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El Relato Del Martirio De Al-Husáin (P)

Cuando Al-Hasan (P) murió, los shi’as en Iraq empezaron a hacer planes. Ellos le escribieron a Al-Husáin (P) acerca de deponer a Mu’awiyya y darle a él su juramento de alianza. Sin embargo, él se negó a aceptarlos y señaló que había un acuerdo y contrato entre él mismo y Mu’awiyya que él no podía romper sino hasta que el periodo del contrato llegara a su fin. Sin embargo, cuando Mu’awiyya muriera, él examinaría ese asunto (2).

Cuando Mu’awiya murió -y eso fue a mediados del mes de Rayab en el año 60 H (680)- Yazid escribió a Al-Walid ibn ‘Utba ibn Abu Sufyan, el cual estaba en Medina actuando en representación de Mu’awiyya, indicándole que hiciera que Al-Husáin (P) le jurase fidelidad a él, y que no le permitiese tardanza alguna en hacerlo. Por lo tanto Al-Walid envió de noche a por Al-Husáin (P) y le ordenó que se presentase ante él. El Imam Husáin (P) estaba consciente de lo que él quería, así que llamó a un grupo de sus seguidores y les ordenó que llevaran armas consigo.

“Al-Walid me ha llamado para que me presente ante él a esta hora de la noche, -les dijo él-. Yo no puedo estar seguro de que tal vez él me imponga algo que yo no esté dispuesto a obedecer. Él es un hombre impredecible, así que permaneced conmigo, sentados a la puerta, cuando yo vaya a verlo. Si vosotros oís que yo levanto la voz, entrad para que evitéis que él haga algo contra mí”.

Al-Husáin (P) fue a ver a Al-Walid, y Marwan ibn Al-Hakam estaba con éste. Al-Walid le dio la noticia de la muerte de Mu’awiyya, y Al-Husáin (P) respondió con la fórmula: “A Allah pertenecemos y hacia Él regresaremos”. Entonces Al-Walid leyó en voz alta la carta de Yazid y su orden de que obtuviese de Al-Husáin (P) el juramento de fidelidad.

– Yo no creo que mi juramento de alianza a Yazid en privado sea suficiente, -dijo Al-Husáin (P)-. ¿No preferirías que yo lo diera en público para que las gentes estén enteradas?

– Claro que si,- accedió Al-Walid-.

Entonces ve lo que piensas acerca de ello en la mañana, -sugirió Al-Husáin (P)-.

– Ve entonces, en el nombre de Allah, pero ven a nosotros cuando las gentes se reúnan, -dijo Al-Walid-.

– ¡Por Allah! -interrumpió Marwan-, si Al-Husáin te deja ahora sin haber dado el juramento de fidelidad, tú nunca tendrás el mismo poder sobre él sino hasta que haya un gran número de hombres muertos entre tú y él. Encarcela al hombre y no le permitas que te deje sino hasta que haya rendido homenaje a Yazid o tú lo hayas ejecutado.

A eso, Al-Husáin (P) saltó y dijo:

– ¡Oh hijo de una mujer extranjera! ¿Me mataríais tú o él? ¡Por Allah!, tú eres un mentiroso.

Con eso, él salió y se fue acompañado de sus seguidores hasta que llegó a su casa.

– Tú me desobedeciste -dijo Marwan a Al-Walid-. No, ¡por Allah!, él nunca te dará la misma oportunidad sobre su vida.

– Entonces no culpes a otro sino a ti mismo, Marwan -replicó Al-Walid-. Ciertamente, vosotros me habíais escogido para algo que habría significado la destrucción de mi propio imam.

¡Por Allah!, yo no querría toda la riqueza terrenal ni el dominio sobre todo lo que hay entre la salida y la puesta del sol si ello involucrase matar a Al-Husáin. ¡Gloria a Allah!, ¿he de matar a Al-Husáin por haber dicho “yo no juraré fidelidad”? ¡Por Allah!, yo no creo que en el Día de la Resurrección un hombre que sea responsable de la sangre de Al-Husáin pese poco en las balanzas de Allah.

– Si ésta es tu opinión, entonces has actuado correctamente en lo que hiciste -dijo Marwan, sin felicitarlo por su punto de vista-.

Al-Husáin (P) pasó esa noche en su casa. Era la víspera del sábado cuando quedaban tres días del mes de Rayab, en el año de 680. Al-Walid ibn ‘Utba estaba ocupado enviando a Ibn Al-Zubayr con su juramento de alianza a Yazid y su negativa de acudir a ellos. Ibn Al-Zubayr dejó Medina de noche encaminándose a Meca.

En la mañana, Al-Walid envió hombres detrás de él. Envió un grupo de 80 jinetes bajo el mando de un siervo de los Omeyas. Ellos lo siguieron pero no lo alcanzaron, así que regresaron.

Hacia el fin del sábado, él envió hombres a Al-Husáin (P) para traerlo a que jurara fidelidad a Al-Walid en representación de Yazid ibn Mu’awiyya. Al-Husáin (P) les dijo: “Venid en la mañana. Entonces vosotros tendréis tiempo para considerar la situación y nosotros también”.

Ellos lo dejaron sin insistir en que se presentara. Al-Husáin (P) partió bajo la protección de la noche -era la víspera del domingo quedando dos días en el mes de Rayab- y él se encaminó hacia Meca acompañado de sus hijos, los hijos de su hermano (Al-Hasan) y sus hermanos. Estaban con él la mayoría de la Casa (la familia del Profeta [B.P.]), excepto Muhammad ibn Al-Hanafiyya, que Allah tenga piedad de él.

Cuando este último supo de su decisión (de Al-Husáin) de dejar Medina, él no sabía a dónde tenía intención de ir. Le dijo:

– “Hermano mío, tú eres la persona más querida para mí y el más amado de todas las gentes. Yo no podría dar consejo a criatura alguna excepto a ti mientras que tú tienes más derecho a ello. Evita dar el juramento de fidelidad a Yazid ibn Mu’awiyya y evita los pueblos mientras puedas.

Entonces envía a tus mensajeros a las gentes y convócalas a que te sigan. Si las gentes te juran fidelidad, alabado sea Allah; si las gentes acceden a seguir a alguien que no seas tú, Allah no hará tu Din ni tu razón deficientes por causa de ello, ni Él quitará tu hombría y mérito relevantes por ello. Sin embargo yo temo que entres a alguno de esos pueblos y que las gentes difieran entre sí: con un grupo a tu favor y el otro en contra.

Ellos pelearían y tú serias un blanco para la primera de sus lanzas. Entonces, el mejor de toda esta comunidad, en persona, en padre y en madre, sería el único en ello cuya sangre seria injustamente derramada y su familia humillada”.

¿A dónde debo ir, hermano?, -preguntó Al-Husáin (P)-.

– Ve y quédate en Meca -contestó él-, si esa base es segura para ti será un medio de ganar fuerza. Sin embargo, si se vuelve peligrosa para ti, entonces debes tomar para los desiertos y las cimas de las montañas y moverte de un lugar a otro para que puedas ver cómo se desarrolla la actitud de las gentes hacia el asunto. Tu mejor juicio será hecho cuando te enfrentes directamente a los problemas.

Hermano, -replicó Al-Husáin (P)-, tú has dado consejo y has mostrado tu interés. Espero que tu juicio sea correcto y venturoso.

Al-Husáin (P) partió para Meca recitando:

“Entonces él partió mientras que se mantenían alerta. Él dijo: “¡Señor mío!, sálvame de las gentes injustas” (Corán 28:21).

Él se mantenía sobre el camino principal, y los miembros de su Familia sugirieron:

– Si evitaras el camino principal, como hizo Ibn Al-Zubayr, el grupo de búsqueda no podría seguirte.

– No, ¡por Allah!, -contestó él-, yo no lo dejaré sino hasta que Allah juzgue lo que Él quiera.

Cuando Al-Husáin (P) entró a Meca, su entrada ocurrió la víspera del viernes 3 del mes de Sha’ban. Al entrar recitó:

“Y cuando él partió para Madyan, dijo: ‘quizás mi Señor me guiará para el Camino Recto’” (Corán 28:221).

Entonces él se quedó allí y los habitantes de la ciudad empezaron a visitarlo frecuentemente, como hacían los que tenían que venir para hacer la peregrinación menor (‘umrah) y otras gentes de muy lejos. Ibn Al-Zubayr se había asentado allí, cerca de la Kaaba, donde solía pararse a realizar la salat y el recorrido alrededor de la Kaaba (tawaf).

Vino a visitar a Al-Husáin (P) junto con los otros que venían a visitarlo. Él solía acudir a verlo cada tercer día, y a veces entre los dos días. Era la más problemática de las criaturas de Allah para Ibn Al- Zubayr, el cual se daba cuenta de que las gentes de Hiyaz no le jurarían fidelidad a él (en representación de Yazid, a quien Allah maldiga) en tanto que Al-Husáin (P) estuviese en la ciudad. Él (P) era más capaz de obtener la obediencia de la gente y era más respetado.

Los habitantes de Kufa supieron de la muerte de Mu’awiyya, que el fondo del Infierno sea su morada, y difundieron rumores acerca de Yazid. Ellos también llegaron a conocer las noticias de la negativa de Al-Husáin (P) a hacer el juramento de alianza a Yazid así como la actitud que Ibn Al-Zubayr había tenido, y cómo ambos habían partido para Meca.

