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Lo que el actor argentino Norman Briski nos cuenta en esta entrevista es apliciable a todas las democracias burguesas occidentales, y más aún en el caso andaluz por la situación política colonial y por la situación económica de «dependencia»

Por Carlos Aznárez/Resumen latinoamericano

Actor argentino, dramaturgo, luchador por las causas justas es uno de los pocos trabajadores de la cultura, que como diría Rodolfo Walsh, no se subió al púlpito de la intelectualidad y se vino al barrio, al piquete, a la barricada, dice el autor de la entrevista.

Hablar con Norman Briski, uno de los mejores actores de Argentina, es hacerlo con un compañero con el que hemos compartido décadas de rebeldía frente al discurso autoritario de los que ejercen el poder para una sola clase, la de los ricos.

Norman es uno de los pocos trabajadores de la cultura, que como diría Rodolfo Walsh, no se subió al púlpito de la intelectualidad y se vino al barrio, al piquete, a la barricada, incluso, como ocurriera en los años 70, se comprometió en la lucha integral por la Revolución y la Patria Socialista. Tuvo intuición y también coraje para no tentarse con los brillos del centro y en esos mismos ámbitos donde muchos se desesperan por la fama, no dejó de crear con imaginación y mucha audacia.

Pensando en el teatro popular como herramienta organizativa dio impulso al Grupo Octubre, ligado a Montoneros, y luego del regreso del exilio, le siguieron Brazo Largo, Miguelitos y un largo recorrido hasta el actual Frente Cultural Che Adelita, lo han tenido como impulsor y partícipe. Ahora, como no, su nombre volvió a pegar un salto, debido a una actuación de excelencia en la película 1985. Con Norman esta vez nos metimos en las hendiduras del pensamiento crítico y obtuvimos un resultado más que satisfactorio. Pasen y lean.

-Gracias Norman por recibirnos y darnos esta entrevista. Argentina está cumpliendo cuarenta años de democracia. Así se vende el título, y me gustaría una reflexión tuya sobre el tema, sobre  todo porque volviste «en democracia” desde el exilio, tiempo después de Alfonsín asumir el gobierno. ¿Cuál es tu opinión sobre esta democracia? 

–Antes que nada, esta es una entrevista que yo quiero tener, porque en general las entrevistas que me hacen me fuerzan a poder devolverle a los que quieren que diga algo, en términos profesionales. En general están al servicio de alguna cosa que tiene que ver con publicaciones rentables. En cambio con vos es distinto porque hay coincidencias en lo que tiene que ser el periodismo, como esta primera pregunta que me haces.

«Me parece que siempre tuvo que ver que somos una neocolonia, para ser suave y no decir que somos una colonia. La colonia en ese sentido, con esa dictadura y con ese genocidio, sintió la resonancia de aquella democracia central que apuntaba que “deberían civilizarse un poco estos argentinos” porque si no, no podían hacer su negocio. Y entonces aparece Alfonsín, como una mediación de una transición de una dictadura a una democracia, dando cuenta que era más negocio que la dictadura. Que económicamente puede ser, porque es todo un pueblo. que estaba sabiendo o no, que están matando gente para implantar una economía de dependencia.

«Las democracias están hechas como sucursales de maneras, entre nosotros hipócritas, de hacer negocios donde no haya sublevaciones, llamaradas, insurrecciones, en fin, que no haya revolución. El asunto es apagar, con la democracia, la posibilidad de que un pueblo llegue más cerca a lo que significa la igualdad.  Eso es lo que me parece que pasó. Estas democracias son insípidas, inodoras, incoloras, hasta que no dan resultado, y el Fondo Monetario se tiene que meter para reparar, y ellos hacer negocio a su vez, diciendo que son el capital. O sea. si son el capital, son los dueños del trabajo. Entonces, las democracias son para mi hoy, lo que significa indoamérica, Latinoamérica, Iberoamérica, todas esas calificaciones que siempre tienen que ver con quien está agarrando el mando.

