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El campo antirracista

El campo antirracista en España, como en otros países del sur de Europa donde la inmigración es más reciente, ha estado basado en gran medida en la regularización de la inmigración. Solo recientemente ha aparecido un antirracismo homologable al de países que tienen una más larga tradición migratoria, y que ponen el foco, también, en la no discriminación de los migrantes establecidos y sus descendientes. Antirracismo debe entenderse aquí de un modo muy amplio que incluye no solo la lucha contra el racismo definida como tal (aunque luego las definiciones de racismo a su vez diverjan) sino también el trabajo en favor de la acogida e integración de migrantes o de la tolerancia.

Igual que ocurre con las nociones de racismo y de raza, existe una larga discusión sobre qué puede considerarse genuinamente antirracismo, lo que impide tratarlo como un concepto uniforme (Azarmandi, 2017: 112). De acuerdo con algunas de las definiciones que se proponen, que reclaman la preeminencia de la noción de raza como centro de la reflexión y la política antirracistas (Dei, 1999) —lo que sería coherente con la propia posición que se adopta en esta investigación sobre las ideas de raza y racismo—, el antirracismo en España, como en otros países de Europa, no existiría. Al menos hasta el reciente surgimiento del llamado antirracismo político, que ha reclamado la validez de la noción de raza. Pero en esa misma lógica, en rigor tampoco podrían considerarse antirracistas las experiencias de autoorganización y resistencia subalterna que no se hayan estructurado en torno a ese u otros conceptos teóricos. Por esa razón, aquí se hablará, como he dicho, de campo antirracista, entendido de un modo amplio, formado por aquellos movimientos que se reclaman antirracistas —desde su propia definición de racismo—, por las experiencias de autoorganización de personas migrantes o racializadas y por las organizaciones y entidades que trabajan por la interculturalidad, contra la discriminación y por la integración, normalmente de personas de origen migrante, ya que esa ha sido la principal preocupación del campo antirracista en España. De todas maneras, en esta exposición contextual me voy a referir principalmente a aquellas organizaciones e iniciativas que surgen de la izquierda o interactúan de manera significativa con ella. Gómez-Reino (2006) describía España como el peor escenario en términos de movilización antirracista y en 2012 se seguía hablando de un antirracismo débil (Fella y Ruzza, 2012; Gómez-Reino, 2012). 137 España era descrita como una sociedad bastante tolerante en relación con otros países europeos y en la que no existían discursos xenófobos abiertos similares a los que se daban en otras partes de Europa (también del sur, como Italia) ni organizaciones de extrema derecha que los explotaran. Tampoco existía en la sociedad española (blanca) la percepción de que el racismo fuera un problema social, percepción basada en una idea «clásica» de lo que es el racismo, es decir la superioridad o interioridad intrínseca de las personas por su origen étnico. No obstante, diferentes estudios estadísticos españoles y europeos fueron detectando un aumento de la xenofobia paralelo al incremento de la inmigración a partir del año 2000 (Gómez-Reino, 2006).

El inicio simbólico del antirracismo en España fue el asesinato de la inmigrante dominicana Lucrecia Pérez Matos el 13 de noviembre de 1992 en Aravaca (Madrid). Fue el primer crimen racista reconocido formalmente como tal (Ibarra, 2003: 114). Su asesinato, con munición policial, fue atribuido a la ultraderecha y se produjo tras una campaña de prensa problematizando la incipiente presencia de inmigrantes en Aravaca España es un país de bajo asociacionismo en comparación con otros Estados europeos: «El 29% de asociacionismo de los españoles es un 31% menor que la media europea (42,5%). Si lo comparamos con los países que mayores tasas asociativas tienen en el continente, la diferencia es extraordinaria (Dinamarca alcanza un 91,7% de personas asociadas, Suecia tiene el 82,8% y Países Bajos, el 79,5%)» (Fundación Foessa, 2014: 455). Antes de la crisis (2007) el asociacionismo era mayor (39,1%) pero aun así lejos de los valores superiores (ibíd.: 453).

