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El Islam es Fitra, naturaleza primordial.  Con el Islam, el ser humano recupera su “yo” de entre las miserias del ego para hacer de él el instrumento con el que vuelve a su sentido integral de la unidad del universo. Su yo es un regalo de Allah con el que ha emergido de la indiferencia de la naturaleza a la conciencia y esa es la clave de su soberanía y califato. Pero él yo tiende hacia el ego, es decir, al aislamiento del individuo que pierde entonces la verdadera dimensión de la vida y la convierte en un cúmulo de realidades dispersas y pretendidamente autónomas. Con el Islam se vuelve a tomar el impulso que hizo del hombre un ser humano pero aún en estrecha armonía con la vida que ve fluir mágicamente por todo el universo. No se trata de una teoría, ni del fruto de una meditación reflexionada, ni mucho menos de una pose ecologista: forma parte estructural de la personalidad del musulmán, de su mundo de percepciones e intuiciones íntimas y está en la inmediatez de sus sensaciones, de la información que recibe a través de los sentidos.

Esta extraordinaria sensibilidad lo hace capaz de aprovechar energías y fuerzas de la naturaleza sutil oculta tras la apariencia de los fenómenos pero que sin embargo son su esencia espiritual. Esta intensidad vital de todo lo existente puede transformarse en una especie de efluvio intangible, más o menos poderoso, al que se da en árabe el nombre de Báraka. Báraka significa salud, abundancia, fecundidad y prosperidad: son, en realidad, sus efectos pues en si misma no es descriptible. Es un poderoso tonificante espiritual que repercute positivamente en todas las dimensiones de la vida. Emana de ciertos objetos, de ciertos lugares, y de ciertos momentos.

El Quran tiene Báraka –sus letras, sus sonidos, su recitación-: “Y este Libro que te revelamos es Mubarak”, es decir portador de Báraka. Y las mezquitas, los olivos, las palmeras, el agua, la Meca, la noche vigésimo séptima de Ramadán, algunas piedras (¿Qué sentido tiene, si no, el tocar la Piedra Negra que irradia una especialísima Báraka?), y también determinadas fuentes, ríos , lagos, grutas, bosques, montañas. El concepto musulmán de Báraka y todas sus connotaciones tienen una enorme trascendencia. Da al ser humano no sólo la posibilidad de aprovecharla sino de convertirse también en su transmisor; Es el caso del wali, aquél que en su progreso espiritual ha pulido en extremo su sensibilidad y agudizado enormemente sus sentidos, y no sólo recibe la Baraka que le rodea sino que la proyecta, y cuanto más cerca está ese hombre de Allah más intensa es su Báraka. Tanto vivo como muerto su Báraka continúa siendo efectiva y todo el que lo visita o se acerca a su tumba es penetrado por ella. Muhammad (s.a.s.) hizo de Medina el Haram de su Báraka.

También la Báraka puede ser transferida voluntariamente cobrando una especial fuerza, o ser retirada según unas técnicas determinadas. Aparte de los awliyá, otras personas pueden poseer Báraka en menor grado: los que conocen el Quran de memoria, los niños pequeños, los ancianos, los locos, todos ellos si son inocentes y bondadosos. También puede haber Báraka en los animales: especialmente están dotados el caballo, el gato, la cigüeña, la golondrina, la abeja. Por supuesto, los árboles y las plantas, y sus productos: ya hemos citado algunos, añadamos a la lista el laurel y la henna. Y también tiene Báraka los solsticios, los viernes, determinadas palabras, los números impares, ciertos talismanes… 

La Baraka es testimonio de una presencia sutil de la Fuerza de Allah bendiciendo y transmitiendo prosperidad y fecundidad, espirituales y físicas. Baraka es la magia de algunos lugares, de algunas personas, de algunos objetos, una magia buena que aprovecha a la que la recibe. Percibirla es estar en la Fitra, es haber recuperado esa dimensión en la que se está íntimamente ligado a la vida y sus energías. Mientras el monoteísmo judeo-cristiano, en su rigor totalitario, entró en lucha contra lo que consideraba un atentado supersticioso contra el culto a su Dios, el Islam recogió sin problemas el venero de la antigua sensibilidad humana gracias a la cual el ser humano ha sido capaz de trascender. Sólo a los que no comprenden realmente el significado del Tawhid les puede parecer paradójico el rigor con el que el Islam afirma la Unidad de Alá y la importancia dada por los musulmanes a la Báraka, que muchos identifican con la idolatría y el culto a los santos, al totemismo, al chamamismo, etc., El Tawhid no es  monoteísmo: Éste es un producto del ego, es el Dios a la medida del hombre aislado, el ser supremo en su separación. A su vez el materialismo es un producto, o mejor dicho otra de las formas del monoteísmo llevado a sus conclusiones lógicas.

Monoteísmo-materialismo es el dominio perfecto del ego imperante. Tawhid es clarividencia del yo en su intuición del Uno, del Uno previo a todo y no un producto de la elaboración del discurso humano, el Uno soporte y destino de la realidad, y no ser supremo idealizado, sino verdad de todas las verdades y referencia primera y última del ser humano. El Islam no erige en ídolos a las fuerzas de la naturaleza, no las “separa” de la realidad, no las abstrae ni las mitifica, sino que las reconoce y se relaciona con ellas desde su perspectiva unitaria. A marcha veloz, los musulmanes en la actualidad parecen como hipnotizados por los valores judeo-cristianos, por su mentalidad en la que todo está aislado y justificado, por una ciencia arrogante y enajenadora, y quieren disfrazar al Islam con ropajes que no son suyos, convertirlo en “monoteísmo” y llamar al verdadero Islam “rural”, como si alguna vez hubiese existido un Islam urbano y sofisticado al modo de la religión de los colonizadores. Para la cuestión que estamos viendo, el recurso es mediocre: Se cofunde el “tabarruk”, el acto de aprovechar la Báraka, con la ´Ibada, el acto por el que se reconoce el poder de Allah, confundido con “culto”.

Fuente: musulmanesandaluces.org

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