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Quizás a ese relativo desinterés por la islamofobia contribuyera el hecho de que en España no existiera un sector neofascista o posfascista de relevancia, que hubiera contribuido a capitalizar los discursos islamófobos y antinmigración en el mercado discursivo, como ocurría en otros países. Escribo en pasado porque quizás nos encontremos en un punto de inflexión al respecto.

Como ha señalado Carmen González Enríquez (2017), «España es excepcional en el panorama político europeo actual, en el que los grupos populistas de derecha, xenófobos, antieuropeos y antiglobalización obtienen relevantes triunfos electorales: a pesar de la crisis económica y de la rápida erosión de la confianza política, en España no ha habido ningún partido populista de derechas que haya obtenido más del 1% del voto en las elecciones generales de los últimos años». Y ello pese a que «el país reúne todos los elementos que suelen presentarse como causa del auge de este tipo de partidos: paro, desigualdad, pobreza, inmigración y descrédito de la clase política» (p. 3). Como ya se ha dicho, España conoció durante los años de bonanza de la burbuja inmobiliaria (1996-2007) un rápido e intenso proceso de inmigración. La bonanza económica no consiguió que la desigualdad, el desempleo y la población en riesgo de pobreza en España estuvieran por encima de la media de Europa Occidental, y esas contradicciones se agudizaron tras la crisis de 2007-2008. Entre 2007 y 2008, la brusca caída del sector inmobiliario y la crisis financiera internacional supuso la destrucción de más de tres millones de empleos en los años siguientes. Entre 2008 y 2013, la tasa de paro pasó en España del 8% al 26% (en el mismo periodo, en el conjunto de la UE pasó del 7% al 11%) y el PIB descendió un 8,9% (el 1% en el conjunto de la UE). El gasto medio de los hogares se redujo un 14,5%. Los grupos más afectados por la crisis fueron los inmigrantes y los trabajadores autóctonos varones menos cualificados, debido a su alta concentración en el sector de la construcción. En 2011, la tasa de paro era del 19% entre los ciudadanos españoles y del 32% entre los extranjeros residentes (González Enríquez, 2017: 5). En 2014, España era el país de la UE con la mayor brecha de renta entre el 10% de la población más rico y el 10% más pobre, y el 29% de la población se encontraba en riesgo de pobreza o de exclusión social, lo que suponía seis puntos más que en 2007, seis puntos por encima de la media de la EU-15 y cinco puntos por encima de la media de la EU-28 según Eurostat (2016) (ibíd.: 5). A pesar de que los inmigrantes fueron globalmente los más afectados por la crisis (debido, por ejemplo, a la carencia de las redes familiares y sociales en las que se apoyaron muchos autóctonos), la inmigración no decayó de manera brusca, como se ha explicado más arriba.

En el terreno de la política, la crisis ahondó el desprestigio de los partidos políticos, acompañada por la pérdida de confianza de un amplio sector de la ciudadanía en todo tipo de instituciones públicas, fueran nacionales, europeas o internacionales. Según los datos del Eurobarómetro Estándar n.º 84 de 2014, el 91% de los españoles no confiaba en los partidos políticos (13 puntos por encima de la media europea) y el 69% estaba descontento con el sistema democrático (21 puntos por encima de la media europea) (ibíd.: 9-10). El terreno parecía, pues, abonado para que el vacío dejado por la política fuera ocupado por una fuerza populista. La reacción de protesta más visible a la crisis fue el Movimiento 15 M, inicialmente llamado también movimiento de los Indignados, que catalizó el malestar ciudadano por la crisis económica iniciada en 2008. Fue una protesta incardinada en el movimiento global que se había iniciado con las revoluciones árabes (2010) y continuó con las movilizaciones mundiales del 15 de octubre de 2011 y sus derivaciones en distintos países (Fernández et al., 2012; Martí i Puig, 2012). La jornada de movilizaciones estatales convocada el 15 de mayo de 2011 por una plataforma de reciente aparición, Democracia Real Ya (DRY), 130 derivó en ocupaciones permanentes de plazas en las principales ciudades españolas, inspiradas por la ocupación de la plaza Tahrir en El Cairo (Colectivo Madrilonia, 2012; Antebi y Sánchez, 2012), y en un amplio movimiento ciudadano y asambleario de reivindicación de cambio social. El movimiento 15 M decayó en el verano de 2012 y acabó diluyéndose por completo en 2014, pero produjo a la larga diversas reconfiguraciones políticas, 131 como la aparición de nuevas formaciones electorales que pretendían capitalizar el descontento social y el descrédito de los partidos políticos mayoritarios: Podemos y las llamadas confluencias de este partido político con otras organizaciones.