Los shi’as de Kufa se congregaron en casa de Sulayman ibn Surad Al-Juza’i en donde ellos discutieron acerca de la muerte de Mu’awiya y alabaron y glorificaron a Allah por ello.

– Mu’awiyya está muerto -anunció Sulayman ibn Surad-. Al- Husáin se ha abstenido de dar su juramento de fidelidad a la gente (es decir, a los Omeyas) y se ha ido a Meca.

Vosotros sois sus shi’as y los shi’as de su padre. Si vosotros sabéis en vuestros corazones que lo apoyaréis y lucharéis contra su enemigo, y que nuestras vidas serán dadas por su causa, entonces escribidle y decídselo. Pero si teméis el fracaso y la debilidad, no tentéis al hombre a que arriesgue su propia vida.

– No, -declararon ellos-, ciertamente nosotros combatiremos a su enemigo y nuestras vidas serán entregadas por su causa.

– Entonces escribidle -les dijo él-. Ellos le escribieron:

“En el nombre de Allah, el Compasivo, el MisericorAllaho”.

A Al-Husáin ibn ‘Alí, la paz sea con él:

“De Sulayman ibn Surad, Al-Musayyib ibn Nayaba, Rifa’a ibn Haddad Al-Bayali, Habib ibn Muzahir, y los muminin de sus shi’as entre los habitantes de Kufa.

Saludos, alabamos a Allah ante ti, y declaramos que aparte de Él no hay otra deidad. Alabado sea Allah el Cual destruyó a tu enemigo, el tirano obstinado que se impuso sobre esta comunidad, la despojó de su autoridad, saqueó su botín para distribución y tomó control de ella sin su consentimiento.

Luego mató a los miembros elegidos de ella y preservó a sus miembros malvados. Él hizo de la propiedad de Allah un estado dividido entre sus tiranos y ricos. Él fue destruido como Thamud fue destruido.

Ahora no hay Imam sobre nosotros. Por lo tanto ven; para que, por medio tuyo, Allah nos una bajo la verdad. An-Nu’man ibn Bashir está en el palacio de gobierno y nosotros no nos reunimos con él para el salat yumu’a. No lo acompañamos fuera de la mezquita para el servicio del ‘Id (fiesta). Si sabemos que tú vendrás a nosotros, nosotros lo expulsaremos persiguiéndolo hasta Siria, si Allah Todopoderoso quiere”.

Despacharon la carta con Abdullah ibn Musma’(3)Al-Hamdani y con Abdullah ibn Walin. Les ordenaron que fueran de prisa. Ellos se apresuraron y llegaron a Meca a ver a Al-Husáin (P) el día 10 de Ramadan. Dos días después de enviarlos con la carta, enviaron a Qays ibn Mushir As-Saydawi y a Abdullah y Abderrahman -los dos hijos de Shaddad Al-Arhabi (4)– y ‘Umara ibn Abdillah(5) As-Saluli a ver a Al-Husáin (P).

Ellos llevaban consigo cerca de 150 cartas (6), algunas escritas por un hombre individualmente, otras por grupos de dos y cuatro. (Los habitantes de Kufa) dejaron pasar otros dos días y entonces enviaron a Hani’ ibn Hani’ AsSabi’i y a Sa’id ibn Abdillah Al-Hanafi con otra carta en la que ellos habían escrito:

“En el nombre de Allah, el Compasivo, el MisericorAllaho”.

A Husáin ibn ‘Alí (P) de parte de los muminin de sus shi’as:

“Apresúrate. Las gentes están esperándote. Ellos no tienen opinión de hombre alguno excepto tú.

Por lo tanto, ¡apresúrate y apresúrate! Y luego, otra vez, ¡apresúrate! Saludos”.

Con todos los mensajes reunidos ante él, leyó las cartas y les preguntó a los mensajeros acerca de las gentes. Entonces escribió una respuesta y la envió con Hani’ ibn Hani’ AsSabi’i y Sa’id ibn Abdillah Al-Hanafi, los cuales eran los dos últimos mensajeros:

“En el nombre de Allah, el Compasivo, el MisericorAllaho”.

De Husáin ibn ‘Alí, a los líderes de los muminin:

“Hani’ y Sa’id me han traído vuestras cartas; ellos son los últimos dos mensajeros que han venido a mí. Yo he entendido todo lo que habéis descrito y mencionado. El principal argumento de vuestros grandes hombres es: ‘No hay un Imam sobre nosotros. Por lo tanto ven; y que por medio tuyo Allah nos una bajo la Verdad y la Guía’.

Yo os envío a mi hermano, Muslim ibn ‘Aqil, el cual es mi primo y mi primo y mi digno y confiable representante de mi Familia. Si él me escribe que la opinión de vuestros líderes y los hombres de sabiduría y mérito entre vosotros está unida de la misma manera como me lo han descrito los mensajeros que han venido a mí y como lo leo en vuestras cartas, yo acudiré a vosotros de prisa, si Allah quiere.

Porque, por mi vida, ¿qué es un Imam sino alguien que juzga por medio del Libro, alguien que mantiene la justicia, alguien que profesa el Din de la Verdad, y uno que se dedica a la esencia de Allah? Saludos”.

Al-Husáin (P) mandó llamar a Muslim ibn ‘Aqil y lo despachó con Aqys ibn Mushir As-Saydawi y Umara ibn Abdillah As-Saluli y Abdullah y Abderrahman, los hijos de Shaddad Al-Arhabi. Le ordenó que tuviese Taqwày que ocultase su asunto, y que actuase de manera bondadosa. Si él veía que las gentes estaban unidas y habían decidido ponerse de acuerdo, debería informarlo rápidamente.

Muslim, que Allah tenga piedad de él, partió y llegó a Medina. Allí realizó la salat en la mezquita del Mensajero de Allah (B.P.) y se despidió de los miembros más queridos de su familia. Luego contrató dos guías. Estos dos partieron con él, pero se equivocaron en el camino y se perdieron. Ambos se vieron afligidos de sed severa y no fueron capaces de continuar el viaje.

Ellos le indicaron el camino después que lo volvieron a encontrar. Muslim siguió solo el camino y los dos guías murieron de sed. Muslim ibn ‘Aqil, que Allah tenga piedad de él, escribió una carta desde el lugar conocido como Al-Madiq y la envió con Qays ibn Mushir:

“Partí de Medina con dos guías y ellos se equivocaron de camino y se perdieron. Ambos fueron vencidos por la sed y pronto murieron. Pero nosotros seguimos caminando hasta que dimos con agua. Nos salvamos en el último momento de nuestras vidas. El agua está en un lugar llamado Al-Madiq en un valle bajo. He tomado esto como un mal augurio para mi misión. Si tú lo consideras así, podrías relevarme y enviar a otro en mi lugar”.

Al-Husáin (P) escribió en contestación:

“Me temo que tu urgencia, en tu carta, de que te releve de la tarea a la que te envié sea sólo cobardía. Así que sigue con la misión que te encomendé. Saludos”.

Muslim leyó la carta y dijo: “No es por mí por quien temo”. Así que continuó una vez más hasta que llegó a un pozo perteneciente a la tribu de Tayyi’. Pasó allí la noche y cuando partía vio a un hombre cazando. Lo vio dispararle a un ciervo que apareció, matándolo. Muslim dijo: “Así mataremos a nuestros enemigos, si Allah quiere”.

Siguió hasta entrar a Kufa. Allí se alojó en la casa de Al-Mujtar ibn Abu ‘Ubayda, la cual es llamada hoy la casa de Muslim ibn Al-Musayyib. Los shi’as empezaron a acudir regularmente para verlo. Cada vez que un grupo de ellos se reunían con él, Muslim les leía la carta de Al-Husáin (P) y ellos lloraban. La gente le juró fidelidad a él, en representación de Al-Husáin (P) de manera tal que 18.000 hombres le hicieron el juramento de alianza.

Así que Muslim le escribió a Al-Husáin (P) informándole del pacto de fidelidad de los 18.000 y urgiéndole a que viniera.

Los shi’as empezaron a visitar a Muslim ibn ‘Aqil tan frecuentemente que su lugar de residencia se volvió bien conocido. An-Nu’man ibn Bashir, que había sido gobernador de Kufa en tiempos de Mu’awiyya y había sido confirmado en su puesto por Yazid, supo acerca de Muslim. Él subió al púlpito y después de alabar a Allah dijo:

“Siervos de Allah, temed a Allah y no os apresuréis a la rebelión y la discordia, ya que en eso los hombres serán destruidos, la sangre será derramada, y las propiedades serán arruinadas. Yo no combato a quien no me combata, ni molesto a aquellos que permanezcan tranquilos. Yo no os opongo, ni tengo aprensión de vosotros meramente sobre bases de sospecha, acusación o de oídas.

Sin embargo, si vosotros me dais la espalda, violáis vuestro juramento de fidelidad, y os oponéis a vuestro Imam (7), ¡por Allah!, aparte del Cual no hay deidad alguna, yo os golpearé con mi espada en tanto que la empuñadura esté en mi mano, aun cuando yo no tuviera a ninguno de vosotros para ayudarme. Sin embargo espero que aquellos de entre vosotros que conocen la verdad sean más numerosos que aquellos a quienes los destruirá la falsedad”.