«Me parece que son insípidas en términos de que no buscan la igualdad sino que, hipócritamente, a través de la justicia, que ya sabemos lo que es, de vez en cuando aparece una reivindicación. Nunca nada que signifique ideas nuevas, sino reivindicaciones laborales, por ejemplo. La gente se está manejando, la gente digo no el pueblo, a ver si podemos  con la democracia, mejorar el sentido de lo que es la vida. Y se apagan las ideas. Y la tecnología, que viene del centro, del imperio, y que está adelante en términos tecnológicos, implanta maneras de control, de disipar, de democratizar la híper comunicación. No la comunicación, la híper comunicación. Yo con estos aparatos (señala  un celular) inmediatamente  puedo estar siendo visto en Kansas City, por decir un chiste».

-Te preguntaba por la democracia porque si caminas en los barrios más humildes, puede pasar que veas a alguien que vive en una casa que no es una vivienda ni un hogar, si no cuatro latas y una puerta desvencijada. Y se te pones a hablar, de pronto comprobás  cómo le llega el discurso que la gran mayoría ve por la televisión, y dicen: “hay que defender esta democracia”. Esta es la contradicción. O sea, le han lavado la cabeza a la gente de una manera estruendosa, que terminan defendiendo la soga  con que intentan ahorcarlos. Lo digo con respecto a un año electoral en la Argentina, donde la expectativa es otra vez que «hay que salvar a esta democracia» para que no caiga en manos de la derecha. ¿Cómo ves este tipo de planteo?

–La democracia habría que salvarla, pero ¿de qué democracia se trata? La democracia es casi una palabra que está buscando algo así como “somos todos iguales”. Eso es lo que está diciendo esta desigualdad emblemática, lo que pasó en Chile y en casi todo Latinoamérica, con raras excepciones que serían Cuba o Venezuela, que están cuestionando estas maneras. Y por supuesto que lo están votando los que están en contra de aquella democracia. Están creyendo en democracias con nuevos modelos. Lo que pasa es que a quién le pertenece la  palabra. Nos han expropiado las palabras. La palabra democracia está expropiada por el poder. En general las palabras son inventos del dominio, o sea que hay que tener cuidado.

-O sea, la definición podría ser: pelear por una democracia que nos salve de esta “democracia”

–Muy lindo lo que decís, claro. Pero es complejo para la comunicación, porque qué me estás diciendo, diría un tipo que va a laburar todos los días. Y ese mismo no sé si no sabe, porque él tiene en el cuerpo la explotación todos los días, sabe muy bien. El asunto es que vea una oportunidad posible. Nosotros muchas veces somos idealistas, y vemos la posibilidad imposible. En cambio los que van a laburar todos los días, están arrugados en su vida y en su existencia tan escasa, saben más que todos. El que sabe más de la explotación es el explotado. Nosotros observamos con el tercer ojo inquieto, sensible, pero no es lo mismo. Y esa gente sabe, o sea que apenas vea una coyuntura o algo que signifique atacar esta democracia para hacer otra, lo va a hacer. Y lo va a hacer con mucha fuerza. El asunto está en que no ve, por temas que conocemos, donde está la izquierda argentina, donde está la derrota frente al liberalismo que le ofrece a la gente una libertad artificiosa, una libertad tecnológica diría yo. Me parece que es eso, pero que saben. Yo no diría que no saben, a no ser que haya una dificultad, una anomalía, una enfermedad o algo así. Pero no, no es así, en la Argentina hay una reserva enorme frente a lo que significa la insurrección, que es cuestión de saber que tiene un camino asegurado que se acerca al poder.

-Fíjate que vos hablas de la gente que va a trabajar. Hay un gran sector de este país, en democracia, que el sistema lo  arrojó a  la cuneta, excluido. O sea, está marginado, no trabaja como asalariado, trabaja como puede en sus barrios, en sus lugares. Sobre ellos pesa ese segmento asistencialista llamado “planes” o programas. Desde el punto de vista paternalista de: “les damos de comer desde el estado”, pero que tampoco se cumple. Esto de alguna manera ha generado una sub clase, que es la de los marginados, que tienen que rebuscársela todo el día para sostenerse y sostener a sus familias. ¿Para ellos la democracia cuenta o no cuenta?

