio para aplacar las iras de los grupos feministas se propone (las técnicas se desarrollan a gran velocidad) que cuerpos de hombres puedan actuar como incubadoras fetales, en este caso el órgano más prometedor para el implante es el hígado.

El debate solo se acaba de iniciar. El negocio que se vislumbra es demasiado suculento.   El artículo del Colegio de Médicos de Colombia es la punta del iceberg. No es siquiera original, es la traducción de otro publicado en la revista australiana BioEdge de fecha 17 de enero del 2023. Este artículo cita las investigaciones de la ya mencionada Anna Smajdor.

Para la investigadora noruega, la donación gestacional de cuerpo entero sólo tiene diferencias de grado con una donación de órganos “normal”. La duración de la gestación con muerte cerebral más larga hasta la fecha fue de 110 días. El feto nació con el mínimo tiempo para ser viable 32 semanas de gestación. Tomando como base esa posibilidad los avances en ingeniería genética nos conducen a otros escenarios asociados como la selección de tipologías y características raciales. La WBGD, por otra parte, implica tratar el cadáver del paciente como un medio para un fin, más que como un fin en sí mismo. El paciente pasa de ser el foco de atención médica a ser un depósito de tejidos que pueden utilizarse para beneficiar a otros. La prolongación del período de ventilación es imprescindible, lo cual impone más preguntas. ¿Por qué no mantener el cuerpo de la persona por más tiempo para producir más embarazos incluso con múltiples embriones? Por otra parte se arguye otra ventaja, los padres comitentes (los futuros padres) podrán decidir sobre la continuidad o no de la gestación según sus propios deseos, sin tener que preocuparse por los efectos “colaterales” sobre la gestante. La gestación subrogada en cuerpos inertes sería el paso siguiente de toda una cadena de acciones que ya han comenzando con la investigación genética con fines militares, que sigue con la creación de “seres quiméricos[2]” y últimamente persigue la recombinación de genes de humanos y monos. En este campo se han realizado enormes avances en los últimos años. Aceptada la gestación subrogada de cuerpo entero el abanico de posibilidades y negocios que se abren es enorme. El doctor Mengele estaría satisfecho.

El debate planteado tiene múltiples ramificaciones, también en el campo de la donación de órganos. La clave en el negocio asociado a la donación de órganos; son por tanto elementos que se han de poner en contexto. Mientras países como Tailandia se plantean introducir la donación de órganos pagada otros como Canadá, un país con escasa tradición en ese campo, ocupan sorprendentemente las primeras posiciones en donación en personas que han optado por la eutanasia. El American Journal of Transplantation encontró que hasta 2021, la donación de órganos después de la eutanasia (ODE) se había realizado 286 veces en Canadá,  86 en los Países Bajos, 57 en Bélgica 7 en España. En total, se donaron 1131 órganos a 837 pacientes receptores.

Pero en la “civilizada Canadá” las leyes sobre el consentimiento para la donación son enormemente elásticas lo que explica, en parte, este aumento de la donación de órganos. Ese país ha sido denunciado por aplicar la eutanasia por causas sociales. Cuando la Seguridad Social, por efecto de los recortes, carece de fondos se ofrece la Eutanasia como solución. El 27 de noviembre pasado el “progresista” partido de Justin Trudeau impuso su mayoría parlamentaria y amplió la ley de eutanasia a pacientes con problemas mentales o económicos. La ley entrará en vigor en marzo del 2023. Incluye entre los susceptibles de recibir la eutanasia, a las personas con problemas mentales (por ejemplo la depresión); incluso ser indigente y quedarse sin techo podría llegar a ser una causa.  El caso que está removiendo las conciencias en este país es el de Christine Gauthier, ex millitar y ex atleta paralímpica. Auténtica heroína nacional que cuando pidió una silla salva escaleras se le contestó: “si está tan desesperada, señora, podemos ofrecerle ayuda médica para morir”. En otros países como el Reino Unido las últimas regulaciones permiten la extracción de órganos, tras el fallecimiento, sin consentimiento previo del finado.

El debate sobre la gestación subrogada se intenta camuflar hablando de regularlo. Este tipo de gestación está extendida en Latinoamérica pero otros países (Ucrania, Grecia, Portugal, Tailandia…) van camino de introducirla bajo contraprestación económica. La guerra y la pobreza empujan a las mujeres a aceptar los embarazos subrogados en beneficio de padres comitentes. Hay “circuitos organizados” para centenares de parejas norteamericanas y europeas, pudientes claro está, que optan por esta vía antes que por la de la adopción que suele ser más farragosa.  Es un problema ético: es explotar aún más el cuerpo de los pobres, en este caso de las mujeres pobres.

Como justificación se recorre al lenguaje del sentimentalismo “naif”. Se utilizan bellos términos, ética, solidaridad, altruismo y especialmente el argumento de moda la “libertad de elección”. Se supone que la mujer es libre de aceptar o no. Aunque olvidan que si esa libertad no se da entre iguales, económica o socialmente, no es tal libertad si se ha vender el útero para poder sobrevivir. Hay múltiples ejemplos de cómo en India u otros países se venden órganos para poder mantener a la familia. Las guerras son auténticos paraísos para la gestación subrogada y la extracción ilegal de órganos. Se oculta intencionadamente que son casi siempre las mujeres y hombres pobres las que se obligan a transitar por este camino.

Es una nueva fórmula de explotación capitalista.  Los médicos que sostienen esta tesis ven múltiples nichos de mercados muy lucrativos: parejas heterosexuales con alto “estatus social”, para las que una gestación natural representa ciertos inconvenientes en su vida social o profesional; parejas del colectivo LGTB con gran capacidad económica. Hay también un mercado de ofertas. Como hemos señalado en Ucrania se utiliza el Black Friday como reclamo. Otros como en Colombia la gestación subrogada, es más atractiva que en Occidente (65.000 contra 150.000$) de los cuales sólo unos 6.000$, en el mejor de los casos, son para la madre. La posibilidad de “diseñar” los futuros hijos a la carta, normalmente tipo nórdico, es otro de los grandes atractivos del negocio.

Nos acercamos cada día al mundo descrito por Aldous Huxley en su “Un Mundo feliz”.

Notas:
[1] https://epicrisis.org/?s=gestacion+subrogada&search_button
[2] Las quimeras según la mitología griega tenían cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón. Se han realizado experimentos implantando células humanas en embriones de ovejas o cerdos. El equipo científico que diseño los experimentos estaba liderado por Juan Carlos Izpisua Belmonte que ayudó en 2017 a crear el primer híbrido humano-cerdo. El embrión fue destruido a los 20 días.

Fuente: elviejotopo.com

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