Abdullah ibn Rabi’a(8)Al-Hadrami, un aliado de los Bani Omeya, se paró ante él y dijo:

– ¡Oh gobernador!, lo que tú ves sólo puede ser tratado adecuadamente por medio de la violencia; ya que la opinión que sostienes acerca de lo que ha de hacerse entre tú y tu enemigo es la de un débil.

– Prefiero ser uno de los débiles pero permaneciendo obediente a Allah que ser uno de los poderosos pero estando al mismo tiempo en rebelión contra Allah, -respondió An-Nu’man-.

Entonces descendió del púlpito.

Abdullah salió y escribió la siguiente carta a Yazid ibn Mu’awiyya:

“Muslim ibn ‘Aqil ha venido a Kufa y los shi’as le han jurado fidelidad a Al-Husáin ibn ‘Alí ibn Abu Talib (P) a través de él. Si tienes necesidad de Kufa, entonces envíale un hombre fuerte que ejecute tus órdenes y actúe de la misma manera como tú lo harías contra tu enemigo. An-Nu’man ibn Bashir es un hombre débil, o está actuando como un tal”.

‘Umara ibn ‘Uqba le escribió de manera similar, como lo hizo ‘Umar ibn Sa’d ibn Abu Waqqas. Cuando las cartas llegaron a Yazid, él mandó llamar a Saryun, un seguidor de Mu’awiya y le preguntó:

– ¿Cuál es tu opinión acerca del hecho de que Husáin haya enviado a Muslim ibn ‘Aqil a Kufa para recibir juramentos de alianza en su representación? También he sabido, que Nu’man es débil, y recibí otros reportes malos acerca de él. ¿A quién crees que yo debería nombrar como gobernador de Kufa?

Ahora bien, Yazid estaba enojado con ‘Ubaydullah ibn Ziyad, así que Saryun le contestó:

– ¿Qué crees? ¿Si Mu’awiyya estuviese vivo y te aconsejara, tomarías su consejo?

– Sí, -respondió él-.

Saryun sacó una carta de nombramiento para ‘Ubaydullah ibn Ziyad como gobernador de Kufa, y dijo:

– Este es el consejo de Mu’awiyya, lo que él ordenó antes de morir. Así que pon juntas las dos ciudades de Basorah y Kufa bajo la autoridad de ‘Ubaydullah.

– Eso haré -replicó Yazid-, le enviaré a ‘Ubaydullah ibn Ziyad la carta de autoridad que mi padre escribió para él.

Después de esto, mandó llamar a Muslim ibn ‘Amr Al-Bahili y lo envió a ‘Ubaydullah con la siguiente carta:

“Mis seguidores de entre las gentes de Kufa me han informado que Ibn ‘Aqil está allí reuniendo unidades para extender la rebelión contra los musulmanes. Por lo tanto, cuando leas esta carta mía, ve a Kufa y busca a Ibn ‘Aqil, como si estuvieras buscando una cuenta de un collar, hasta que lo encuentres. Entonces, encadénalo y mátalo o mándala al exilio. Saludos”.

De esta manera le dio la autoridad sobre Kufa. Muslim ibn ‘Amr fue a Basorah a ver a ‘Ubaydullah y le llevó la autorización y la carta. ‘Ubaydullah ordenó que se hicieran los preparativos inmediatamente para partir al día siguiente hacia Kufa. Salió de Basorah después de dejar como su suplente a su hermano ‘Uthman. Llevó consigo a Muslim ibn ‘Amr, Sharik ibn Al-A’war Al-Harithi, junto con su comitiva y su familia.

Cuando él llegó a Kufa, llevaba puesto un turbante negro e iba cubierto con un velo. Las noticias de la llegada de Al- Husáin habían llegado a las gentes y ellos esperaban su llegada. Cuando vieron a ‘Ubaydullah, pensaron que era Al- Husáin. Él (‘Ubaydullah) no pasaba por grupo alguno de gentes sin que lo saludaran. Ellos cantaban: “Bienvenido, hijo del Mensajero de Allah, tu llegada es un evento feliz”.

Vio en su bienvenida a Al-Husáin algo que lo preocupó mucho. Muslim ibn ‘Amr dijo, cuando su número se había vuelto tan grande que los hacia demorarse en llegar: “Este es el gobernador, ‘Ubaydullah ibn Ziyad”.

Siguió así, de manera que se acercó al palacio del gobernador en la noche. Con él iba todavía una gran multitud que se había reunido alrededor suyo y que no dudaban que él era Al-Husáin. An-Nu’man ibn Bashir había cerrado bien el palacio contra él (creyendo que era Al-Husáin) y su comitiva.

Uno de los que estaban con él llamó para que les abrieran la puerta. Pero An-Nu’man, creyendo todavía que se trataba de Al-Husáin, subió al balcón y gritó desde allí: “Invoco a Allah ante ti, a menos que te apartes de mí. ¡Por Allah!, yo no te entregaré mi puesto pero no tengo deseo de pelear contra ti”.

Ibn Ziyad no le respondió, pero se acercó más mientras An-Nu’man se asomaba recargado en el balcón del palacio. Entonces él (‘Ubaydullah) empezó a decir: “¡Abre!, todavía no has abierto, y ya tuviste una noche muy larga en la que dormiste en vez de gobernar (9)”.

Un hombre detrás de él oyó esto y se retiró hacia la gente de Kufa que habían seguido a Ibn Ziyad creyéndolo que era Al-Husáin. Él dijo: “¡Oh gentes!, es Ibn Muryana (10), por Aquél aparte del Cual no hay otra deidad”. An-Nu’man abrió la puerta para él y ‘Ubaydullah entró. Ellos les cerraron la puerta en las narices a las gentes y éstas se dispersaron.

En la mañana fue hecha la llamada entre las gentes: “As-salat yami’a (la oración es una oración general que debe ser atendida por todos)”. Las gentes se reunieron y él (‘Ubaydullah) salió con ellos. Alabó y glorificó a Allah y dijo:

“El Emir al muminin (refiriéndose a Yazid, a quien Allah maldiga) me ha nombrado para encargarme de vuestra ciudad y vuestra estación fronteriza y la distribución de vuestro botín.

Él me ordenó dar justicia a los oprimidos de entre vosotros, ser generoso con aquellos de vosotros que son pobres, y tratar a los obedientes de entre vosotros con generosidad como un buen padre, pero usar el látigo y la espada contra quienes abandonen mis órdenes y se opongan a mi nombramiento. Que cada hombre se proteja a sí mismo. La verdadera fe debe declararse por sí misma de parte vuestra, no por la amenaza de castigo”.

Entonces descendió, tomó por la fuerza a los líderes del grupo y a algunas de las gentes y dijo:

“Escribidme acerca de los extraños, aquellos de entre vosotros que apoyaron al Emir Al muminin (o sea, ‘Alí ibn Abu Talib -P-), aquellos de entre vosotros que apoyaron a los Haruriyya (o sea, los Jawariy), y a los que causan problemas y cuyos intereses son la discordia y los disturbios. Quienquiera, de vosotros que nos haga estas listas estará libre de daño.

Pero aquellos de vosotros que no escriban a nadie, tendrán que garantizar que no hay oponente alguno en su grupo que se oponga a nosotros ni trasgresor alguno que trate de hacernos daño. Cualquiera que no lo haga, le será negada la protección, y su sangre y su propiedad perderán su protección para nosotros.

Cualquier líder de grupo en cuyo grupo sea hallado alguien con partidismo para el Emir al muminin que no nos haya sido reportado, será crucificado a la puerta de su casa y yo aboliré la paga de ese grupo”.

Cuando Muslim ibn ‘Aqil oyó de la llegada de ‘Ubaydullah a Kufa, del discurso que él dio y de su tratamiento a los jefes de grupo y otras gentes, dejó la casa de Al-Mujtar y se fue a la casa de Hani’ ibn ‘Urwa y entró allí para quedarse. Los shi’as empezaron a visitar secretamente la casa de Hani’ para mantenerlo oculto (a Muslim) de ‘Ubaydullah y ellos ordenaron que esto fuera mantenido en secreto.

‘Ubaydullah mandó llamar a un dependiente suyo llamado Ma’qil y le dijo: “Toma 300 dirremes (monedas) y busca a Muslim ibn ‘Aqil y busca a sus seguidores. Si encuentras a uno de ellos o a un grupo, dales estos 300 dirremes. Diles que lo usen en la guerra contra su enemigo.

Déjalos que crean que tú eres uno de ellos, ya que si tú se los das ellos estarán seguros de ti y tendrán confianza en ti y no te ocultarán información alguna. Así que ve a buscarlos y continúa hasta que encuentres dónde se aloja Muslim ibn ‘Aqil y lo hayas encontrado”.

Él hizo eso. Llegó a un lugar donde se sentó cerca de Muslim ibn ‘Awsaya Al-Asadi en la gran mezquita. Este último estaba rezando, y él (Ma’qi1) oyó a algunas gentes decir que éste era uno de los que le habían jurado fidelidad a Al-Husáin. Se levantó y se sentó justo junto a él hasta que éste terminó de rezar.

– ¡Oh siervo de Allah! -dijo Ma’qil- yo soy un sirio a quien Allah ha bendecido con amor a la Familia (del Profeta [B.P.]) y con amor a aquellos que los aman.