–Bueno, estamos hablando del peronismo acá. Del peronismo de hoy. El peronismo de hoy tiene una herencia, que expresa: “che, vamos a ocuparnos de esta pobreza porque…» Me acuerdo que Evita decía vamos a ayudar a la gente que está sin trabajo, la gente que está con hambre, cosa que está sucediendo hoy, parece mentira, en un país como este. Con un 53 por ciento oficial de esa marginación de la que hablás. A mí me parece que todavía está la manera formal de ayudarlos, con una Tolosa Paz que está haciendo la guerra, y me parece que son los pésimos entendidos por no bajar a la cuneta, como decís vos. No bajar a la marginación y obtener el discurso que tiene la clase que está anulada, ya que buscan la muerte de esa clase.

«El sistema está buscando la eliminación de esa clase. No hablemos de los liberales como Milei que claramente está diciendo que no merecen pertenecer a esta sociedad. Eso expresa un racismo que no se puede creer. Y eso también está en el peronismo hoy. Porque es un peronismo de corbata, incluso ya ni eso, porque son inteligentes y se van poniendo a la moda. Pero es una casta a la  que no le importa la pobreza, ni la conoce en profundidad. Entonces está la dádiva, como seguía con los liberales, que dicen “si sobra, que agarren algo y que vayan a la escuela”. 

– Ahora, en este marco, tenemos un nuevo peligro, que es algo que ya hemos sufrido. Y es que los gobiernos progresistas le ponen la alfombra roja a este tipo de personajes. Porque se está dando en Chile igual, la radicalidad hacia la derecha del gobierno chileno, echando a los inmigrantes, poniendo una ley como donde se facilita el gatillo fácil. Y aquí de alguna manera generando un clima, abriéndole la puerta, a veces sin querer, a tipos como Milei, como Patricia Bulrich o como Burzaco que acaba de entrar en el gobierno diciendo que va a aplicar la ley del talión contra los piqueteros. Los piqueteros se han convertido en el enemigo a derribar por parte de estas grupos políticos.

– Bueno, a la sociedad le implantaron un modelo de clases. Vos sabes que una clase va a querer ir para arriba y otra clase va a querer aplastar a los de abajo. Porque eso es natural en la famosa lucha de clases, que parece que como nunca se asumió como tal, queda como un hecho literario. Pero la Argentina está sufriendo este capitalismo dependiente, donde una clase está pensando en subir a la otra clase y por eso vota por la derecha. Porque la otra clase es la que está eligiendo un modelo económico de privilegio. Y que invita a la producción a sus amigos y conocidos y se reparte las utilidades con una plusvalía tal, que Marx se volvería a enterrar más abajo todavía. Me parece que eso es así. Porque el capitalismo produce clases, produce víctimas y todo se mide en un porcentaje.

«Eso está mal en la Argentina. Según el centro (El INDEC es U.S.A.), es Estados Unidos el INDEC, que dice: ¿qué porcentaje tenemos de pobreza en la Argentina? Yo me acuerdo de haber tenido esta conversación con uno de los Di Tella, y me decían que mientras estemos entre el 8 y el 12 por ciento, no hay problema. O sea que se está calculando la marginación, la pobreza. Es un cálculo del capitalismo. Si son más del 12 por ciento, ojo que me pueden hacer una huelga, ojo que aparecen los piqueteros. Entonces van a tratar de reducir, no por buenos o humanistas, sino para seguir con el sistema de capital y trabajo, es muy simple. Pero es muy complicado tener hoy un 53, 54 por ciento en el INDEC de pobreza. No se puede calcular lo que puede pasar. Y claro, los piqueteros son el enemigo número uno de la sociedad porque no permite el juego del auto que va a buscar la escalada hacia la otra clase. “Me está jodiendo este tipo porque  soy  un emprendedor. O sea, soy el patrón de mí mismo. Ese es el nuevo modelo. Entonces, tenemos todo, la computadora y todo en casa, ya no vamos a la fábrica. Ahora la fábrica es apretar un botón».

– Incluso, ya lanzaron una  palabra clave: “home office”…

– Bueno, yo hablo de todo esto y soy un home office hasta que me llaman para decir algo de memoria, pero sí. Es la comodidad. La comodidad es una tentación de los reyes, que han eliminado a poblaciones enteras para seguir en la comodidad.