Al día siguiente, un joven marroquí, Hassan El Yahyaoui, 138 fue golpeado por unos neonazis en Majadahonda y murió unos días después. Los asesinatos generaron una amplia movilización social, tanto por parte de los sectores del incipiente antirracismo como los del antifascismo y la izquierda radical (Ruano Blanco, 2016). El antirracismo fue capitalizado sobre todo por dos organizaciones: el Movimiento Contra la Intolerancia y SOS Racismo.

El Movimiento Contra la Intolerancia es una organización semiinstitucional, es decir, independiente pero con financiación pública y alta visibilidad mediática. 139 Surgió a raíz del asesinato de Lucrecia Pérez — por lo general es el único que se recuerda— y a partir de una campaña preexistente llamada Jóvenes contra la Intolerancia. Tanto la campaña como la organización posterior están muy ligadas a la persona de su líder, Esteban Ibarra, procedente del ámbito de las radios libres, 140 e involucrado en el antirracismo a raíz de su colaboración con la campaña del Instituto de la Juventud (INJUVE) Combate el Racismo (Ibarra, 2009). El Movimiento Contra la Intolerancia no trabaja específicamente contra el racismo, sino que lo incluye en un amplio abanico de formas de intolerancia (xenofobia, antisemitismo, ideologías totalitarias, violencia en el deporte…) que se manifiestan en la sociedad y que deben ser erradicadas. También afirma el no reconocimiento de la idea de raza: «Solo una raza, la raza humana» es la frase, atribuida a Einstein, que encabeza su página web. (141)

SOS Racismo es una red iniciada en Cataluña a finales de los años ochenta, a imagen de la organización francesa SOS Racisme y con el mismo nombre (en catalán). En 1992, se crearon asociaciones llamadas SOS Racismo en distintos lugares de España, federadas a partir de 1995 pero con importantes diferencias organizativas entre ellas. SOS Racismo es una organización de base con apoyo institucional parcial. Es una organización históricamente más ligada a la izquierda, que no ha afrontado el racismo únicamente desde la perspectiva de los prejuicios, la convivencia y la tolerancia, sino que también ha participado en campañas relacionadas con formas de racismo institucional, como la cuestión de los papeles (el acceso a la residencia legal y a los derechos de ciudadanía de los migrantes) o el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). En los últimos años, coincidiendo con la emergencia del antirracismo político de base descolonial, SOS Racismo ha experimentado un giro hacia estos planteamientos. Así, aunque hasta ahora participaba de cierta indefinición respecto a la caracterización del racismo y obviaba la idea de raza, como el antirracismo español en general (Azarmandi, 2017: 151-157), en enero de 2019 SOS Racisme Catalunya define el racismo como: Cualquier forma de exclusión, segregación, discriminación o agresión a las personas por motivo de su origen étnico o nacional, por el color de la piel, por creencias religiosas, prácticas culturales o de cualquier otro tipo. No es solo una ideología: es una práctica sistemática y rutinaria que se hace necesaria para mantener una estructura de poder basada en la hegemonía cultural occidental. Se manifiesta en las relaciones institucionales y en las relaciones cotidianas. Se produce y reproduce constantemente.

Puede manifestarse de forma explícita en el lenguaje racializante o de forma tácita. Es estructural, con raíces profundas en un pasado de esclavitud, expolio, usurpación, dominación y explotación en el contexto de la modernidad colonial. 142 (SOS Racisme, 2019).

La definición recupera y reivindica la noción de raza como eje articulador del racismo: No existe el racismo sin las razas, que son el resultado de la clasificación racializante de los seres humanos en una escala jerárquica, donde los considerados blancos ocupan la posición superior. Tras el horror del Holocausto, las razas fueron «enterradas vivas». La diferenciación de los seres humanos en «razas» se consideró científicamente incorrecta y políticamente peligrosa, y el término «raza» pasó a ser mal visto. En este proceso, términos como «cultura» o «etnia» tomaron fuerza. De forma perversa, estos términos han sustituido conceptualmente el término «raza», sin que se haya problematizado la lógica de fondo, es decir, sin que el verdadero significado y jerarquización racial hayan sido abordados ni atacados en su raíz. 143 (SOS Racisme, 2019).