Fingió llorar y luego continuó: Tengo conmigo 300 dirremes con los que quiero encontrarme con un hombre de ellos (de la Familia) de quien he oído que ha venido a Kufa a recibir juramentos de alianza en representación del hijo de la hija del Mensajero de Allah (B.P.). He estado queriendo conocerlo pero no he encontrado a nadie que me dirija hacia él y yo no conozco el lugar donde se aloja.

Mientras yo estaba sentado aquí, escuché a un grupo de los fieles que decían que éste (o sea, Muslim ibn ‘Awsaya) es un hombre que tiene relación con esta Familia. Por lo tanto he venido a ti para que tomes este dinero y me presentes a tu líder; ya que yo soy uno de tus hermanos y alguien en quien puedes confiar. Si quieres, puedes recibir mi juramento de fidelidad para él antes de mi encuentro con él.

– Agradezco a Allah que me hayas encontrado -replicó Muslim ibn ‘Awsaya- y me da gran alegría conseguirte lo que deseas, y que Allah ayude a la Familia de Su Profeta (B.P.) por medio tuyo.

Sin embargo el conocimiento de las gentes de mi conexión en este asunto antes de que haya terminado me preocupa, debido a mi temor a este tirano y su severidad. Sería mejor que tú me hicieras el juramento de alianza (para Al-Husáin) recibiéndolo en representación suya ahora -le dijo a Ma’qil-.

Así que le tomó su juramento de fidelidad y los testimonios fueron fuertemente apoyados con juramentos de que él sería sincero y mantendría oculto el asunto. Él (Ma’qil) hizo todo lo que lo tuviera contento.

– Ven a visitarme a mi casa por unos días -dijo Muslim ibn ‘Awsaya- ya que te conseguiré permiso para que visites a tu líder.

Empezó a visitarlo frecuentemente con las gentes (o sea, los otros miembros de los shi’as) y Muslim ibn ‘Awsaya solicitó permiso para que él pudiera visitar. Le fue dado el permiso y Muslim ibn ‘Aqil recibió el juramento de fidelidad de Ma’qil y le dijo a Abu Thumama As-Sa’idi que le recibiera el dinero.

Este último era el que recogía de ellos el dinero y lo que pudiera ser usado para ayudarse unos a otros, y solía comprar las armas. Era un hombre perceptivo y uno de los caballeros de los árabes, y uno de los notables de los shi’as.

Aquel hombre (Ma’qil) empezó a visitarlos regularmente. Era el primero en entrar y el último en salir, para enterarse de todos sus asuntos como lo quería Ibn Ziyad. Él solía mantenerlo informado acerca de ello a intervalos regulares.

Hani’ ibn ‘Urwa empezó a temer por sí mismo y dejó de asistir a la asamblea de Ibn Ziyad. Fingió estar enfermo. Ibn Ziyad preguntaba a los que asistían:

– ¿Por qué es que no veo a Hani’?

– Él está enfermo -le contestaban-.

– Si yo hubiera sido informado de su enfermedad le habría ido a visitar -dijo Ibn Ziyad-

Entonces mandó llamar a Muhammad ibn Al-Ash’ath, Asma’ ibn Jariya y ‘Arnr ibn Al-Haffiq Al-Zubaydi. Ruwayha11, hija de ‘Amr, estaba casada con Hani’ ibn ‘Urwa: ella era la madre de Yahya ibn Hani’.

– ¿Que le impide a Hani’ venir a visitarnos? -les preguntó él-.

– No sabemos -replicaron ellos- pero se dice que está enfermo.

– He sabido -contestó Ibn Ziyad- que él está mejor y que se sienta a la puerta de su casa. Id y decidle que no debería abandonar su deber hacia nosotros, ya que no me gusta que uno de los árabes nobles corno él me trate mal.

Ellos fueron hasta su casa en la noche. Él estaba sentado a la puerta.

– ¿Qué te impide ver al gobernador? -le preguntaron-. Por- que él te mencionó y dijo que si hubiera sabido que estabas enfermo él te habría visitado.

– Una enfermedad me detuvo -contestó él-.

– Él ha sido informado -dijeron- que tú te sientas a la puerta de tu casa todas las noches. Él te considera perezoso, y la pereza y el comportamiento informal son cosas que las autoridades no tolerarán. Te rogamos que vengas ron nosotros.

Mandó pedir sus ropas y se vistió, Entonces mandó traer una mula y cabalgó con ellos. Cuando llegó cerca del palacio, empezó a sentir algo de inquietud. Le dijo a Hasan ibn Asma’ ibn Jariya:

– Sobrino, por Allah, temo a este hombre. ¿Qué piensas?

– Tío, por Allah, yo no temo nada para ti. ¿Por qué inventas razones para culparte? -Contestó él, ya que Hasan no sabía que ‘Ubaydullah había enviado a por él-.

Así que Hani’ siguió hasta que llegó ante ‘Ubaydullah ibn Ziyad. Con él estaba un grupo de gentes.

Cuando levantó la vista hacia Hani’, ‘Ubaydullah se dijo: “Las piernas del tonto te lo han traído”. Entonces, cuando Hani’ se hubo acercado a Ibn Ziyad, el cual tenía al cadí Shurayh con él, Ibn Ziyad se volvió hacia él y recitó:

“Yo quiero su amistad, pero mi muerte quiere él. El que excusas te presenta es uno de tus amigos íntimos de la tribu de Murad (12)

Él se refería a su anterior bondad y gentileza con Hani’.

– ¿Qué es eso, gobernador? -preguntó Hani’-.

– Sí, Hani’, ¿qué son esas cosas que has estado tramando en tu casa contra el Emir al muminin (refiriéndose a Yazid, a quien Allah maldiga) y la comunidad general de los musulmanes? -preguntó Ibn Ziyad-. Tú trajiste a Muslim ibn ‘Aqil y lo llevaste a tu casa. Has reunido armas y hombres en casas a tu alrededor. Tú creías que ello estaba oculto para mí.

– Yo no he hecho eso y Muslim no está conmigo -contestó-.

– ¡Oh sí! -fue la respuesta-.

Después que la discusión entre ellos había continuado por algún tiempo y Hani’ persistía en contradecir y negar las acusaciones, Ibn Ziyad mandó llamar a ese espía, Ma’qil. El vino y se paró ante él.

– ¿Conoces a este hombre? -preguntó Ibn Ziyad-.

– Sí -contestó él-.

En ese momento Hani’ se dio cuenta de que él (Ma’qil) era un espía contra ellos y que le había traído a Ibn Ziyad toda su información. Por un momento quedó estupefacto, pero entonces su ánimo regresó a él.

– Escúchame -dijo- y créeme lo que digo. Juro por Allah que yo no miento. Por Allah, yo no lo mandé llamar a mi casa. Yo no sé nada acerca de sus asuntos sino sólo que él vino a mí pidiendo quedarse conmigo. Yo me sentí muy avergonzado de negarme. Como resultado de eso, el deber de darle protección cayó sobre mí. Por lo tanto yo le di hospedaje y refugio.

Luego su asunto se desarrolló como fuiste informado. Si quieres, yo te daré testimonios fuertemente jurados de que yo no te haré daño alguno ni corres peligro conmigo, y vendrá a ti y pondré mi mano en la tuya. Si tú quieres, te daré una garantía, la cual estará en tu mano hasta que yo regrese a ti. Entonces iré a él y le ordenaré que deje mi casa para cualquier parte del país a donde quiera ir. Entonces él dejará su derecho de protección.

– Tú nunca me dejarás a no ser que sea para traérmelo – contestó Ibn Ziyad-.

– Por Allah, yo no te lo traeré -declaró el otro-.

Después que la discusión entre los dos había seguido por algún tiempo, Muslim ibn ‘Amr Al-Bahili se levantó a hablar. No había ningún otro sirio u original de Basorah en Kufa excepto él.

– Que Allah te haga prosperar, gobernador -dijo- por favor déjame con él por un tiempo para poder hablar con él.

Él se levantó y se llevó a Hani’ a un lado lejos de Ibn Ziyad. Estaban parados donde él podía verlos, y cuando ellos levantaban sus voces, él podía oír lo que decían.

– Te juro por Allah, Hani’ -dijo Muslim- que estás matándote a ti mismo y trayendo aflicción sobre tu clan. ¡Por Allah!, yo te considero demasiado valioso para ser matado. Este hombre es el primo de tu tribu, así que ellos no pelearán contra él, ni le harán daño. Por lo tanto, entrega a Muslim ibn ‘Aqil a las autoridades.

– ¡Por Allah!, ciertamente habría vergüenza y deshonra para mí -respondió Hani’- si yo fuera a entregar a quien ha venido bajo mi protección y es mi invitado y huésped mientras que yo siguiera vivo y sano. Yo puedo oír; yo veo bien; yo tendré un brazo fuerte y muchos que me ayuden. ¡Por Allah!, si él fuera el único sin quien lo ayude, yo no lo entregaría sino hasta haber muerto yo por él.

Empezó a gritar, diciendo:

– ¡Por Allah!, yo nunca se lo entregaré.

Ibn Ziyad oyó esto:

– Traédmelo -dijo él. Ellos se lo trajeron- “O me lo traes o haré que te corten la cabeza” -demandó Ibn Ziyad-.