No se dio nada similar en la derecha ni existía una formación capaz de capitalizar el descontento. Dos organizaciones políticas, Ciudadanos (C’s), fundada en 2006, y Unión, Progreso y Democracia (UPyD), fundada en 2007, habían jugado hasta entonces a presentarse como relevo de las élites políticas tradicionales, sin conseguir grandes resultados. Fue el extraordinario crecimiento de Podemos el que propició a posteriori un crecimiento igualmente rápido de C’s a nivel nacional. Como señala González Enríquez (2017), «no hay ningún grupo que esté movilizando a los votantes tradicionales de la derecha que han sufrido los efectos de la crisis, como, por ejemplo, los pequeños comerciantes que se han visto afectados por la pérdida de poder adquisitivo de los clientes y la competencia de los comerciantes inmigrantes y las grandes superficies comerciales» (p. 10), salvo pequeñas organizaciones de perfil ultraderechista clásico como Vox o movimientos sociales de corte neonazi como el Hogar Social de Madrid (y sus réplicas en otros lugares como Valencia), con sus repartos de comida solo para españoles.

Por otra parte, el nacionalismo, que es uno de los ejes sobre los que se construyen las candidaturas populistas en otros países europeos, tiene una situación particular en España.

El grado de adscripción de los ciudadanos españoles con una identidad nacional española es más bajo que la adscripción del conjunto de ciudadanos de la UE con sus respectivos Estados nación, y por otra parte los españoles han tendido a ser más europeístas que la media de los europeos (Eurobarómetro, 2015; González Enríquez, 2017: 11-15). En ello intervienen varios factores. El primero, que gran parte de los ciudadanos españoles no se reconocen afectivamente como tales o comparten esa adscripción en mayor o menor medida con otra adscripción nacional (catalana, vasca, etc.). El segundo, que durante varias décadas después de la Transición, los significantes nacionales españoles han sido identificados con el franquismo y con la derecha, lo que ha contribuido a darles una carga que dificulta una percepción neutra en la que pudieran reconocerse votantes de todo el arco político. Esta tendencia se ha revertido parcialmente con el recambio generacional y con algunos hitos de modernización y proyección internacional de España (como la entrada en la UE en 1986, los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 o la bonanza económica), pero la crisis ha causado que la valoración que los españoles hacen de su país sea hoy más baja que la valoración que se hace de España en el resto de Europa y que, al contrario, los españoles sean los europeos más proclives a mantener o aumentar el traspaso de competencias nacionales a la UE (González Enríquez, 2017: 15).

Desde la Transición, el voto ultraderechista se ha dirigido fundamentalmente a Alianza Popular (AP), después Partido Popular, una vez eliminada por los efectos del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 la exigua competencia que había supuesto el partido Fuerza Nueva. El extraordinario auge del Front national en las elecciones legislativas francesas de marzo de 1986, en las que obtuvo 35 diputados con el 9,8% de los votos (frente al 0,2% en 1981), estimuló en España los intentos de importación del discurso lepenista. Así ocurrió con el Frente Nacional de Blas Piñar, creado sobre los restos de la extinta Fuerza Nueva (1986-1993), o con Juntas Españolas (JJ. EE.) (1984-1995), que trató de desvincularse tibiamente de algunos temas clásicos del franquismo (como las conmemoraciones del 18 de julio y el 20 de noviembre) y empezó a tratar temas de actualidad como el paro o la inmigración, entonces incipiente, aunque sin éxito. El testigo fue recogido por Democracia Nacional, fundada en 1995, que fue más allá en su esfuerzo por superar los temas propios de las derechas (nación, religión y familia) e hizo del rechazo a la inmigración su tema estrella (Rodríguez Jiménez, 2012: 262). No obstante, no pudo competir con fenómenos netamente populistas como los del empresario José María Ruiz-Mateos, que había obtenido dos escaños en las elecciones europeas de 1989 o Jesús Gil, que gobernó Marbella y cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL) controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla, además de tener representación en varios ayuntamientos. En términos generales, la ultraderecha española se ha visto lastrada por su continuidad con el franquismo o su referencia a imaginarios aún más arriesgados —

como feu el caso de los neonazis Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) (1966-1992), Bases Autónomas (1983-ca. 1995) y otros—, así como por la escasa desafección al sistema político democrático recién instaurado.

