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Por Fatima Azahara

«No digáis de los que han muerto luchando en el camino de Allah que están muertos, porque
están vivos, aunque no os deis cuenta». Qur’an al Karim. 2:154


Blas Infante no era ningún santo. Tan solo era una persona consciente de su situación en el
tiempo y en el espacio histórico y sociológico que habitaba. Esta conciencia le aportó una
responsabilidad que le empujó a ser consecuente y otorgarse un papel de guía y referente
dentro de su sociedad.

Él, en el congreso de Ronda en 1913 ya afirmaba: “Ha llegado la hora de que el privilegio
muera. No puede persistir la terrible iniquidad que divide a los hombres en señores y esclavos
(…). Ha llegado la hora de que el hombre se emancipe del yugo del hombre
”.


La naturaleza del ser humano no contempla la humillación hacia otro ser humano. El ser
humano no permite intermediarios entre él y su entorno. Sin embargo, cuando perdemos esa
sensibilidad natural, en todo lugar y situación, hemos sido dominados y condicionados por el
terror y la despersonalización. El terror paraliza, la despersonalización incapacita. El miedo
produce un sometimiento forzado. La despersonalización logra una sometimiento interiorizado
y asumido con normalidad. Pero detrás de esta humillación solo hay intereses personales y
materiales externos.La continua búsqueda del conocimiento emprendida por Blas Infante y su interpretación histórica de Andalucía nos apunta hacia un latente complejo de inferioridad que todavía
perdura y nos impide reconocernos como pueblo. Los motivos de este trauma son ocultados de
forma metódica y mecánica desde hace siglos y siguen haciendo mella en nuestras expresiones
y la manera de establecer relaciones. El pueblo andaluz sigue encerrado en sus propias
fronteras, sin memoria, y por ello sin respeto hacia los presentes, trazando jerarquías
inhumanas.


Por otro lado, cientos de desplazados andalusíes siguen anhelando su retorno, desde tiempos inmemoriales. Y en la actualidad cientos de andaluces tienen que emigrar, porque su tierra se
ha vuelto inhabitable. Pero quienes nos quedamos, no nos encontramos y somos incapaces de
confraternizar. Seguimos con lo mismo. El exilio no es solo geográfico sino sentimental y
mental: no nos acordamos de nosotros mismos y por ello no nos importa que nos desplacen.
Este exilio nos autoexcluye de conocernos y de respetarnos.


Blas Infante, gracias a su inquebrantable voluntad y dedicación, tolerancia y determinación
puso sobre la mesa las ideas que trazaban sus acciones, pudiéndose ver un desarrollo en sus
planteamientos a lo largo del tiempo hasta llegar a su faceta más madura, en su época final,
que fue truncada de forma abrupta por aquellos dominadores que siguen estando presentes,
encubriendo nuestras aspiraciones e inoculando odio e intolerancia entre nosotros. Seguimos
aterrorizados y despersonalizados, nos encontramos en plena lucha interna.


Él, en su lucha contra el terror y la despersonalización, llego a la lucidez, superando aquel
trauma, haciéndolo extensible a su comunidad: Andalucía y la humanidad, desmarcándose por
mérito propio como un referente:
teníamos que aguardar a mejores tiempos, coincidentes con la quiebra de aquellos criterios y
normas enemigos, cuyo proceso de descrédito se desarrollaba a la vista nuestra. Y esos tiempos
han llegado. (…) vamos a poder venir a comunicar, de un modo mas completo, nuestra verdad
(…) No envejeció nuestra ideología, sino su capa, el eufemismo. La timidez natural de los
tremendamente y secularmente castigados. Nuestra renovación ideológica ha de consistir,
principalmente, en ofrecer desde ahora nuestras aspiraciones al desnudo
”. (Fundamentos de
Andalucía).


Ese tiempo llegó, y ya no existe retorno. Blas infante lo testificó con sus palabras, acciones y su
propia vida. Nos recordó un camino posible para todos nosotros. Y apuntó hacia el
reconocimiento de todos aquellos andaluces asesinados, expulsados o forzados a vivir bajo el
terror y la despersonalización. Dentro o fuera de las artificiales fronteras de la Andalucía actual.
Blas Infante representa el eslabón entre la anterior e impune conquista administrativa y militar
de nuestros pueblos, y los represaliados por el último régimen fascista y sus últimos coletazos:
imposible entender el uno sin la otra. Tanto monta.


Al margen de que partiese desde posiciones marxistas, libertarias, cristianas o islámicas; de
alguna, ninguna o de todas ellas al unísono. Pues éstas son ideologías defensoras de la justicia,
la igualdad, la libertad de los pueblos, y profundamente anticapitalistas y antifascistas.


Rescatemos y reivindiquemos a ese Blas Infante pleno, real y auténtico, al soberanista y al revolucionario: pues la naturaleza del ser humano es ser plenamente soberano; y revolucionario, ya que no permite que nadie le arrebate su naturaleza.


Fatima Azahara, en Sevilla, Al Ándalus. 1445.

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