– Entonces habrá mucho resplandor de espadas alrededor de tu casa -replicó Hani’- pensando que su clan lo salvaría de ser matado.

– Acércate a mí -ordenó Ibn Ziyad-.

Él se acercó e Ibn Ziyad lo golpeó en la cara con su bastón y siguió golpeándole en la nariz, frente y mejillas, tanto que le rompió la nariz y la sangre brotó de ella sobre su cara y su barba, y la carne de su frente y sus mejillas quedó desgarrada sobre la barba. Finalmente el bastón se rompió. Hani’ estiró su mano hacia la empuñadura de la espada de uno de los presentes armados pero el hombre lo aventó y evitó que la tomara.

– ¡Te has estado comportando como uno de los Haruri (o sea, los Jawariy) todo el día! -gritó Ibn Ziyad- así que tu sangre nos está permitida. ¡Lleváoslo!

Lo llevaron y lo arrojaron a una de las habitaciones del edificio. Cerraron las puertas con llave. Ibn Ziyad les había dicho que pusieran guardias para vigilarlo y esto también fue hecho. Sin embargo Hasan ibn Asma’ se levantó y dijo:

– ¿Somos entonces los mensajeros de la traición?, ya que tú nos dijiste que te trajéramos al hombre. Sin embargo, cuando te lo trajimos, le aplastaste su nariz y su cara, y su sangre fluyó sobre su barba. Luego declaraste que lo matarías.

– Tú lo serás aquí y ahora mismo -gritó ‘Ubaydullah, y ordenó que fuera golpeado, estrujado y aventado a un lado-.

– Estamos satisfechos con la actitud del gobernador de nuestra parte y contra aquellos de nosotros que están equivocados; el gobernador solamente está castigando a los que están en el error -declaró Muhammad ibn Al-Ash’ath-.

Sin embargo, cuando ello fue reportado a ‘Amr ibn Al-Hayyay y supo que Hani’ había sido matado, él avanzó con las gentes de Madhiy y rodeó el palacio. Tenía una gran multitud consigo.

– Yo soy ‘Amr ibn Al-Hayyay -gritó- y éstos son los caballeros de Madhiy y sus líderes. Nosotros no hemos roto la obediencia ni nos hemos separado de la comunidad.

Les había sido reportado que su compañero había sido matado, y ellos consideraron eso como un gran crimen. Le dijeron a ‘Ubaydullah que los de Madhiy estaban ante la puerta. Le dijo al cadí Shurayh:

– Entra a ver a su compañero. Míralo y luego sal e infórmales que él todavía está vivo y no ha sido matado.

Shurayh entró y lo miró. Cuando Hani’ vio a Shurayh dijo, con la sangre escurriendo de su barba:

– ¡Oh, qué Allah!, ¡oh, qué musulmanes! ¿Ha sido destruido mi clan? ¿Dónde están las gentes del Islam? ¿Dónde están las gentes de la ciudad?

Cuando oyó el tumulto a la puerta del palacio dijo:

– Yo creo que ésas son las voces de los de Madhiy y mi grupo de los musulmanes. Si diez de ellos entraran, ellos serían capaces de rescatarme.

Después de que Shurayh hubo oído lo que él tenía que decir, salió hacia ellos y les dijo:

– Cuando el gobernador supo de vuestra actitud y vuestras palabras acerca de vuestro compañero, me ordenó que fuera a verlo. Yo fui y lo vi. Entonces él me ordenó que os viera y os informara que él está vivo todavía y que el reporte de que fue matado es falso.

– “Alabado sea Allah ya que él no ha sido matado”; contestó ‘Amr ibn Al-Hayyay, y también sus compañeros. Entonces ellos se fueron.

‘Ubaydullah ibn Ziyad salió y subió al púlpito. Había traído consigo a los nobles del pueblo, sus guardaespaldas y su comitiva. Dijo:

– ¡Oh gentes!, buscad refugio en la obediencia a Allah y a vuestros imámes. No provoquéis división porque vosotros seréis destruidos, humillados, matados o tratados con severidad y despojados de vuestras pertenencias. Vuestro hermano es el que os habla con la verdad. El que advierte está disculpado.

Después de que hubo terminado de hablar, iba a bajar, pero todavía no se había bajado del púlpito cuando los vigías en la puerta de los vendedores de dátiles de la mezquita se pusieron a gritar: “¡Muslim ibn ‘Aqil ha venido!”.

‘Ubaydullah rápidamente entró al palacio y cerró las puertas.

Abdullah ibn Hazim reportó:

Por Allah, yo era el mensajero de Ibn ‘Aqil en el palacio para ver lo que le hacían a Hani’. Cuando él fue golpeado y encarcelado yo monté mi caballo y fui el primero en entrar a la casa para llevar la información acerca de él a Muslim ibn ‘Aqil. Allí las mujeres de Murad se habían reunido y estaban gritando: “¡Oh lágrimas de pena por él!, ¡oh qué luto por él!”

Entré a ver a Muslim y le di las noticias de Hani’. Él me ordenó que convocara a los que lo apoyaban. Las casas alrededor estaban llenas de ellos: había allí 4.000 hombres. Les dijo a sus mensajeros que gritaran: “¡Oh victoriosos, matad!”. Así que grité: “¡Oh victoriosos, matad!”.

Entonces los habitantes de Kufa se reunieron ante él. Muslim, que Allah tenga misericordia de él, nombró líderes sobre los grupos, sobre las tribus de Kinda, Madhiy, Tamim, Asad, Mudar y Hamdan. Las gentes habían respondido al llamado y se reunieron, excepto por unos cuantos que se demoraron, así que la mezquita y el mercado estaban llenos de gente. Estuvieron llenos de entusiasmo hasta la noche.

La situación de ‘Ubaydullah era oscura. Toda su energía estaba concentrada en guardar la puerta, ya que él sólo tenía 30 miembros de su escolta con él en el palacio, 20 nobles del pueblo y su familia y comitiva. Los nobles que no habían estado con él empezaron a acudir a él por la puerta que comunicaba con el edificio de los Romanos.

Entonces aquellos de los nobles que estaban con Ibn Ziyad empezaron a mirar hacia abajo a las gentes que estaban afuera. Estos los vieron y les arrojaron piedras y maldecían e insultaban a ‘Ubaydullah y a su padre. Ibn Ziyad mandó llamar a Kathir ibn Shihab y le ordenó que saliera entre los de Madhiy que le obedecían y que anduviera por Kufa e hiciera que las gentes desertaran a Ibn ‘Aqil.

Él debía hacerles temer la posibilidad de guerra y amenazarlos con el castigo de las autoridades. Luego ordenó a Muhammad ibn Al-Ash’ath que saliera entre los de Kinda y Hadramut que lo obedecían. Debía izar un estandarte que garantizase seguridad a las gentes que se pusieran bajo él.

Le dio instrucciones similares a Al-Qi’qa’ Adh-Dhuhli, Shabath ibn Rib’i At-Tamimi, Hayyar ibn Abyar Al’lyli y Shimr ibn Dhil-Yawshan Al-Amiri. Él se quedó con el resto de los nobles del pueblo, y no deseaba prescindir de ellos dado el pequeño número de personas que estaban con él.

Kathir ibn Shihab salió y empezó a hacer que las gentes abandonaran a Muslim. Muhammad ibn Al-Ash’ath salió y caminó hasta llegar a las casas de los Bani ‘Umara. Ibn ‘Aqil envió a Abderrahman ibn Shurayh Ash-Shibami a Muhammad ibn Al- Ash’ath desde la mezquita. Cuando Muhammad ibn Al-Ash’ath vio el gran número de los que venían con Muslim, se quedó donde estaba.

Entonces él, y Kathir ibn Shihab, Al-Qi’qa’ ibn Shawr Adh-Dhuhli y Shabath ibn Rib’i empezaron a hacer que las gentes se retractaran de su fuerte adhesión a Muslim, haciéndolos temer a las autoridades, así que un gran número de sus compañeros de tribu y otros se reunieron alrededor de ellos y fueron a ver a Ibn Ziyad a través de la casa de los Romanos. Los hombres de las tribus entraron con ellos.

– Que Allah dé prosperidad al gobernador -dijo Kathir ibn Shihab- tú tienes contigo a muchos de los nobles del pueblo, así como a tu escolta, familia y sirvientes. Salgamos contra ellos.

‘Ubaydullah se negó pero le dio un estandarte a Shabath ibn Rib’i y éste salió. Las gentes con Ibn ‘Aqil seguían siendo numerosas al caer la noche.

La situación de ‘Ubaydullah se fortaleció. Envió a por los nobles y los congregó. Ellos subieron al tejado para mirar a las gentes. Ofrecieron más dinero y tratamiento gentil a los que obedecieran y atemorizaron a los desobedientes con amenazas de confiscación de bienes y castigos. Ellos les dijeron que el ejército de Siria venia en camino contra ellos. Uno de ellos dijo:

– ¡Oh gentes!, quedaos con vuestras familias. No os lancéis a las malas acciones. No os expongáis a la muerte. Estos son los soldados del Emir al muminin, Yazid, que se acercan. El gobernador ha prometido a Allah que si persistís en combatidlo y no os vais cuando se haga de noche, él quitará a vuestros hijos su pensión y dispersará a vuestros soldados en campañas en Siria.