-Norman, en el marco de estos cuarenta años y también de los 47 del golpe militar que acabamos de recordar, 985, la película tan propagandizada en estos días y tan premiada. ¿Es una casualidad o es parte de una necesidad de dar una respuesta?  Vos también dijiste a veces que se intenta adormecer. Esto no digo que adormece, pero de alguna manera convoca a un debate que termina en poco y nada.

-Todo termina en poco y nada. Todo. Si vos querés salir a la calle y decir: “no puede ser que esta democracia sea tan injusta”, a los diez minutos ya pasó. Todo es rápido, todo es veloz. Porque se ha creado una tecnología en la que la  revolución dura un minuto, un minuto y medio. Mas no, porque tenemos que cambiar el programa. Tengo que hacer otro programa que es de venta de desodorante, por ejemplo. Todo es veloz. Y nosotros creemos que la charla se elimina, estas charlas se acotan. “uy cuanto tiempo!! No, vamos a los avisos”… y la gente está interesada en los avisos, porque está la oferta. Porque el capitalismo no puede fallar en su mercado, entonces empieza la oferta. En 44 cuotas, pero si llevas el carnet de conducir por ahí te hacen el descuento del tres. Estamos viviendo así. Y la cabeza de la gente está en la oferta. A ver si todavía con esta oferta puedo viajar a Miami.  Y ahí compro más barato, y empieza una especulación que yo también, ahora que me voy a España, pienso a ver si me compro la remera esta que ya tiene un agujero en la parte de atrás. Estamos en esa. En un juego perverso de la relación del mercado con el capital.

«Y el capital no está tan bien. Porque está terminando sus últimos estertores, que está dependiendo de una sola moneda, el dólar. Pero cuando aparezca el rublo, me imagino a los argentinos ahorrando en rublos, en yen y en dólar. Mientras esté el  sistema llamado democrático se va a democratizar la moneda. Ayer le pregunté a uno del banco si hay alguien que esté depositando en yenes. ¿Y cómo sabes? Me dijo. O sea que se va a polarizar la economía. Sería una economía  multipolar, así le dicen. Y eso va a pasar, porque esta guerra que está sucediendo es inter capitalista, no es una guerra revolucionaria. Es la transferencia del capitalismo central hasta que aparezca el capitalismo ruso, el capitalismo chino, y nosotros somos la red de la cancha de tenis. Estamos ahí viendo pasar la pelota. A no ser que produzcamos algo que le falte al mercado. Litio, por ejemplo. Los brasileños ya han acumulado litio y no lo venden, para que se cotice más».

-Hay un  tema que tiene que ver con vos y yo sé que cada vez que te hacen esta pregunta te crispás. Es la cultura. Por dónde camina la cultura en este marco de guerra, de extractivismo, de adormecimientos. ¿Cómo pueden servir, si sirven, las acciones culturales por ejemplo?

– No lo sé. La verdad que no lo sé. La cultura debería sensibilizarse en términos de que se dé cuenta de los sucesos, de cómo se ataca a los piqueteros, por ejemplo. El tema de ir y estar con los piqueteros. No para ir y hacer una foto con ellos sino para obtener el discurso de lo que significa la marginación hoy. Me parece que la cultura no está en eso. Por lo que yo veo. Pero puede ser que soterradamente en algún lado se esté haciendo una cultura como lo que yo veo en el (Frente Cultural) Che Adelita, en la calle. Aparece una idea de una estética distinta. Relacionada no solamente a la denuncia sino a la propia complejidad humana, en sentido de que esto no sucede en la Argentina sino en todos lados, una lucha por la emancipación. La cultura si no está en la insurrección, en la búsqueda de nuevas estéticas, está muerta.