Sos Racismo y el Movimiento Contra la Intolerancia, si bien han prestado atención también a los gitanos, se han focalizado más en la extranjería, en particular SOS Racismo, que fue una de las impulsoras de la campaña Papeles para todos, de la que se habla más adelante, y otras iniciativas relacionadas con los derechos de ciudadanía de las personas migrantes. A estas dos organizaciones hay que añadir, ya más directamente vinculada con la inmigración, la Red Acoge, nacida en 1991 con el objetivo de promover los derechos de las personas inmigrantes y refugiadas en España, su integración y su asociacionismo.

En la actualidad, es una federación de 18 organizaciones, basadas en el voluntariado, repartidas por todo el territorio español. (144)

El inicio de los años noventa es también en el que se desarrolla la autoorganización formal de personas migrantes, aunque algunas existieran antes de esas fechas. Las asociaciones orientadas a objetivos políticos, es decir, a reivindicaciones relacionadas con la situación política y administrativa de la inmigración y no tanto al trabajo cultural fueron generalmente las primeras en aparecer. Sus iniciadores tendían a ser personas que ya habían desempeñado liderazgos políticos en sus países de origen, en ámbitos universitarios o sindicales (Aparicio y Tornos, 2010: 100). Es el caso de la principal asociación dominicana, Voluntariado Madres Dominicanas-Voluntariado Integración Colectivos Internacionales Trabajadores (VOMADE-VINCIT), hoy ONG, que surgió a raíz del asesinato de Lucrecia Pérez poniendo un especial énfasis en la lucha contra el racismo, y en concreto en el racismo asociado a la ascendencia africana (ibíd., 94). Es también el caso de la Asociación de Emigrantes Marroquíes en España (AEME), fundada en 1986 o la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España (ATIME), fundada en 1989, a la que más tarde se coaligó la Asociación Mujeres Trabajadoras Inmigrantes Marroquíes Al Aman. Tanto ATIME como AEME fueron fundadas por activistas de la izquierda marroquí y en España manifestaron también afinidades políticas, ATIME con la órbita de la Unión General de Trabajadores (UGT) y el gobierno socialista—aunque ejerció de representante ante todos los gobiernos (Gómez, 2012: 59)—, 145 lo que la convirtió en la asociación más visible, y AEME con Comisiones Obreras (CC. OO) y los movimientos sociales. En algunos casos, como el de la inmigración senegalesa, las redes informales de solidaridad y apoyo mutuo entre inmigrantes en situación irregular mostraron a la larga una mayor capacidad de subjetivación política que la variante asociativa formal, en este caso la Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España (AISE) (Jabardo Velasco, 2011: 95). La capacidad política de los migrantes no siempre era tenida en cuenta por los actores locales: Es hora de ajustar nuestra visión del inmigrante «sin papeles» como un actor político y social más. Aunque se halle en una situación de desamparo que ciertamente genera en algunos sectores un plus de atención y de solidaridad, totalmente legítimo (y que es necesario aprovechar en su favor) el inmigrante «sin papeles» no es, por definición, alguien que no tenga opiniones formadas, ni experiencia política o sindical, ni organización propia, por mucho que padezca unas condiciones extremas de vida… En el seno de esos colectivos, que ya tienen una presencia numérica considerable, la diversidad es también algo fundamental. Esta misma diversidad es la que reúne a personas con ideas, experiencia y militancia política y sindical, ya sea en sus propios países o en el nuestro. Y esto mismo vale para buena parte del movimiento de solidaridad. Los motivos por los que bastante gente desarrolla actividades de solidaridad con inmigrantes van desde ideas políticas hasta sentimientos religiosos, y se hace muchas veces desde estructuras políticas organizadas, desde estructuras confesionales o simplemente, por libre. Es decir, el escenario político es bastante homologable al de otros escenarios en los que colectivos de trabajadores se movilizan en pro de sus reivindicaciones. (Aierbe, 2007: 247-248)