Él hará a los saludables de vosotros responsables por los enfermos, y a los presentes responsables por los ausentes hasta que no quede ninguna de estas gentes rebeldes que no haya probado las malas consecuencias de lo que sus manos ganaron.

Los otros nobles hablaron de manera similar. Después de que las gentes oyeron lo que ellos tenían que decir, empezaron a dispersarse. Las mujeres empezaron a ir a ver a sus hermanos y sus hijos diciendo: “Idos, las gentes serán suficientes sin vosotros”. Los hombres iban a ver a sus hijos y sus hermanos diciendo: “Mañana los sirios vendrán contra vosotros. ¿Que estáis haciendo? ¿Causando guerra y maldad?

¡Retiraos!” Así, los hombres eran llevados o se iban. Ellos siguieron dispersándose de tal manera que cuando anocheció y Muslim ibn ‘Aqil rezaba en la mezquita, sólo tenía 30 hombres con él. Cuando vio que era de noche y que sólo tenía ese grupo consigo, salió de la mezquita y se encaminó a las puertas de Kinda. Llegó a las puertas con sólo diez de los que quedaban con él.

Cuando dejó la puerta, no había nadie con él para guiarlo. Miró alrededor pero no pudo ver a nadie que lo guiase por el camino, que le mostrase como llegar a su casa ni le diera apoyo personal si un enemigo aparecía ante él.

Vagó por las calles de Kufa sin saber a dónde iba hasta que llegó a las casas de los Bani Yabala de Kinda. Siguió hasta que llegó a una puerta ante la cual estaba una mujer llamada Taw’a. Ella había sido una esposa esclava de Al-Ash’ath ibn Qays y él le había dado la libertad. Ella se había casado luego con Usayd Al-Hadrami y le había dado un hijo llamado Bilal. Bilal se había ido con las gentes y su madre estaba parada ante la puerta esperándolo.

Ibn ‘Aqil la saludó y ella devolvió el saludo.

– Sierva de Allah, dame agua para beber -le pidió él-.

Ella le dio agua y él se sentó. Luego ella se llevó el recipiente para adentro y luego salió otra vez.

– Siervo de Allah, ¿no bebiste ya? -preguntó ella-.

– Sí -fue la respuesta-.

– Entonces vete con tu gente -dijo ella-.

Pero él estaba callado. Ella lo repitió pero él seguía callado. A la tercera vez ella dijo:

– ¡Gloria a Allah!, siervo de Allah, levántate, que Allah te dé salud y vete con tus gentes ya que no es correcto que te sientes ante mí puerta y yo no te permita hacerlo.

A esto él se levantó y dijo:

– Sierva de Allah, yo no tengo casa ni clan en este pueblo.

¿Podrías mostrarme un poco de generosidad y bondad? Tal vez yo pueda recompensártelo después.

– ¿Qué es, siervo de Allah? -dijo ella-.

– Yo soy Muslim ibn ‘Aqil -replicó-. Estas gentes me han mentido, me incitaron a la acción y luego me abandonaron.

– Tú eres Muslim -repitió ella-.

– Si -respondió él-.

– Entra -dijo ella-

Lo llevó a un cuarto de la casa, pero no al cuarto que ella usaba. Extendió un tapete ante él y le ofreció cena pero él no pudo comer.

Pronto regresó el hijo de ella. Él la vio ir y venir frecuentemente entre los cuartos y exclamó:

– Por Allah, el número de veces que has entrado y salido de ese cuarto esta noche me hace sospechar que tienes algo importante allí.

– Olvídate de esto, hijito mío -contestó ella-.

– ¡Por Allah!, dime -replicó él-.

– Sigue con tu propio asunto y no me preguntes nada – contestó ella-.

Sin embargo él insistió hasta que ella dijo:

– Hijito, no le cuentes a las gentes nada de lo que te voy a decir.

“Seguro”, respondió él, y ella lo hizo que jurara. Cuando él juro no contarlo, ella le dijo. Él se fue a dormir sin decir nada.

Después de que las gentes desertaron de Muslim ibn ‘Aqil, pasó largo tiempo sin que Ibn Ziyad oyera las voces de los que apoyaban a Ibn ‘Aqil como las había oído antes. Les dijo a sus gentes que miraran hacia abajo si podían ver a alguno de ellos. Se asomaron y no vieron a nadie. Entonces él les dijo que vieran si ellos estaban a la sombra acechándolos.

Quitaron las cubiertas de bambú del techo de la mezquita y empezaron a bajar las antorchas que tenían en sus manos para mirar. A veces las antorchas les daban luz y otras no daban tanta luz como ellos quisieran. Bajaron las antorchas y pedazos de caña con tela y cuerda encendidas hasta que llegaron al suelo.

Hicieron esto en los lugares más oscuros así como en aquellas partes que estaban más cerca, y entre ambas. Cuando vieron que no había nada, informaron a Ibn Ziyad que las gentes se habían dispersado.

Entonces él abrió el corredor que iba hacia la mezquita. Salió y subió al pulpito. Sus seguidores habían salido con él. Les dijo que se sentaran un rato antes de la oración de la noche. Ordeno a ‘Amr ibn Nafi’ que proclamara que no habría garantía de seguridad para ningún hombre de su escolta, ni de los principales que lo apoyaban y luchaban, que hicieran la salat de la noche en cualquiera otra parte que no fuera la mezquita.

No pasó una hora antes de que la mezquita estuviera llena de gente. Después de ordenar a su almuecín que diera el adhan, se levantó a realizar la salat. Su escolta se levantó tras él ya que les dijo que lo cuidaran contra cualquiera que entrara para tratar de asesinarlo.

Después de hacer la salat con las gentes, subió al pulpito. Cuando hubo alabado y glorificado a Allah, dijo:

– Ibn ‘Aqil, hombre estúpido e ignorante como es él, ha intentado la oposición y rebelión que habéis visto. No habrá seguridad de Allah para el hombre en cuya casa lo hallemos. Temed a Allah, vosotros siervos de Allah, y manteneos obedientes a vuestro juramento de fidelidad. No hagáis algo que pueda estar contra vosotros mismos.

Husáin ibn Numayr, tu madre te perderá si se abre cualquiera de las puertas de las calles de Kufa o si este hombre se escapa y tú no me lo traes. Te doy autoridad sobre las casas de los habitantes de Kufa. Envía vigías para que inspeccionen a las gentes en los caminos. Mañana por la mañana evacua a las gentes de las casas para registrarlas minuciosamente para que me traigas a este hombre.

Al-Husáin ibn Numayr estaba a cargo de la escolta y era de Bani Tamim. Después de esto, Ibn Ziyad regresó al palacio. Le dio su estandarte a ‘Amr ibn Hurayth y lo puso a cargo de la gente. En la mañana dio una audiencia pública y concedió permiso a las gentes para que acudieran a él. Muhammad ibn Al-Ash’ath se acercó.

– Bienvenido sea aquél cuya lealtad está por encima de cualquier sospecha -le dijo, y lo hizo sentarse a su lado-.

Esa misma mañana, el hijo de la anciana fue a ver a Abderrahman ibn Muhammad ibn Al-Ash’ath y le contó que Muslim ibn ‘Aqil estaba alojado en casa de su madre. Abderrahman fue a ver a su padre que estaba con Ibn Ziyad. Él fue a verlo e Ibn Ziyad conoció su secreto.

“Levántate y tráemelo inmediatamente”, dijo Ibn Ziyad a Muhammad ibn Al-Ash’ath picándole el costado con un bastón. Él envió a ‘Amr ibn Ubaydullah(13)ibn ‘Abbas As-Sulami con él, junto con 70 hombres del grupo tribal de Qays.

Ellos fueron a la casa donde estaba Muslim ibn ‘Aqil. Cuando éste oyó el ruido de los cascos de los caballos y las voces de los hombres, supo que era a por él que ellos venían. Salió contra ellos con su espada desenvainada cuando ellos se lanzaban ciegamente contra la casa. Cayó sobre ellos y los golpeó con su espada tanto que los ahuyentó de la casa.

Ellos repitieron el ataque, y Muslim contraatacó de la misma manera. Él y Bakr ibn Humran Al-Ahmari intercambiaron golpes y Bakr hirió a Muslim en la boca, cortándole el labio superior y rasgando hacía abajo el labio inferior hasta romper dos de sus dientes. Muslim le descargó un terrible golpe en la cabeza y lo repitió, cortándole un nervio del hombro con un tajo que casi llegó hasta su estómago.

Cuando las gentes vieron eso, subieron a los tejados de sus casas y miraban a Muslim desde allí, y empezaron a arrojarle piedras y a encender cañas de madera con lumbre y a aventárselas desde los tejados dé las casas. Cuando él vio eso, salió contra ellos a la calle con su espada en mano.

– Te doy mi garantía de seguridad -dijo Muhammad ibn Al-Ash’ath- no te mates.

Pero él continuaba peleando contra ellos diciendo:

– Juro por Allah que solo seré matado como hombre libre, aunque vea a la muerte como algo horrible, o aunque ella haga al frío parecer amargo calor y para siempre desvíe los rayos del sol. Todo hombre un mal algún día hallará, y me temo que yo seré engañado y burlado.

