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Por Thierry Meyssan

A pesar de los innumerables comentarios de la prensa occidental en ese sentido, Evgueni Prigozhin nunca quiso dar un golpe de Estado contra el presidente ruso Vladimir Putin. Quizás quiso, eso sí, chantajearlo para conservar los privilegios que él mismo ha acumulado desde que creó su firma de seguridad privada. Pero acabó volviendo a la razón y reincorporándose a su función.

¿Pudiera el intento de “golpe de Estado” de Evgueni Prigozhin llegar a modificar el panorama militar en Ucrania? Ese es ciertamente el anhelo de la OTAN, que inmediatamente puso sus esperanzas en la rebelión de Prigozhin, llegando incluso a movilizar sus agentes “durmientes” en Rusia. Washington y Londres esperaban concretar por fin el proyecto de dividir Rusia que no lograron llevar hasta el final en 1991 [1].

La creación de firmas militares privadas, como el grupo Wagner, fue una idea a la que el presidente Vladimir Putin dio luz verde como medio de poner a prueba nuevas formas de mando antes de proceder a seleccionar las mejores para aplicarlas en las fuerzas armadas rusas. En varios años, en efecto, esas firmas militares privadas han ensayado muchos métodos de mando diferentes, demostrando a menudo su eficacia.

Ahora, había llegado el momento de completar la reestructuración de las fuerzas armadas rusas y de disolver esas firmas privadas, integrando sus hombres a las tropas regulares [2]. El presidente Putin había fijado una fecha límite para hacerlo: el 1º de julio. El mes pasado, el ministerio de Defensa envió cuestionarios a las diferentes firmas militares privadas para planificar su incorporación al ejército. Pero el grupo Wagner se negó a responder y Prigozhine intensificó sus insultos contra el ministro de Defensa y contra el jefe del estado mayor.

Es importante tener una clara comprensión de lo que sucede. La creación de firmas militares privadas en Rusia es un proceso equivalente al que se inició en Estados Unidos, con Donald Rumsfeld como secretario de Defensa, cuando Washington comenzó a recurrir cada vez con más frecuencia al uso de “contratistas” militares privados, al margen del Pentágono. Al principio, aquello funcionó, pero los “contratistas” militares privados comenzaron a trabajar también para la CIA y aquella mezcolanza dio lugar a una sucesión de catástrofes. Cuando aquellas firmas privadas militares estadounidenses trabajaban sólo para el Pentágono, sus jefes hacían declaraciones públicas, como Erik Prince, el fundador de Blackwater. Pero los jefes de las empresas militares privadas estadounidenses nunca emitieron críticas ni hicieron declaraciones contra el secretario de Defensa o contra el jefe del Estado Mayor Conjunto.

Dicho sea de paso, ni los elementos estadounidenses de Blackwater ni los rusos de Wagner pueden ser considerados mercenarios. Son individuos que luchan por su país y a quienes se paga por asumir riesgos que los jefes militares no pueden imponer a los soldados regulares. “Mercenarios” son aquellos que luchan, por dinero, bajo las órdenes de una potencia extranjera.

Ningún Estado del mundo habría tolerado que el jefe de una firma militar privada publicara diariamente ¡durante dos meses! videos y críticas incendiarias contra los jefes de las tropas regulares, incluso en medio de una operación militar de gran envergadura. Pero eso era lo que hacía Evgueni Prigozhin… ¡en Rusia! Los corresponsales que nosotros pudimos interrogar durante los dos últimos meses pensaban todos que el Kremlin permitía las vociferaciones cotidianas de Prigozhin como un medio de desviar la atención de las potencias occidentales y de camuflar la reorganización de sus fuerzas armadas. Algunos levantaron los ojos al cielo en marzo, cuando se habló de una hipotética candidatura de Prigozhin para convertirse en presidente de Ucrania.

