La guerra en Siria, después de trece años, todavía no se puede decir que haya terminado. A ello se une el terremoto devastador el año pasado y hoy, el espectro del conflicto en Gaza que extiende su sombra sobre un pueblo ya extenuado: en Siria, la crisis parece no tener fin. Así lo explica el padre Bahjat, que nació y creció en Alepo, y que estudió varios años en Italia:

«En los últimos meses la violencia ha cruzado varias veces las fronteras del país y todos nos sentimos cada vez más inseguros. La gente está desalentada, no consigue ver un futuro».

El fraile franciscano no oculta su preocupación:

«Nuestra ciudad, en particular, ha sufrido una serie de golpes durísimos. Más de un año después del terremoto, hay niños que todavía no pueden dormir solos».

La comunidad internacional olvida cada vez más a Siria e incluso el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha recortado los programas de asistencia alimentaria por falta de fondos, pero las necesidades de la población, por el contrario, no hacen más que aumentar:

«Después del terremoto, hay escasez de casas y el precio del alquiler se ha duplicado – confirma-. Alquilar un apartamento cuesta más que el valor de un salario mensual promedio y, lamentablemente, muchos no pueden tener un techo sobre su cabeza».

En general, la situación económica es preocupante. Desde 2020 la libra siria ha sufrido una caída de 15 veces su valor frente al dólar, y en el último año la inflación también ha llevado a duplicar los precios de los alimentos. El Estado está ausente:

«Desde el sistema escolar hasta el sistema de salud, las instituciones no pueden garantizar su aporte: la atención médica se paga, una cirugía tiene precios astronómicos».

¿Y cómo sobrevive la gente?:

«Gracias a las remesas de los familiares que están en el exterior. En este momento prácticamente todas las familias tienen al menos un miembro que ha emigrado. Y también, por supuesto, con la ayuda de ONG e instituciones humanitarias. Estamos en primera línea en varios frentes de ayuda material, desde el suministro de comidas hasta la reconstrucción de las casas dañadas»

El sacerdote de 48 años, punto de referencia para las seiscientas familias de la parroquia de San Francisco, pero también para muchas familias musulmanas:

«Varias de nuestras iniciativas van más allá de los muros de la Iglesia y llegan a todos los sirios, sin distinción. Tenemos algunos proyectos en barrios de mayoría musulmana que habían sido ocupados por los milicianos y donde hoy imperan la miseria y la degradación. Además de la ayuda material, hacemos apoyo psicológico a niños huérfanos, abandonados o hijos de excombatientes, y también a través de actividades artísticas y deportivas. Y luego, trabajamos en la alfabetización: hay mujeres que no sabían leer y hoy asisten a la universidad. Pequeñas señales de cambio que traen un soplo de esperanza en un contexto de agotamiento y preocupación».

Para el P. Bahjat, la Iglesia es hoy «una luz en medio de las tinieblas»:

«Los cristianos somos pocos, sin embargo, junto con el trabajo pastoral ordinario y el servicio social para ayudar a los sirios a vivir con dignidad, llevamos adelante un compromiso educativo y de reconciliación que constituye una inversión importante para el futuro de la sociedad. Trabajar juntos, desde abajo, es una manera de derribar el muro de la desconfianza y reconstruir las relaciones».

Respecto a los jóvenes, indica:

«Los jóvenes están increíblemente vivos y llenos de energía. Cuando encaran nuevos proyectos siempre están dispuestos a entusiasmarse y comprometerse personalmente, aunque sus vidas sean muy complicadas. Todos, incluso aquellos que continúan sus estudios, deben buscar un trabajo, aunque sea informal, para ayudar a la familia: dan lecciones, hacen pequeños trabajos ocasionales».

Precisamente para estos jóvenes que carecen de perspectivas en un contexto en el que, entre otras cosas, se ha disparado el desempleo, los frailes franciscanos promueven microemprendimientos para aquellos que quieren iniciar una actividad económica:

«Muchos presentan su propuesta y nosotros seleccionamos las más prometedoras, ofrecemos a los creadores cursos de formación sobre cómo se construye y se lleva adelante un proyecto comercial, cuyo lanzamiento luego apoyamos».

Sin embargo, el padre Karakach, insiste con fuerza en la necesidad de que el mundo vuelva a ocuparse del futuro de Siria:

«No queremos mendigar ayuda para siempre y tenemos las herramientas para reconstruir nuestro país, pero es necesario solucionar una crisis y para eso también debe contribuir la comunidad internacional, que a veces parece no tener interés en estabilizar el país».

La primera medida concreta sería «eliminar las sanciones económicas, que no sólo aumentan la pobreza de las personas sino que crean un terreno fértil para la corrupción y la anarquía». Y, por supuesto, el alto el fuego en Gaza y la desescalada regional:

«Los sirios están exhaustos por la guerra, quisieran ya dar vuelta la página».

Fuente: (Asia news/InfoCatólica)

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