La Inquisición 2.0 de Bruselas ordena recortes contra los pueblos de Europa

A la luz de las noticias que nos llegan de Europa, los que mandan ni siquiera intentan ya disimular una obviedad: que su supuesta “democracia” no es más que la dictadura de “los mercados” (oligopolios, en realidad) financieros. Y es que esta semana la Comisión Europea ha abierto “Procedimientos por Déficit Excesivo” a Bélgica, Francia, Italia, Hungría, Malta, Polonia y Eslovaquia, que deberán presentar planes de ajuste antes del 20 de septiembre.

Lo que hayan votado sus pueblos importa tanto como quién haya ganado ese año el festival de Eurovisión, ya que los nuevos señores feudales han incluido uno más a los siete pecados capitales: que el déficit público supere el 3% del producto interior bruto (PIB). Así, Italia ha sido excomulgada por registrar un déficit público del 7,7% de su PIB y Francia, por un déficit del 5,5%. Entre otras.

El progresismo autóctono se muestra exultante por que España haya sido excluida de tan selecto club de “derrochadores”: otro logro sin igual del maquiavélico príncipe Sánchez contra las derechitas (la cobarde y la supuestamente valiente). Sin embargo, desde el punto de vista de los intereses materiales del pueblo, la euforia se desinfla por completo cuando leemos la letra pequeña: España no ha sido expedientada porque, de manera voluntaria, ha suscrito un “Programa de Estabilidad” que tiene más que contenta a la cleptocracia de Bruselas. ¿No hizo lo mismo el señor De Guindos hace una década, presumiendo de “salvar a España del rescate”, cuando en realidad lo que hizo fue suscribir el “rescate” más salvaje posible contra su propio pueblo, solo que de manera voluntaria y servil?

Por si fuera poco, el 30 de abril, como denunciamos desde esta tribuna virtual, la dictadura de la Comisión Europea determinó también que los países con una deuda superior al 90% de su PIB estarán obligados a reducirla en un punto porcentual por ejercicio. Y España despidió 2023 con una ratio de endeudamiento sobre PIB del 107,7%. Blanco y en botella.

Así, entre su deuda y su déficit, y en virtud del “Programa de Estabilidad”, España (gobiernen los fachas o bien los progres igual de serviles al Ibex) deberá recortar cuanto menos 20.000 millones su gasto público durante los próximos dos años. “Estabilidad” para los beneficios multimillonarios de la banca, y precariedad absoluta para la población. Pero, por suerte, a Sánchez siempre le quedará la opción de pintarlo de verde: el gobierno espera sacar miles de millones en impuestos medioambientales. Eso sí, los impuestos sobre el patrimonio y las grandes fortunas no serán incrementados; pero siempre podrán recortar en sanidad, educación y pensiones. Lo primero sería “polémico”; lo segundo, “responsabilidad de Estado”. Lo de siempre.

Por si fuera poco, ahora quieren imponernos más recortes para pagar las (auto)sanciones suicidas y los delirios bélicos de la OTAN. Si no tenemos memoria histórica suficiente para recordar quién liberó a Europa de los nazis (los soviéticos), al menos podríamos tener memoria histórica de la última década y media. Hace solo cinco años España salió oficialmente del Procedimiento de Déficit Excesivo (al que denominaban demagógica y perversamente “el brazo correctivo de Bruselas”, por no llamarlo el Tribunal de la Santa Inquisición 2.0), tras una década entera de tijeretazos y crímenes contra su propia población, ejecutados fielmente tanto por PSOE (y sus socios) como por PP (y sus socios). Todo ello hasta situar el déficit en el 2,5% en 2018, tras pedir varias prórrogas y agachar la cabeza ante cada nuevo “objetivo” le imponían los inquisidores psicópatas de la “próspera” (para ellos) gobernanza europea. ¿De verdad queremos vivir otra década perdida de paro, emigración y desahucios en la que humillen a nuestro pueblo?

Sabemos que la estupidez de “la deuda y el déficit” es solo otro mantra más que repiten para intentar que la población acate la hoja de ruta de los banqueros y grandes capitalistas. Incapaces ya de evitar que la tarta reduzca su tamaño, intentan ahora que sea nuestro trozo del pastel (el del pueblo) el que decrezca. Para calar entre las masas, el futuro frente popular que les haga frente deberá olvidar las trifulcas entre banderas e identidades, asumiendo la sagrada causa del bienestar de la población, que pasa por defender un único “recorte”: el de la porción del pastel de los parásitos del Ibex y de quienes amasan fortunas en bancos suizos.

Fuente: Insurgente

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