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Entre Hiroshima y Gaza… Estados Unidos sigue siendo el gran Satán

Los hechos desde Hiroshima, pasando por Corea, Vietnam, Afganistán e Irak, hasta llegar a Gaza, prueban la precisión y profundidad de la descripción. No hay nada que pueda describir a los Estados Unidos como algo menos que el Gran Satán y a “Israel” como algo menos que el mal absoluto.

La declaración del senador de EE. UU., Lindsey Graham, sobre la bomba nuclear viene a confirmar a las generaciones que no vivieron en la época del fundador de la República Islámica de Irán, el Imam Khomeini, la precisión y profundidad de su descripción de Estados Unidos como el Gran Satán. 

Graham compara la posición de Washington sobre la guerra en Gaza con el incidente del uso de armas nucleares por parte de los Estados Unidos contra Japón.

Este incidente representa el pináculo de la arrogancia que la humanidad presenció durante el siglo XX, contiene las fuentes del mal absoluto que le puede ocurrir a un ser humano y expresa una mentalidad criminal profundamente arraigada entre los tomadores de decisiones y los funcionarios estadounidenses, la cual puede ser calificada como obra satánica.

Quizás el llamamiento de Graham a repetir la experiencia con Gaza más de 75 años después del crimen sea una prueba de que el nivel de maldad estadounidense va en aumento y no al revés.

Graham pidió dar a “Israel” las bombas necesarias para poner fin a la guerra y dijo en entrevista televisiva: «Cuando nos enfrentamos a la devastación como nación después de Pearl Harbor y luchamos contra los alemanes y los japoneses, decidimos poner fin a la guerra bombardeando Hiroshima y Nagasaki con armas nucleares. Esa fue la decisión correcta».

Y añadió: «También darle a `Israel´ las bombas que necesita para poner fin a la guerra»

Por otro lado, preguntó: «¿Puedo decir esto? ¿Por qué fue aceptable que Estados Unidos lanzara bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki para poner fin a la guerra existencial entre ellos? ¿Por qué fue apropiado que hiciéramos eso? Entonces, `Israel´ haz lo que tengas que hacer para sobrevivir como Estado judío».

Esta declaración exige un retorno a lo que sucedió el 6 de agosto de 1945 y los acontecimientos que lo precedieron y siguieron, y queda claro que lo que dijo Graham no es una excepción en la mente y la conciencia estadounidenses. El orgullo por lanzar la bomba que los estadounidenses llamaron “el niño pequeño”, y la falta de sentimiento de culpa o remordimiento alguno por el crimen mayor, como aparecía en las palabras de Graham, fue abrumador desde los primeros momentos de su comisión.

Los datos históricos indican que durante la operación, el presidente estadounidense Truman estaba encontraba a bordo del crucero Augusta. Tras enterarse del éxito del ataque, corrió al comedor e informó a los presentes con voz llena de emoción: “Acabamos de lanzar una bomba sobre Japón con una capacidad superior a 20 mil toneladas… Fue un éxito asombroso. Nunca dudé de la necesidad de utilizarla”.

En cuanto al gran shock, fue evidente en la propia posición de Truman cuando Robert Appenheimer, quien trabajó en la fabricación de la bomba, le expresó que su conciencia le advirtió después de arrojar la bomba y sintió sangre en sus manos.

El presidente estadounidense respondió: «Está bien, es fácil quitarlo con agua».

Casi setenta años después, en 2015, el presidente Obama realizó la primera visita de un presidente estadounidense a la ciudad de Hiroshima. En medio de los rituales de celebración, Obama no ofreció disculpas y consagró el enfoque arrogante estadounidense prevalecientes en todas las épocas y etapas. 

Las cosas no terminaron ahí, ya que los estadounidenses completaron su crimen al trabajar para derrotar moralmente a los japoneses y privarlos de su derecho a exigir represalias al criminal y responsabilizarlo.

