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Los “expertos” occidentales pronostican el colapso económico de China, causado por el estallido de la burbuja inmobiliaria, el endeudamiento excesivo y el estancamiento de la economía.

A ello hay que sumar el bloqueo creciente de los mercados internacionales impuesto por Estados Unidos y apoyado por sus acólitos en Asia.

Hace años que la crisis inmobiliaria, como la de Evergrande, ha alcanzado niveles peligrosos en China, pero es difícil que haya un colapso económico porque el gobierno controla estrictamente la política económica a través del banco central y los cuatro grandes bancos comerciales públicos, que son los más grandes del mundo, y la llamada “banca en la sombra”, capaz de absorber las deudas imposibles.

El gobierno puede ordenar a los cuatro grandes bancos que intercambien préstamos morosos por acciones y olvidarse de ellos. Puede decirle al banco central que haga lo que sea necesario. Puede decirles a los administradores de activos y a los fondos de pensiones estatales que compren acciones y bonos para respaldar los precios y financiar negocios. Puede decirle a los bancos publicos malos que compren deudas incobrables de los bancos comerciales. Puede alentar a los gobiernos locales a llevar a cabo proyectos inmobiliarios.

En una palabra, el gobierno puede utilizar sus “activos” que constituyen un sector público muy poderoso y perfectamente controlado. Si es necesario, lo hará a costa de abandonar la liberalización y entrar en una economía de guerra o, por decirlo más suavemente, en una economía dirigida.

En los últimos años, el sector privado ha crecido en tamaño e influencia en China, junto con una desaceleración del crecimiento del PIB real, la inversión y el empleo. No sólo ha crecido no solo en términos absolutos, sino también relativos, en proporción dentro las empresas más grandes del país, medido por ingresos o valor de mercado.

Las empresas publicas aún dominan entre las empresas más grandes en términos de facturación, pero su preeminencia se está erosionando. Ahora China debe restringir la expansión del sector privado, introducir planes de inversión pública y subir los salarios para expandir el mercado interior.

La reunión del 23 de julio del Politburó del Partido Comunista de China ha rectificado sobre el sector inmobiliario. Durante años, ha tratado de reducir la deuda del sector. Pero ahora que la recuperación de la economía global está amenazada, está retrocediendo. La declaración oficial no menciona que “la vivienda es para vivir, no para especular”, como ha venido diciendo Xi Jinping desde 2017.

Además, el Politburó ha destacado el relanzamiento de la demanda de viviendas. A comienzos de este mes el nuevo director del banco central, Pan Gongsheng, se ha reunido con cinco importantes promotores inmobiliarios chinos para suministrar todo el crédito necesario.

El mensaje va dirigido a proteger Country Garden, el promotor inmobiliario más grande de China después de la crisis de Evergrande. Se trata de evitar el contagio a otras partes del mercado inmobiliario en apuros.

Sin embargo, a diferencia de los países occidentales, los precios están cayendo, lo que puede conducir a la deflación. Además, los créditos pueden propagar a las empresas zombis, en quiebra permanente.

El endeudamiento de China alcanzó un máximo histórico del 297 por cien a finales del añopasado. Es casi 43 puntos porcentuales por encima de la proporción de 2016.

Fuente; mpr21.info

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