El escenario cambió con la fundación de Plataforma per Catalunya (PxC) en 2002 por parte de un antiguo militante de Fuerza Nueva y excandidato de Ruiz-Mateos. PxC compitió en las elecciones municipales de 2003 con un discurso antimigratorio, homologable al de la ultraderecha europea, más posfascista que neofascista. En aquellos comicios logró cuatro alcaldías catalanas, una de ellas la de Vic (35.354 habitantes), y en los sucesivos fue aumentando su representación, hasta decaer de nuevo en 2011. Según Casals Meseguer (2017), PxC explotó un racismo social latente y en ese sentido tuvo en la política un efecto desvelador similar a los acontecimientos de Terrassa o El Ejido. Pudo plasmarlo en votos debido a que se superpuso al clivage catalanismo-españolismo, apelando a la identidad común contra la inmigración y en particular contra el islam, y debido a que abandonó todo referente franquista y se mostró vagamente catalanista.

También explotó un discurso populista que apelaba al ciudadano común contra los excesos de la clase política y contra el abandono que el que la izquierda había dejado a las clases más desfavorecidas, en un clima de desafección que propició asimismo la aparición de la plataforma Ciutadans per Catalunya, antecesora del C’s. En paralelo, aunque con un éxito menor, entró en algunas alcaldías la plataforma España 2000, fundada en 2002, que logró representación en dos municipios valencianos y en Alcalá de Henares, que es el único que mantiene a día de hoy (2018). España 2000, como PxC, hacía bandera de la lucha contra la inmigración (musulmana y latinoamericana), pero también tenía muchos elementos ultraderechistas clásicos, con lo que su éxito, aunque modesto, mostraba quizás que se había abierto de nuevo cierta demanda social hacia ese tipo de discurso.

Esto nos lleva a dos fenómenos que se han dado en paralelo a la propia elaboración de esta investigación, y que voy a comentar basándome sobre todo en las notas incidentales 132 que he ido tomado durante el trabajo de campo. Se trata de la emergencia de dos formaciones de tipo neofascista, aunque de carácter muy distinto, que han desbordado los marcos habituales de la ultraderecha: una es el Hogar Social Madrid (HSM) y la otra el partido Vox. El HSM es una experiencia de corte neonazi inspirado ideológicamente en la organización italiana Casa Pound y con una práctica similar a la de los centros sociales autogestionados, como ocurre con la propia Casa Pound. 133 Surgió en el año 2014 con la ocupación de un edificio en la calle Juan de Olías, del barrio de Tetuán, aunque existían experiencias previas en Zaragoza, Barcelona y Valencia. Tuve noticia de él a raíz de una charla-debate sobre feminismo islámico celebrada en el centro social La Enredadera el 18 de marzo de 2016 (Anexo 2, fig. 4). 134 Este está situado justo delante de la mezquita Abu Bakr, sede de la CIE, y ambos se encontraban a escasos metros de la sede del HSM, que llevaba el nombre de Ramiro Ledesma Ramos, cofundador de las JONS. Esa cercanía indeseada tanto para el centro social como para la mezquita era, a la larga, la que había dado lugar a ciertas sinergias entre el público de una y otro que se habían materializado en actividades como la que se celebraba ese día, y otras similares (Anexo 2, figs. 5 y 6), 135 según me dijeron algunos miembros del centro. El HSM es una organización neofascista, de raíz nazi, cuyas prácticas y parte de su lenguaje y estética pública son similares a los de la izquierda radical. Su origen está en el MSR, una