A su vez, los estadounidenses alcanzaron este objetivo al adoptar mecanismos de guerra cultural y psicológica, los cuales el sociólogo japonés Shunya Yoshimi llamó “la americanización de los ojos y los oídos”. 

Las cosas llegaron al punto en que el 80 por ciento del pueblo japonés apoyó las políticas estadounidenses y asumió el estilo de vida occidental que las eliminó. 

Todas las formas de objeción japonesa a los Estados Unidos abordaron la tragedia de Hiroshima y Nagasaki con una especie de aceptación y sumisión incomprensibles.

Los estadounidenses lograron borrar la imagen del ocupante y asesino estadounidense mediante el uso de propaganda basada en el engaño y la mentira, dos herramientas que los estadounidenses consideran necesarias en la propaganda y las guerras blandas.

Una de las principales mentiras adicionales que practicaron los estadounidenses fue sobre las razones para lanzar la bomba nuclear en la mañana del 6 de agosto de 1948. En su última declaración, Graham adoptó la narrativa que los estadounidenses trabajaron para establecer durante setenta y cinco años.

También alegaron que era necesario lanzar la bomba nuclear para derrotar a Japón y poner fin a la guerra. 

Graham llegó incluso a considerar que el uso de la bomba ocurrió en el contexto de una respuesta a una amenaza existencial para los estadounidenses, y esto es lo que los hechos refutan y lo que los historiadores niegan. 

Japón cayó militarmente desde principios del año 1945, y aviones de combate estadounidenses sobrevolaron el cielo de Tokio y realizaron bombardeos a corta distancia sin ninguna objeción por parte del ejército japonés. 

El verdadero objetivo de lanzar la bomba nuclear era aterrorizar al mundo y abrir el camino a la era de la hegemonía estadounidense con un acontecimiento criminal para introducir miedo en los corazones y las mentes del mundo e impediría la mera idea de desafiar a Estados Unidos.

Este enfoque no es un secreto. Uno de los profesores estadounidenses de ciencias políticas, Harlan Ullman, lo expresó en un libro titulado Shock and Awe, donde dice: “Estados Unidos debe utilizar la carga más fuerte de intensidad y concentración, y una fuerza arrolladora, tal que los nervios de cualquier enemigo colapsan y su fuerza sea debilitada”.

Y continuó: «El ejército estadounidense debe utilizar los máximos niveles de violencia desde el primer momento, lo que garantiza crear una sensación de impotencia en el enemigo que lo abruma por la tiranía de una superioridad incomparable».

«El impacto que debe causar el primer momento de cualquier guerra emprendida por los Estados Unidos debe ser cercano al impacto de la bomba de Hiroshima», añadió.

De estas palabras está claro que el vínculo que Graham estableció entre Hiroshima y Gaza no surgió de la nada, es una extensión natural de la mentalidad criminal estadounidense, el enfoque de hegemonía arrogante y una encarnación precisa de ello, el comportamiento del Gran Satán. 

Lo practicado por los israelíes en Gaza es una traducción fiel de la escuela estadounidense que Graham y Ullman expresaron honestamente y sin máscaras.

Los israelíes están llevando a cabo un genocidio similar al cometido por los estadounidenses en Hiroshima, y no sentirán remordimientos de conciencia como no lo hicieron en 1948, y seguirán repitiendo mentiras, y encima de eso apuestan a que los palestinos olviden la  Nakba/catástrofe debido a más conmoción y horror.

Todo esto nos devuelve a la descripción hecha por el Imam Khomeini sobre Estados Unidos. Los hechos desde Hiroshima, pasando por Corea, Vietnam, Afganistán e Irak, hasta llegar a Gaza, prueban la precisión y profundidad de la descripción. No hay nada que pueda describir a los Estados Unidos como algo menos que el Gran Satán y a “Israel” como algo menos que el mal absoluto.

Bouthayna Ollaik/Periodista libanesa.

Fuente: Almayadeen

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