-Eso que decís es Walsh puro a nivel de la intelectualidad. Rodolfo Walsh planteaba eso en los años de plomo. Ahora, te doy dos ejemplos. Vos dijiste, Frente Cultural Che Adelita del que sos parte; pero también los otros días viendo la revuelta peruana se viraliza una canción que empieza diciendo “Dina asesina” y  sigue con que «la democracia que vos decís no sirve para nada»… eso se viraliza y lo graban. Primero un grupo andino, aimara y después más gente. Ese tipo de respuestas existen. Está claro. Aquí Che Adelita, los otros días, el 24 de marzo, con una muñecota gigantesca representando a la memoria, que era atacada por los cuervos  A veces, eso vale más que 200 películas financiadas por el INCA o ese tipo de acciones “culturales»financiadas para una clase media que consume “cultura”?

–Yo no sabría responder a eso. Creo que cuando aparecen estas sociedades que están en unas crisis severas, afloran unas viralizaciones en distintos estamentos. En algunos será el enojo de un mozo en un bar, que no quiere estar ahí 12 horas laburando, y no es registrado como tal. O una película que esté haciéndose en base a la explotación sanguínea que se está realizando en muchos sectores. O sea que hay escenas en todos lados que son de carácter emancipatorios. Para la clase media argentina, que sale con la banderita a aplaudir sobre las Malvinas. La misma clase que festeja el mundial, que son millones. Aparece también la emancipación catártica, diríamos. La otra es una emancipación elaborada, que sería un sistema igualitario, o un  sistema no igualitario, que es lo que se busca. Porque la alegría que tuvo la gente de que ganáramos el mundial, contiene una catársis frente a lo que está pasando. Y se nota a la legua. Después tenemos que estar nosotros diciendo “mira vos las ganas que tiene este país de estar juntos”.  Y es emocionante. Porque por ése rato vos ves un laburante de un barrio, con un tipo de clase media, inclusive con algunos que salen con la banderita. Hay una idea de pequeñas escenas que van constituyendo la toma del palacio.

-El tema es quienes trabajan todo el día para que esa alegría y esas ganas de estar juntos no sucedan con continuidad. Son como explosiones que se producen, puebladas de alegría. Pero el sistema las controla rápidamente.

–No solamente lo controla, se monta arriba, como pasó en Chile. Toda la revuelta chilena es ejemplar para la historia de la humanidad. Lo que ha hecho ese pueblo para reivindicar la igualdad no tiene parangón, no tiene comparación posible. Viene este tipo y se monta con su partido de izquierda sobre una rebelión que, habría que estudiar por qué no pudo producir la toma del poder. Eso es otro síntoma. Bueno, fracasa esa población en términos de sus reivindicaciones, de sus ideas que eran casi poéticas. Las aplastan, montando algo reformista arriba para que se legalice como democracia. Entonces el imperio los deja. Con Allende no, porque se daban cuenta que «estos ya se meten en el poder y se meten en la Moneda». Ahí sí: “vamos ejército, sirva para algo, porque estamos pagándole todo el año y no hacen nada, tienen que ir a matar”.

-Tenés 96 películas realizadas, estas en este momento muy en el tapete por distintas  propuestas teatrales y últimamente por esa gran actuación en  985. En ese marco estás nominado en España para un premio y partís pronto para Madrid. Qué te gustaría hacer que no has hecho en ese terreno, me refiero al plano cultural político, porque sos uno de los pocos que ha subsistido a lo largo de los años en la motivación ideológica. 

–Yo tengo una película que se llama Sumergible, que está motivada sobre la idea de los desaparecidos. Pero queda lejos porque yo no estoy en una crónica. Yo estoy en la creatividad que podría ser que comunique o que no. Estoy más cerca de un hecho poético de la realidad que de una crónica. Porque no lo sé hacer y admiro enormemente lo que es Resumen Latinoamericano y todo lo que sea ser testigo de toda la idea emancipatoria, de la rebelión, de la protesta, de la denuncia. Pero yo estoy con una manera distinta desde mi niñez, de hacer lo que algunos llamarán traducciones, o hechos poéticos que tienen sangre, que tienen fuego. No es un hecho poético académico ni mucho menos. Y esa película, Sumergible, es una historia de una persona que tiene una enorme posibilidad de desaparecer. El tipo tiene capacidad para desaparecer. Entonces todo lo contrario, diríamos, no es que lo desaparezcan sino que él aprendió a desaparecer. Para aparecer cuando valga la pena, cuando sepa que apareciendo va a ser multitudes.

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