Recuerdo, no obstante, que ATIME coeditó con una editorial de extrema izquierda, VOSA, la primera novela sobre la experiencia de la inmigración marroquí en España: El diablo de Yudis, de Ahmed Daoudi (1994). VOSA son las siglas de Vanguardia Obrera, S. A., editorial del Partido Comunista de España (Marxista-Leninista), formalmente disuelto en 1992, cuando cayó la República Socialista Popular de Albania, con la que se vinculaba, y reciclado en otras estructuras y denominaciones.

Notas.

138. En la prensa de la época aparece escrito «Yahahaqui» y de otras varias maneras.

139, Sigo la clasificación que hace Mahdis Azarmandi (2017). Esta investigadora utiliza una tipología tomada de Fella y Ruzza (2012), que establecen los siguientes tipos de organizaciones antirracistas: 1) movimientos de base, generalmente afines a la izquierda radical, con escasos recursos y con foco en las prácticas de racismo institucional (como las leyes de extranjería); 2) organizaciones asistenciales (welfare organizations), que son grupos de apoyo a migrantes y/o víctimas de racismo en temas relacionados con la integración social; 3) organizaciones de migrantes, que son grupos organizados en función de comunidades de origen, con voluntad de representación ante las autoridades; 4) organizaciones semiinstitucionales, independientes pero apoyadas por la Administración, y que tienen vocación de intervenir en las políticas públicas; y 5) mediadores institucionales, que serían entidades de origen institucional para mediar entre los

grupos étnicos o de migrantes y las instituciones, y proponer políticas al respecto (Azarmandi, 2017: 65). Como la propia Azarmandi señala, los grupos en la práctica pueden tener rasgos correspondientes a distintas tipologías.

140. Emisoras de radio asociativas o comunitarias, sin ánimo de lucro.

141. Véase http://www.movimientocontralaintolerancia.com/ (consulta: 3/1/2018).

142, «Qualsevol forma d’exclusió, segregació, discriminació o agressió a les persones per motiu del seu origen ètnic o nacional, pel color de la pell, per creences religioses, pràctiques culturals o de qualsevol altra mena. No és només una ideologia: és una pràctica sistemàtica i rutinària que es fa necessària per mantenir una estructura de poder basada en l’hegemonia cultural occidental. Es manifesta en les relacions institucionals i en les relacions quotidianes. Es produeix i reprodueix constantment. Pot manifestar-se de forma explícita en el llenguatge racialitzant o de forma tàcita. És estructural, amb arrels profundes en un passat d’esclavitud, espoli, usurpació, dominació i explotació en el context de la modernitat colonial.»

143, «No existeix el racisme sense les races, que són el resultat de la classificació racialitzant dels éssers humans en una escala jeràrquica, on els considerats blancs ocupen la posició superior. Després de l’horror de l’Holocaust, les races van ser «enterrades vives». La diferenciació dels éssers humans en «races» es va considerar científicament incorrecta i políticament perillosa, i el terme «raça» va passar a ser malvist. En aquest procés, termes com «cultura» o «ètnia» van prendre força. De forma perversa, aquests termes han substituït conceptualment el terme «raça», sense que s’hagi problematitzat la lògica de fons, és a dir, sense que el vertader significat i jerarquització racial hagin estat abordats ni atacats en la seva arrel.»

144, Véase https://www.redacoge.org/ (consulta: 3/1/2018).

Extracto de la TESIS DOCTORAL “Islamofobia, racismo e izquierda: discursos y prácticas del activismo en España

Por Daniel Gil Flores

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