– Tú no serás engañado, burlado ni traicionado. -replicó Ibn Al-Ash’ath- Estas gentes, los Omeyas, son tus primos y ellos no pelearán contra ti ni te atacarán

Él (Muslim) había sido herido por las piedras y estaba fatigado por la pelea. Estaba sin aliento y reposaba su espada contra la pared de esa casa. Ibn Al-Ash’ath le repitió la oferta de seguridad.

– ¿Me garantizas seguridad? -preguntó Muslim-

– Sí -contestó y les dijo a las gentes que estaban con él- Él tiene mi garantía de seguridad.

– Sí -contestó la gente excepto ‘Amr ibn ‘Ubaydullah ibn Al- Abbas As-Sulami-

– Yo no tengo ni camello ni camella en esto -dijo él y se hizo a un lado-

– Si tú no me garantizas seguridad -declaró Muslim- yo no pondré mi mano sobre la tuya.

Trajeron una mula y Muslim fue puesto sobre ella. Ellos se reunieron a su alrededor y le quitaron su espada. (Muslim) estaba entonces desesperado por su vida y sus ojos se llenaron de lágrimas.

– Esta es la primera traición -dijo-

– Espero que no te pase nada malo -dijo Muhammad Al- Ash’ath-.

– ¿Es sólo una esperanza? -replicó (Muslim) mientras lloraba- ¿dónde está entonces tu garantía de seguridad? Ciertamente pertenecemos a Allah y hacia Él regresamos.

– El que ha buscado la vida que tú has buscado no debería llorar cuando le sucede lo que te ha sucedido -le dijo burlonamente ‘Amr ibn ‘Ubaydullah ibn Al-‘Abbas-

– Yo no lloraría por mí -contestó él- ni siquiera lamentaría mi propia muerte, aun cuando no tengo el menor deseo de ser destruido. Pero estoy llorando por mi familia, los cuales vienen detrás de mí. Lloro por Al-Husáin y la Familia de Al-Husáin (P).

Entonces se acercó a Muhammad ibn Al-Ash’ath y dijo:

– ¡Oh siervo de Allah! Por Allah, veo que tú no eres capaz de concederme una garantía de seguridad. Sin embargo, ¿tendrías la bondad de enviar a uno de tus hombres con mi mensaje para que este llegue a Al-Husáin? Porque no tengo duda de que él ya está en camino hacia vosotros, o está por salir con su Familia. Este mensajero podría decirle:

“Ibn ‘Aqil me envió a verte. Él está prisionero en manos de las gentes y no espera ver la noche antes de ser matado; y dice: ‘¡Que mi padre y mi madre sean tus rehenes! Regresa con tu Familia y no dejes que los habitantes de Kufa te tienten, ya que ellos fueron los seguidores de tu padre y él quiso dejarlos aun cuando fuera a través de la muerte y ser asesinado. Los habitantes de Kufa te mintieron. Un mentiroso no tiene razonamiento’ ”.

– Por Allah, haré eso -replicó Ibn Al-Ash’ath- e informaré a Ibn Ziyad que te he dado una garantía de seguridad.

Ibn Al-Ash’ath fue con Ibn ‘Aqil a la puerta del palacio y pidió permiso para entrar. Le fue concedido el permiso y entró a ver a Ibn Ziyad. Él le hizo un reporte de Ibn ‘Aqil y del golpe de Bakr contra él, y acerca de su propia garantía de seguridad que le dio.

– ¿Qué es esto acerca de una garantía de seguridad dada por ti, -demandó ‘Ubaydullah- como si te hubiéramos enviado a garantizarle seguridad siendo que sólo te enviamos a traerlo?

Ibn Al-Ash’ath se quedó callado.

Mientras Ibn ‘Aqil permanecía a la puerta del palacio su sed se volvió severa. A la puerta del palacio había gentes sentadas esperando el permiso para entrar. Entre ellos estaba ‘Umara ibn ‘Uqba ibn Abu Mu’ayt, ‘Amr ibn Hurayth, Muslim ibn ‘Amr y Kath’ir ibn Shihab. Había una jarra de agua fría en el umbral.

– Mira qué fría está -dijo Muslim ibn ‘Amr- pero, por Allah, tú no probarás ni una gota de ella hasta que pruebes el fuego del Infierno.

– Que la vergüenza caiga sobre ti, quienquiera que seas – gritó Ibn ‘Aqil-.

– Yo soy el que reconoció la verdad cuando tú la negaste; el que fue sincero a su Imam (refiriéndose a Yazid, a quien Allah maldiga) cuando tú lo engañaste; el que le fue obediente cuando tú te opusiste a él. Yo soy Muslim ibn ‘Amr Al-Bahili.

– Tu madre se ha enlutado por un hijo. -replicó Ibn ‘Aqil-

¡Qué grosero eres, qué rudo y qué duro es tu corazón! Hombre de Bahila, ¡tú eres más apropiado para el calor del fuego del Infierno y para permanecer allí eternamente que yo!

Él se sentó, recargándose contra una pared. ‘Amr ibn Al-Hurayth envió a uno de sus sirvientes a que trajera una jarra con una servilleta y un vaso. Escanció agua en el vaso y le dijo a Muslim que bebiera. Pero cada vez que él iba a beber, ‘Amr llenaba el vaso con sangre para que no pudiera beber. Hizo eso una vez, y luego dos más. Cuando Muslim intentó beber la tercera vez, un diente suyo cayó dentro del vaso.

– ¡Alabado sea Allah! -dijo él- si hubiera sido una provisión concedida por Allah para mí podría haberla bebido.

El mensajero de Ibn Ziyad salió y le ordenó que entrara a verlo. Muslim entró pero no lo saludó como gobernador.

– ¿No saludas al gobernador? -demandó el guardia-.

– Si él quiere mi muerte, ¿qué caso tiene que yo lo salude con palabras de paz? -contestó Muslim- Y si él no quiere mi muerte, mi saludo de paz le será superfluo.

– ¡Por mi vida, serás matado! -declaró Ibn Ziyad-.

– Así sea -contestó él-.

– Ciertamente lo será -le dijo Ibn Ziyad-.

– Entonces déjame dictar mi testamento a uno de los hombres de mi misma tribu -dijo Muslim-.

– Hazlo -le contestó-.

Muslim miró a los que estaban sentados con ‘Ubaydullah. Entre ellos estaba ‘Umar ibn Sa’d ibn Abu Waqqas. Él le dijo:

– Umar, hay parentesco entre tú y yo y te necesito para que cumplas algo. Pero es un secreto.

– ‘Umar se negó a escucharlo.

– ¿Por qué te niegas a considerar la necesidad de tu primo? -preguntó ‘Ubaydullah- Así que ‘Umar se levantó con él y se sentó donde ibn Ziyad pudiera mirarlos a ambos.

– Tengo una deuda en Kufa -dijo Muslim- pedí prestados 700 dirremes cuando vine a Kufa. Vende mi espada y paga la deuda por mí. Cuando yo haya sido matado, pide a Ibn Ziyad que te dé mi cadáver y sepúltame. Envía a Al-Husáin (P) alguien para que lo haga regresarse. Porque yo le escribí diciéndole que las gentes estaban con él y ahora sólo puedo pensar que está en camino.

– ¿Sabes qué me dijo, gobernador? -le dijo ‘Umar a ibn Ziyad- Él mencionó estas cosas.

– El fiel no te traicionará -dijo Ibn Ziyad a Muslim- pero se confió en el traidor. En cuanto a lo que tienes, es tuyo, y no te impediremos hacer lo que quieres. En cuanto al cuerpo cuando te hayamos matado, no nos importa lo que se haga con él. En cuanto a Al-Husáin, si él no intenta dañarnos, nosotros no intentaremos hacerle daño.

Continuó Ibn Ziyad:

– Ibn ‘Aqil, tú viniste cuando estaban todos unidos y tú los dispersaste y dividiste sus opiniones de manera que se atacaron unos a otros.

– No -replicó Ibn ‘Aqil- yo no vine para eso sino porque las gentes del pueblo declararon que tu padre había matado a sus mejores hombres, derramó la sangre de ellos y nombró gobernadores entre ellos como los gobernadores de Ciro y César. Nosotros vinimos a imponer la justicia y a hacer que se juzgara por medio del Libro.

– ¿Qué tienes tú que ver con eso, gran pecador? -gritó Ibn Ziyad- ¿Por qué no hiciste eso entre las gentes cuando estabas bebiendo vino en Medina?

– ¡Yo!, ¿bebiendo vino? ¡Por Allah!, Allah sabe que tú no estás diciendo la verdad y que has hablado sin conocimiento alguno, ya que yo no soy como tú has dicho.

Eres tú el que puede ser descrito más correctamente como bebedor de vino y no yo; tú, que lames la sangre de los musulmanes y matas la vida que Allah ha hecho sagrada, y que derramas la sangre sagrada por causa de la usurpación, la enemistad y la mala opinión, mientras él (Yazid) se regocija y divierte como si nada hubiese hecho.

– ¡Tú, gran pecador! -gritó Ibn Ziyad- tu propia alma te hizo desear lo que Allah te impidió tener (o sea, la autoridad), ya que Allah no te consideró digno de ello.

– ¿Quién es digno de ello si nosotros (los miembros de Ahlul Bayt) no lo somos? -preguntó Muslim-.