organización disuelta en 2018, que se definía como «nacional-revolucionaria», y algunas de cuyas campañas (en contra de la globalización capitalista, de la guerra de Iraq, del fracking, y a favor de Palestina, de la «educación y la sanidad dignas» de «defender los derechos sociales», de la «banca pública» o del europeísmo) (MSR, 2018) se alejan de la ultraderecha española clásica y se solapan con las de la izquierda radical. Salvo en lo que se refiere a su nacionalismo español y su discurso antiinmigración, que es uno de los grandes ejes del HSM. Tanto el MSR como el HSM participan de la feminización de la ultraderecha que se da en otras formaciones neo y posfascistas de Europa (Alabao, 2017; Kottig et al., 2017). El rostro público de HSM es una mujer, Melisa Ruiz.

El segundo fenómeno es el auge del partido Vox. Fundado en 2013, no tenía representación parlamentaria, aunque sí concejales en algunos ayuntamientos, hasta las elecciones andaluzas del 2 de diciembre de 2018, en las que obtuvo 12 escaños. Vox es una formación surgida del ala más conservadora del PP y en ese sentido su discurso es netamente conservador en lo social (género, derechos sexuales, religión) y liberal en lo político. En paralelo a su éxito electoral, Vox parece haber evolucionado hacia un discurso más decantado hacia las formas de la Alt Right, quizás debido al asesoramiento prestado por Steve Bannon, jefe de campaña de Trump (Martínez, 2009). Como PxC, ha hecho bandera del discurso antiinmigración y antimusulmán, pero además ha introducido todo el imaginario de la Reconquista no solo contra el islam sino contra la izquierda, de un modo similar a como lo hacía Onésimo Redondo (1939 [1933]: 58-59) cuando identificaba la expansión del marxismo con una «nueva invasión sarracena» y la «africanización de la vida». Así, el 8 de septiembre, día de la Virgen de Covadonga — solar de la batalla que dio inicio a la Reconquista ene l año 722, según el mito— Vox anunciaba el mitin que se debía tener lugar el 7 de octubre en el palacio de Vistalegre de Madrid con este lema: «De Covadonga a Vistalegre, la España Viva permanece.

¡Reconquistemos Vistalegre!». Se da la circunstancia de que Vistalegre había sido el escenario de los dos congresos de Podemos. El imaginario de la Reconquista, igual que otros viejos mitos del nacionalismo español, como el de la Hispanidad, lo está explotando también con particular insistencia Pablo Casado, secretario general del PP tras la dimisión de Mariano Rajoy. Es bastante probable que el combate a tres bandas por el liderazgo de la derecha que se abre ahora (Vox, PP y C’s) ponga en el centro el discurso sobre la inmigración, la islamofobia y los musulmanes, que hasta ahora se había explotado solo circunstancialmente.

Notas

130, Véase http://www.democraciarealya.es/ (consulta: 3/1/2018). DRY es una plataforma que se presentó como la voz de las personas comunes, de cualquier ideología, indignadas por la indefensión de la ciudadanía de a pie ante la corrupción y la situación política y económica. Esa presentación apolítica de las movilizaciones fue lo que posibilitó su carácter masivo (Colectivo Madrilonia, 2012).

131, A partir de 2011, como consecuencia de la crisis, se produjo una reconfiguración del campo político-electoral en todo el sur de Europa (Bosco y Verney, 2012).

132. Incidentales porque no es el objetivo de esta investigación profundizar en el nuevo fascismo español.

133, El nombre de esta organización procede de una casa ocupada en Roma, bautizada con el nombre del escritor fascista estadounidense Ezra Pound.

134 La ponente de la charla era Manal Kaddouri (@kadbenx).

135, Por ejemplo, el coloquio Islamofobia de género: racismo y patriarcado, celebrado el 4 de abril de 2016, a cargo de Brigitte Vasallo y Daniel Ahmed (véase el audio en Radio Almenara, 2016), o la charla La lucha contra la islamofobia desde una perspectiva antirracista, organizada por uMMA y Kale Amenge en Madrid el 10 de diciembre de 2017.

Extraqcto de TESIS DOCTORAL “Islamofobia, racismo e izquierda: discursos y prácticas del activismo en España”

Por Daniel Gil Flores

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