Los servicios secretos occidentales se concentraron en este personaje desde el inicio de la operación rusa en Ucrania. El 18 de marzo, los servicios secretos de Occidente revelaron un millar de documentos sobre las actividades de Prigozhin [3]. Esos servicios de inteligencia querían dar a conocer la red de empresas y firmas que Prigozhin había creado. Las agencias occidentales querían así utilizar el comportamiento de Prigozhin para desacreditar el anticolonialismo que predica el Kremlin. ¿Cómo podría Rusia ser una potencia anticolonialista si Prigozhin saqueaba África a través de Wagner? Sin embargo, los documentos revelados demuestran que Prigozhin es un delincuente, pero no demuestran que robara en los países donde trabaja.

Evgueni Prigozhin participaba en la eliminación de la corrupción dentro de las fuerzas armadas, lo cual no le impedía participar en la corrupción fuera del ejército. Es posible que, al investigar sobre Prigozhin, los occidentales hayan encontrado una manera de manipularlo –Prigozhin es a la vez un patriota y un notorio estafador, condenado por la justicia en la Unión Soviética. Pero eso no lo sabemos aún y probablemente no se sabrá hasta que termine todo este asunto.

En todo caso, Evgueni Prigozhin se lanzó en una aventura digna de los oligarcas de la época de Boris Yeltsin. Prigozhin afirma que el ministro ruso de Defensa, Serguei Choigu, viajó a Rostov del Don para supervisar el bombardeo contra los hombres de Wagner. Prigozhin incluso acusa a Choigu de haber asesinado así a miles de hombres de Wagner. Y, finalmente, el propio Prigozhin abandona el frente ucraniano para presentarse en Rostov del Don y tomar posesión del cuartel general del ejército en esa ciudad. Luego anuncia que marchará sobre Moscú con 25 000 hombres de Wagner para ajustarles cuentas al ministro de Defensa y al jefe del estado mayor ruso.

En su último video, Prigozhin declara: «Estábamos dispuestos a hacer concesiones al ministerio de Defensa, a entregar nuestras armas, a encontrar una solución sobre la manera de que continuáramos defendiendo el país (…) Hoy, ellos atacaron con cohetes nuestros campamentos. Numerosos soldados han muerto. Vamos a decidir de qué manera reaccionaremos ante esta atrocidad. Ahora es nuestro turno de hacer nuestra jugada. Este monstruo [el ministro de Defensa Choigu] será arrestado.»

Es cierto que Wagner cuenta 25 000 hombres, pero no están todos en el frente ucraniano. Muchos están cumpliendo misiones en Asia y en África. Además, Wagner tiene aeronaves, pero no dispone de una fuerza aérea capaz de enfrentarse a la aviación regular rusa, lo cual le impide atacar una ciudad como Moscú. Su columna sería bombardeada sin tener posibilidades de protegerse.

En menos de un día, todas las autoridades de la Federación Rusa reiteraron su fidelidad al Kremlin. El presidente Vladimir Putin habló a sus compatriotas por televisión. Recordó el precedente de 1917, cuando Lenin sacó a Rusia de la Primera Guerra Mundial en momentos en que la victoria estaba cerca, y llamó a cada cual a asumir sus responsabilidades y a ponerse al servicio de la Patria, en vez de embarcarse en una aventura personal.

En ese discurso, Vladimir Putin rindió homenaje al coraje de los soldados de Wagner, recalcando que muchos dieron sus vidas por la Patria. No los consideró responsables de la situación, pero los exhortó a no seguir a su jefe en contra del Estado y, por consiguiente, en contra del pueblo.

Al final de su corta alocución a la Nación, el presidente Vladimir Putin concluyó:
«Salvaremos lo que es precioso y sagrado para nosotros. Venceremos todas las pruebas, nos haremos todavía más fuertes.»

Esta intervención del presidente Putin se difundió repetidamente a través de todos los canales de la televisión rusa, lo cual agregó una buena dosis de dramatismo a la situación.

El Fiscal Général de la Federación Rusa abrió una investigación contra Prigozhin por «organización de una rebelión armada».

A través de las redes sociales, Kiev lanzó un llamado a la oposición bielorrusa para que, aprovechando el desorden ruso, se sublevara y eliminara al presidente Lukachenko [4].

Los servicios de seguridad rusos, que desde el principio observaban a todos los protagonistas desde la sombra, detuvieron in fraganti a todos los traidores que empezaron a moverse, tanto en Rusia como en Bielorrusia.