– El Emir al muminin, Yazid -respondió Ibn Ziyad-

– ¡Alabado sea Allah! -gritó Muslim- nosotros aceptaremos el Juicio de Allah entre nosotros y tú en toda circunstancia.

– ¡Que Allah me mate si yo no te mato en tal manera como nadie en el Islam ha sido matado antes! -replicó Ibn Ziyad-.

– Tú eres la persona más adecuada para cometer crímenes de innovación en el Islam que no habían sido cometidos antes -respondió Muslim- porque tú nunca abandonarás a ningún otro el malvado asesinato, el castigo impío, las prácticas vergonzosas y la dominación ambiciosa.

Ibn Ziyad empezó a maldecirlo, y a maldecir a Al-Husáin (P), a ‘Alí (P) y a ‘Aqil, y mientras Muslim no le dijo nada.

– ¡Llevadlo a lo más alto del palacio! -ordenó Ibn Ziyad- y cortadle la cabeza, arrojadla al suelo y haced que su cuerpo la siga.

– ¡Por Allah! -dijo Muslim- si hubiera algún parentesco verdadero entre tú y yo, tú no me matarías.

– ¿Dónde está el hombre cuya cabeza golpeó Ibn ‘Aqil con su espada? -preguntó Ibn Ziyad-

Entonces Bakr ibn Humran Al-Ahmari fue mandado llamar y él le dijo:

– Sube y serás tú el que le corte la cabeza. Subió con él. Muslim dijo:

– ¡Allah es Grande!

Solicitó la protección de Allah e invocó bendiciones para el Profeta (B.P.), diciendo:

– ¡Oh Allah!, juzga entre nosotros y las gentes que nos sedujeron, nos mintieron y nos abandonaron.

Lo llevaron a una parte que quedaba encima del lugar donde los zapateros están ahora. Su cabeza fue cortada y arrojada desde arriba y su cuerpo fue arrojado después de la cabeza.

Muhammad ibn Al-Ash’ath se acercó entonces a Ibn Ziyad y le recordó acerca de Hani’ ibn ‘Urwa. Él dijo:

– Tú conoces la posición de Hani’ en el pueblo y la de su familia en el clan. Sus gentes saben que yo y mis colegas te lo trajimos. Te ruego ante Allah que me lo entregues ya que yo no quisiera enfrentarme a la enemistad del pueblo y de su familia.

Él prometió hacer eso pero entonces algo se le ocurrió después y ordenó que Hani’ fuera llevado inmediatamente al mercado y que allí le cortaran la cabeza.

Hani’ fue llevado encadenado hasta llegar a un lugar donde se vendían las ovejas. Empezó a gritar:

– ¡Oh Madhiy! ¿No hay nadie de Madhiy hoy para mí? ¡Oh Madhiy! ¿Dónde está Madhiy?

Cuando él se dio cuenta de que nadie iba a ayudarlo, forcejeó con su mano y se libró de la cadena, gritando:

– ¿Qué hay, palo, cuchillo, piedra o hueso, con lo que un hombre pueda defender su vida?

A esto saltaron sobre él y ataron las cadenas más apretadamente. Le dijeron que estirara el cuello, pero él respondió:

– Yo no soy tan generoso con mi vida y no os ayudaré a tomarla.

Un dependiente turco de ‘Ubaydullah llamado Rashid lo golpeó con una espada pero no le hizo nada.

– ¡Hacia Allah es el Retorno! ¡Oh Allah, hacia Tu Misericordia y Tu Paraíso! -gritó Hani-

Entonces Rashid le dio otro tajo y lo mató.

Acerca de Muslim ibn ‘Aqil y Hani’ ibn ‘Urwa, que Allah tenga misericordia de ellos, dijo Abdullah ibn Al-Zubayr Al-Asadi

“Si no sabes lo que es la muerte, mira a Hani’ en el mercado:

Mira a un héroe cuya cara de heridas se cubrió, y a otro que muerto desde lo alto cayó.

El Emir del gobernador a ambos los derribó, y ellos se volvieron leyendas para todo el que viaje por cualquier camino.

Tú ves un cadáver cuyo color la muerte cambió,

y un salpicar de sangre que abundantemente fluyó;

un joven que era más recatado que una tímida doncella,

y que era más decisivo que la hoja pulida de una espada de dos filos.

¿Va Asma’ cabalgando seguro sobre un animal que se mueve al paso mientras que Madhiy a que tome venganza lo urge y Murad vaga alrededor de él?

¿Tienen todos ellos temor del que interroga y del interrogado?

Si a vuestros dos hermanos no vengáis, entonces sed rameras que con poco se contentan”.

Cuando Muslim y Hani’, que Allah tenga piedad de ellos, fueron matados, ‘Ubaydullah ibn Ziyad envió sus cabezas con Hani’ ibn Abu Hayya Al-Wadi’i y Al-Zubayr ibn Al-Arwah At- Tardirni a Yazid ibn Mu’awiyya (que Allah lo maldiga). Le ordenó a su secretario que escribiera a Yazid acerca de lo que había sucedido a Muslim y Hani’.

El secretario, que era ‘Amr ibn Nafi’, escribió, pero él usaba muchas palabras en su estilo. Fue el primero en usar demasiadas palabras para escribir. Cuando ‘Ubaydullah vio la carta, ésta le desagradó.

– ¿Qué es esta prolijidad y este exceso? -preguntó- Escribe lo siguiente:

“Alabado sea Allah, el Cual fijó los derechos del Emir al muminin y le dio suficiente provisión contra su enemigo.

Escribo para informar al Emir al muminin que Muslim ibn ‘Aqil se refugió, en la casa de Hani’ ibn ‘Urwa Al-Muradi. Yo les puse vigías y espías, y hombres escondidos contra ellos, y los engañé hasta que los saqué. Allah me dio poder sobre ellos. Así los tuve cautivos y los hice ejecutar.

Te he enviado sus cabezas con Hani’ Ibn Abí Hayya y Az-Zubayr ibn Arwah At-Tamimi. Ellos son ambos personas atentas y te son obedientes y sinceros. Que el Emir al muminin les pregunte acerca de lo que él quiera preguntar sobre este asunto, ya que ellos tienen conocimiento y verdad. Saludos”.

Yazid ibn Mu’awiyya escribió en contestación:

“No has ido más allá de lo que yo quería. Has actuado con la acción decisiva que yo quería. Te lanzaste al ataque con la violencia del hombre que tiene control de sus emociones. Tú me has satisfecho, has sido suficiente para la tarea, y corroboraste mi opinión acerca de ti y la imagen tuya que tengo.

He mandado llamar a tus dos mensajeros y los interrogué y hablé con ellos. Encontré que la forma de pensar que tienen y sus méritos son como tú la mencionaste. Recíbelos a ambos con gentileza con mis recomendaciones.

He sido informado que Al-Husáin partió para Iraq. Así que envía vigías y espías, mantente vigilante y detén a las personas sospechosas. Mata a cualquiera que sea acusado y escríbeme acerca de cualquier cosa que ocurra, si Allah Todopoderoso quiere”.

El intento de levantamiento de Ibn ‘Aqil en Kufa fue el martes 8 de Dhul Hiyyah del año 60 H (680), Él, que Allah tenga piedad de él, fue matado el miércoles 9 de Dhul Hiyyah, el día de Arafat (14).

  • 1. Reporte de Al-Kalbi, Al-Mada’ini y otros historiadores. En realidad el relato sigue la narración de Ibn Al-Kalbi como ha sido reportado por At-Tabari, 11, 216-381. At-Tabari usa tres versiones, pero Al-Mufid sigue la versión de Ibn Al-Kalbi sólo una vez adoptando otra versión. En partes la versión de Al-Kalbi es resumida por Al-Mufid, y partes de ella son omitidas, pero en mucho Al-Mufid sigue fielmente esa versión.
  • 2. Esta explicación, sorprendentemente, no está incluida en la versión de At- Tabari, para dichas cartas Cf. Al-Baladhury, “Ansab Al-Ashraf”, II, 151-2.
  • 3. Sabu’ en At-Tabari, II, 234.
  • 4. Los dos hijos son uno en At-Tabari, II, 234.
  • 5. ‘Ubayd en At-Tabari, II, 234.
  • 6. Son 35 en At-Tabari, II, 234.
  • 7. N. del T.: refiriéndose a Yazid, a quien Allah maldiga.
  • 8. In Sa’id en At-Tabari, II, 238.
  • 9. Al-Mufid omite la narración de Ibn Al-Kalbi de la entrada de ‘Ubaydullah en Kufa como es dada por At-Tabari, II, 242, y da la de ‘Umar ibn Shabba, Cf. At- Tabari, II, 243. Esto sugiere que Al-Mufid obtuvo su versión de Ibn Al-Kalbi de At-Tabari.
  • 10. Referencia a Ibn Ziyad por el nombre de su madre.
  • 11. Rua en At-Tabari, II, 250.
  • 12. Este verso también se supone que fue recitado por ‘Alí (P) acerca de Ibn Mulyim.
  • 13. ‘Amr proporcionado por At-Tabari, II, 263.
  • 14. El día de ‘Arafat es el día cuando los peregrinos se congregan sobre el Monte ‘Arafat en la peregrinación del Hayy. El día de Tarwiya es el día anterior a. él, cuando los peregrinos beben agua del pozo de Zamzam.

Fuente: al-islam.org

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