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La injerencia extranjera en las elecciones presidenciales turcas denunciada por el líder opositor, Kemal Kiliçdaroglu, sí existe. Pero no por parte de Rusia, como podría deducirse de sus palabras, sino por parte de Occidente. Los medios hegemónicos sostienen al unísono que la reelección del mandatario, Recep Tayyip Erdogan, significaría «una mayor deriva autoritaria» de Turquía, al tiempo que la llegada al poder de la oposición supondría un gran avance hacia la «democratización» del país otomano. Para Occidente, una Turquía ‘democrática’ es aquella que cumpla ciegamente los dictados de Washington y Bruselas, aunque sean dañinos para sus intereses nacionales. Entre los pasos que se esperan de Ankara está que rompa definitivamente con Moscú. Sin duda alguna, el tiempo que queda para la segunda vuelta de las presidenciales turcas, que se celebrará el 28 de mayo, será aprovechado al máximo por Occidente para intentar obtener el resultado deseado, donde quienes tanto pregonan la democracia y el respeto a la voluntad popular ni siquiera ocultan su intención de deshacerse de Erdogan. Mientras tanto, el Kremlin expresó su confianza en la «madurez» de la democracia turca y la fortaleza de su soberanía como para poder llevar a cabo unas elecciones «transparentes» y carentes de acciones «ilegales».

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