En lo que quedaba del día, el presidente bielorruso, Alexander Lukachenko, ya alertado por el presidente Putin, se puso en contacto con Prigozhin, al parecer lo convenció de renunciar a sus planes y de revocar las órdenes que había dado a sus hombres. El presidente Putin se comprometió a respetar el acuerdo aceptado por el “rebelde” Prigozhin y este último anunció que renunciaba a su proyecto de “detener” al ministro de Defensa Choigu y al jefe del Estado Mayor Guerasimov.

Y ahí terminó la historia.

Primera observación: Nunca hubo un intento de «golpe de Estado». Wagner simplemente no contaba con los medios necesarios para “tomar” Moscú y Prigozhin nunca atacó verbalmente al presidente Putin. El propio Putin nunca denunció un intento de golpe de Estado sino «una puñalada por la espalda» a las fuerzas rusas mientras estas luchan en Ucrania.

Segunda observación: Tampoco hubo «motín». Wagner no depende del ministro de Defensa sino directamente de la presidencia. La única exigencia de Prigozhin era seguir siendo independiente de las fuerzas armadas regulares. Si bien está dispuesto a renunciar a sus actividades en el campo militar, Prigozhin se aferra a los negocios conexos que ha desarrollado en los teatros de operaciones donde ha estado presente. Como dijimos antes, Prigozhin es simultáneamente un patriota y un estafador.

Tercera observación: El presidente Putin calificó lo sucedido de «rebelión armada» y de «abandono del puesto». Wagner abandonó el frente, pero los ucranianos no se atrevieron o no pudieron atacar el sector del frente abandonado por Wagner. A pesar de todo, para los rusos no hay acto más despreciable que el de un defensor que abandona su puesto. Es por eso que Prigozhin había divulgado el día anterior un video donde aseguraba que Kiev no había bombardeado el Donbass durante los 8 años anteriores, contradiciendo así descaradamente las observaciones de la OSCE y del Consejo de Seguridad de la ONU. Por desgracia para Prigozhin, los rusos tampoco toleran que alguien cuestione injustificadamente la buena fe de su país y de sus representantes.

Llegados a este punto, se impone que hagamos otras importantísimas observaciones.

Nadie murió en medio de la «revuelta» de Prigozhin. Sus hombres entraron en Rostov del Don sin encontrar resistencia. Las tropas regulares no atacaron la sede de Wagner en San Petersbursgo. Y, al final, los hombres de Prigozhin… no marcharon sobre Moscú. El ministerio de Defensa nunca lanzó misiles sobre los miembros de Wagner, nadie ha demostrado que tal cosa haya sucedido. El Procurador General cerró el caso de rebelión. Los miembros de Wagner que no participaron en la rebelión han sido integrados a las fuerzas regulares rusas. Tres unidades de Wagner han regresado al frente. Los casos de los que participaron efectivamente en la rebelión serán tratados individualmente.

En definitiva, el Estado no se ha debilitado. La Federación Rusa y Bielorrusia han salido ganando.

Los rusos estiman que todo este asunto era mayormente un gran montaje: se vio una revuelta amenazante pero inmediatamente disipada. Lo único que queda de todo este incidente es el cuestionamiento sobre la calidad del mando militar, una idea persistente a pesar de la gran confianza de la población en el espíritu de sacrificio de sus soldados.

Al final de este extraño asunto, el presidente Putin volvió a dirigirse al país a través de la televisión. Nuevamente elogió a los combatientes de Wagner y los llamó a integrarse a las fuerzas armadas regulares o a otras fuerzas de seguridad. Y les dio también la posibilidad de regresar a sus lugares de origen en Rusia o de irse con Prigozhin a Bielorrusia.

Todo tipo de hipótesis circulan ahora por las redes sociales rusas. La más sorprendente señala que Wagner no podía marchar sobre la capital sin el aprovisionamiento en combustible que le garantiza… el ministerio de Defensa.

En las próximas semanas veremos completarse la última fase de la reorganización de las fuerzas armadas. Nada garantiza que las fuerzas que al parecer se enfrentaron ayer sean verdaderamente adversarias.

Fuente: voltairenet.org

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